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La langosta, crítica

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Por Carlos Meneses

¿Es el amor la enfermedad o la cura?

“Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.”

Julio Cortázar

Amarga es la soledad del que se abandona a sí mismo. En el tiempo, nuestro tiempo y casi cualquier otro, la soledad se ha construido como una de las exclusiones menos punitivas, pero quizá más dolorosas. Novelas, películas, obras y un sinfín de expresiones culturales, han tomado esta experiencia como su fuente de inspiración, el trago agridulce, la ausencia de un anhelo que tantas veces es incognoscible, y a pesar de ello, acecha como un gran terror, uno de esos que alcanzan un poco para cada día. Morir solo, vivir solo, amar solo, sólo la idea, la idea de amar, amar la idea, la idea de amar y ser amado, ser amado y superar el tiempo, la distancia, la soledad, incluso la muerte.

En un futuro cercano, las personas solteras son obligadas por las leyes de la ciudad a internarse en un lujoso y confortable hotel, cuyo propósito final es incentivarlos a conseguir una pareja en un plazo no mayor a 45 días. De no conseguir su objetivo, el inquilino será convertido en el animal de su elección, y después enviado al bosque que rodea las instalaciones del lugar. David (Colin Farrell) es ingresado a este centro, donde tendrá que cuestionarse el sentido de conseguir una pareja, además de las prácticas impulsadas en el hotel. El plazo es corto y la resolución se acerca. ¿Podrá David encajar y conseguir una pareja o terminará transformado en una langosta?

A partir de una farsa sintetizada en un ritmo, a veces convulso, a veces apacible; Yorgos Lanthimos nos presenta La langosta, un drama distópico que viste las galas de una muy elegante comedia negra. A partir del tono señalado y el empleo de una fábula desbordante, nos situamos en el escenario de una realidad muy semejante a la de cualquier civilización primermundista de nuestro mundo, mas con una serie de gestos que la configuran hacia un terreno propio de lo fantástico, en la que el cuestionamiento de conceptos trascendentales como amor o libertad, perfilan un mundo  irreverente en muchas ocasiones, conmovedor en tantas otras, que nos permite  experimentar un cúmulo de situaciones que van desde lo perverso, hasta una ternura incuestionable.

Dentro de los rituales que Lanthimos describe dentro de la cinta, subyace un cuestionamiento a las visiones totalitarias que pretenden instaurar un “deber ser”, con el propósito de homogeneizar al sujeto (incluso su vestimenta), y normalizar su conducta. En el argumento de la cinta, el amor es la práctica en cuestión, y la soledad una plaga que debe erradicarse, tanto en lo real, como ideológicamente. A partir de restricciones y la pretensión de moldear la identidad del sujeto a partir de la compatibilidad con la pareja, apreciamos como el mundo se configura a partir de un complejo juego de poder, en el que la “libertad” no es sino una nueva forma de represión. Finalmente, el término sujeto luce no sólo como razón de un sustantivo, sino también de condición frente al mundo. Y a ti, ¿qué te sujeta?

El discurso de toda la cinta describe extraordinariamente un condicionamiento social que hace de la soledad algo despreciable, proceso que el personaje de David representa dentro de su estancia en el hotel, donde los aspectos cotidianos, tienden a la promesa del amor, sin embargo, su reflexión y práctica, conlleva siempre falsedad de por medio. Por la mitad, la cinta rompe, completando su forma en un reflejo, en el que pareciera que la película desarrolla la contraparte de su propia premisa, exponiendo la imposibilidad del amor en un mundo cimentado en la idea del crimen y el castigo. Ya en su conjunto, desarrolla una postura crítica frente al curso de las relaciones modernas y los rituales en los que se instaura su dinámica, donde la caza representa una muy acertada metáfora de la persecución que padecen los que profesan una ideología diferente.

Sin embargo, la riqueza de La langosta no se sitúa exclusivamente en su contenido, por el contrario, su esencia luce a partir de un exquisito manejo de la forma. El manejo de la música es sensacional, perturba a la vez que describe el tono de la acción, acompañando la escena de forma orgánica. Su fotografía además de la locación que enmarca la historia, construyen encuadres fabulosos, que componen momentos que podrían describirse fácilmente como poemas audiovisuales, que desarrollan la historia a partir del uso de la voz off como un personaje, verdadero protagonista de la historia.

La langosta es una cinta inteligente y de una creatividad desbordada, que nos seduce a partir de un discurso punzante, que nos invita a reflexionar sobre aspectos esenciales de la condición humana y nuestra forma de concebir nuestra relación con el otro. El principio del amor nos expone a la idea de la soledad. El riesgo de amar en tiempos de intolerancia, plantea una postura desoladora de la que obtenemos muy pocas respuestas a cambio de una gran cantidad de preguntas. Corte. La ficción termina y la cuestión persiste, Ante la soledad, ¿es el amor la enfermedad o la cura?

El cine no te crea ni te destruye, ¡te transforma!

The Lobster, Grecia, 2015. Dirección: Yorgos Lanthimos. Guión: Efthymis Filippou y Yorgos Lanthimos. Fotografía: Thimios Bakatakis. Actúan: Colin Farrell, Rachel Weisz, Jessica Barden, Olivia Colman, Ashley Jensen, Ariane Labed, Angeliki Papoulia, John C. Reilly y Léa Seydoux. Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2015. Duración: 118 min.

Seguir a @Carlos_Men27

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