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Marguerite, crítica

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Por Ernesto Rizo

Mentir por amor al arte

Florence Foster Jenkins fue una cantante norteamericana que vivió en la primera mitad del siglo pasado. Siendo una soprano, pero poseyendo muy poca habilidad vocal, desarrolló una serie de presentaciones (la mayor parte en un íntimo círculo) con mucha pasión pero poco talento. A pesar de que varias veces sufrió de las burlas de su público, nunca dejó de hacer lo que más le gustaba: la música.

El director y también escritor de Marguerite (Xavier Giannoli) realiza una versión libre de la historia de Foster Jenkins y coloca su historia en la Francia de los años veinte. Una madame muy adinerada que ofrece conciertos para la caridad dentro de su mansión entre un séquito de hipócritas que no se atreven a decirle la verdad sobre su nada agraciada voz, incluido su marido (André Marcon), se muestra, sin embargo, muy entusiasmada al hacer lo que más le gusta en la vida e incluso planea dar un gran concierto para un público mayor, lo que por supuesto va tejiendo un desastre que arrastra a los personajes que rodean a Marguerite Dumont, interpretada con excelencia por la principal Catherine Frot.

Giannoli plasma mediante un ágil guión una comedia ácida que transita por las aristas típicas del género pero se aleja a la menor provocación, lo que le quita obviedad y torpeza e incluso la hace ver como una comedia inteligente que, además destaca por la perspectiva seca con que toma a los personajes y no moralina, lo que hubiera vuelto la cinta ciertamente chocante.

Mediante los matices que pone en los personajes (el más interesante es quizás el crítico musical Lucien Beaumont, interpretado por Sylvain Dieuaide) se nos permite visualizarlos cada vez más humanos, puesto que en un principio se muestran como seres frívolos que mantienen la mentira por conveniencia personal pero que en el transcurso de la cinta comienzan a mostrarse como seres que se conmueven y se inspiran por la activa personalidad de Marguerite que trabaja incansable por su amor de la vida: la música. Inspirada ella en su otro gran amor, su marido. Marguerite es así, además de la figura con cierto aspecto de personaje de la realeza, con esos matices de ingenuidad pomposa propia de las clases altas, una mujer fuerte que transforma a quienes la rodean, cataliza sus emociones y rompe sus límites.

Lo anterior, empero, no quita que en la ácida comedia que dibuja Giannoli se muestre el patetismo de una mujer que vive engañada por todos pero sobre todo auto engañada. Como buenos mentirosos, todos gesticulan ante la dama mostrando excelentes dotes de actores (dentro de la ficción), que sobrepasan paradójicamente las capacidades de Marguerite para el canto.

El ritmo del guión se ve muy bien catalizado por una música que acompaña las acciones, construida por Ronan Maillard, y que es un buen repaso por las delicias de la tradición barroca y algunas muestras de la música tradicional francesa.

La plasticidad de la fotografía, que se compone caprichosa pero armónicamente de tonos dorados en contraste con oscuros, dibujando muy agradables claroscuros, otorga sobriedad visual a la cinta a la vez que un contraste muy interesante con las acciones absurdas.

Luego, la recreación de la época se logra de muy buena manera gracias a los departamentos de producción dedicados al arte, al vestuario, a la escenografía, etc., de esta cinta. Aportan una conjunción de elementos que conviven en armonía, lo que constituye el gran logro de la cinta: ser una obra amalgamada.

El reparto está muy bien llevado, puesto que cada personaje es una interesante personalidad que se debate entre la culpa y la ¿solidaridad?, ¿lástima?, que sienten por Marguerite, o la más pura, como dije, inspiración.

La carga más interesante de la cinta está en las reflexiones que permite desarrollar sobre los temas que rodean la historia: la creación artística, la persistencia en hacer lo que uno ama, los estándares de belleza… ¿Quién y por qué ha definido lo que es bello y hasta dónde el arte puede permitirse sobrepasar los límites impuestos para dar cabida a todo tipo de expresiones artísticas, es decir, humanas?

Todo transita bien en Marguerite, aunque condensar algunas secuencias, situaciones, hubiese dado una propuesta más certera. Hacia el final, la resolución de los conflictos no se realiza de la mejor manera, pero, el camino ha sido llevadero y se agradece una película que intenta, que propone.

¡Viva el cine!

Marguerite, Francia, 2015. Dirección: Xavier Giannoli. Guión: Xavier Giannoli. Reparto: Catherine Frot, André Marcon, Michel Fau, Denis Mpunga, Christa Théret, Sylvain Dieuaide y otros. Fotografía: Glynn Speeckaert. Duración: 129 min.

 

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