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Miedo profundo, crítica

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Por Carlos Meneses

La cara salvaje del hombre moderno

La playa luce tranquila, aun y cuando las olas rompen con una fuerza incontrolable. Un mar en calma, completamente engañoso, susurra una invitación a sus visitantes para sumergirse en sus aguas. Ingenuos del peligro, aceptan surcar las olas y disfrutar del paradisíaco encanto de la aventura. Pronto, lo que se dibuja como un lugar de ensueño, prácticamente inaccesible, se torna en el escenario de una pesadilla acuática, en la que el cazador y la presa, mantienen un duelo a muerte. La razón confronta un impulso salvaje que, calculador, acecha, sediento del elixir prohibido que tiñe las aguas de un tono escarlata. Intelecto contra instinto es la batalla. ¿Quién será el vencedor?

Nancy (Blake Lively) se embarca en un viaje que le permita reencontrase y superar la muerte de su madre. Su aventura la conduce hasta Brasil, persiguiendo una playa de ensueño que su madre visitara durante su juventud. El clima es ideal, la playa de una belleza inigualable, y las olas, perfectas para surfear: una de las actividades favoritas de Nancy. Tras una serie de circunstancias desafortunadas Nancy termina atrapada en un pequeño islote a sólo unos cien metros de la costa, desafortunadamente para ella, no está sola, pues un enorme tiburón blanco se interpone entre ella y la orilla.

Retomando una de las figuras que inauguró la idea del blockbuster veraniego, una insaciable criatura marina que Spielberg nos presentaba en el año de 1975 con la inolvidable Tiburón, Jaume Collet-Serra, nos presenta en su séptimo largometraje, Miedo profundo, una historia de supervivencia que, si de algo carece, es de un entramado complejo, por el contrario, resulta en una historia directa, con un elenco muy reducido, motivada por una sucesión de eventos escalofriantes. En su conjunto, desarrolla un thriller entretenido, que sabe captar al espectador a través de un muy adecuado manejo del suspenso, con un montaje en el que predomina el movimiento y la acción, semejante a la inquietante belleza de un mar descontrolado y violento.

Miedo profundo, no es la excitante película que Spielberg revelara al mundo hace 31 años, y es que no busca serlo, pues mientras el clásico hace del tiburón su protagonista, la cinta de Collet-Serra se centra en una chica norteamericana que busca redención y, en el proceso, es llevada a una circunstancia límite. Así, arrastrados por una fatal causalidad, nos acercamos a la protagonista de la historia, descifrando una amplia gama de emociones, motivadas por la intersección de momentos pasados y presentes, en un retrato intimista que destaca gracias a la excelente actuación de Blake Lively. Gran mérito para la actriz norteamericana, que logra cargar con el peso dramático de la película, enfrentando situaciones extremas durante el rodaje, con largas jornadas de grabación sobre una roca en medio del mar.

Destaca una excepcional fotografía a cargo de Flavio Martínez Labiano, que retrata tanto grandes planos generales, expresivos de la desolación del lugar y la fatídica cercanía de nuestra protagonista respecto a la playa; como planos cortos, cuya escala comunica el estado emocional de Nancy, en un proceso de desgaste, tanto físico, como psicológico. A la experiencia visual, se suma un efectivo diseño sonoro, expresivo de la trepidante energía del mar, punzante en tanto elemento dramático, reforzando la idea de amenaza constante. A partir de la construcción sonora, es posible situarnos en la posición de Nancy y experimentar el aislamiento y frustración que se apodera de la protagonista.

Miedo profundo es una cinta que puede describirse a partir de su eficacia, pues en su propósito de mantener cautivo al espectador y conseguir entretenerlo, cumple puntualmente. No resulta una película inolvidable, por el contrario, vive para el momento, a partir de una historia, por momentos sobre-dramatizada, que encuentra sus puntos más altos en la acción y no en la reflexión, pues a la cinta no hay mucho que pensarle, por el contrario, invita a la experiencia de sobresaltos constantes, propios de una confrontación que escapa fácilmente de nuestra imaginación, cayendo por momentos en lo terreno de lo inverosímil.

A pesar de lo incoherente de algunas de las situaciones planteadas en la cinta, como la incomparable inteligencia del tiburón que acecha en todo momento, vale la pena dejarse llevar, pues la película cumple en cuanto uno deja de cuestionarse y acepta que dentro la maravillosa máquina de sueños que es el cine, también pueden existen pesadillas brutales, en las que un individuo enfrenta lo inhóspito en las entrañas de lo salvaje. El hombre, representado, en una decisión muy adecuada, por el género femenino, se enfrenta a la naturaleza, desprovisto de cualquier tecnología o comodidad, probándose a sí mismo que es más que las facilidades de la vida moderna, develando la cara más salvaje del hombre moderno.

El cine no te crea  ni te destruye, ¡te transforma! 

The Shallows, Estados Unidos, 2016. Dirección: Jaume Collet-Serra. Guión: Anthony Jaswinski. Fotografía: Flavio Martínez Labiano. Música: Marco Beltrami. Actúan: Blake Lively, Óscar Jaenada, Brett Cullen, Sedona Legge, Janelle Bailey y Chelsea Moody. Duración: 87 min.

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