Cinevive Colaboran Crítica En corto Ernesto Rizo

Ramona, crítica

RamonaCinevive

Por Ernesto Rizo

Querer morir, para vivir

Ramona (Columba Domínguez) es una vieja que, en un día cualquiera, mientras come con su familia: su hijo (Gerardo Taracena), su nuera (Ángeles Cruz) y su nieto, expresa que quiere morir. La respuesta del hijo es que les dé tiempo para poder juntar dinero para “la caja” (el ataúd). Contrario a la lógica elemental de la idiosincrasia, en su aspecto superficial, que nos lleva a renegar de la muerte, en la vana pretensión de desear que nuestros seres queridos estén por siempre con nosotros, el comportamiento de la familia de Ramona y los vecinos del pueblo, cualquier lugar de la provincia mexicana, se torna hacia el absurdo deseo de que la mujer parta lo más pronto posible de este plano para llevar mensajes a los seres queridos que han fallecido.

Se pone, pues, en lenguaje cinematográfico esa idea (que no puede expresarse porque la moral la calificaría de “maldad”) consistente en desear la muerte de las personas mayores cuando la conveniencia así lo dicta. Idea que, entre mexicanos, superficialmente se sanciona, pero que sin duda se lleva a la práctica con frecuencia. A nivel micro: en familias que ambiciosamente buscan beneficios mediante la herencia, o para aligerar la “carga” que suponen los cuidados de una persona mayor, y a nivel macro: con un gobierno con una lamentable planeación estructural para ese sector social minoritario que ha llegado a la tercera edad.

Ramona es un destacable trabajo de Giovanna Zacarías de 2014 que en menos de trece minutos presenta una historia que se redondea de manera fantástica, en dos sentidos, uno referente a la genialidad, y el otro, al género mismo de la narrativa: lo fantástico como vehículo para contar historias que se potencializan al entrar a dicho terreno.

Es un trabajo genial en la construcción armónica de los elementos que lo componen, entre los que quiero destacar una fotografía con una plasticidad estimulante. Plasticidad que encaja a la perfección con el tono fantástico que, defiendo, toma el cortometraje. Tono que me parece dado por el comportamiento que toman aquellas personas que rodean a Ramona, el cual escapa de la lógica dramática que se podría presentar, superficialmente, en una situación como la que detona las acciones. Parece colarse en la narrativa de Ramona una especie de realismo mágico que, apoyado por la plasticidad de la fotografía mencionada, se potencializa.

Un muy eficiente guión soporta este cortometraje, resultado de la adaptación de un cuento de Ana Diaz Sesma, realizada por la propia autora y la directora.

La interpretación que realiza la actriz Columba Domínguez es sensacional, pues logra reflejar en escasos minutos el sentimiento de desencanto por la vida, no exclusivo pero común, en las personas de edad avanzada, y tras un ligero malabar histriónico pone ante nuestros ojos la evolución de un personaje lleno de magnetismo.

La reflexión final es a todas luces un mensaje con carga positiva sobre el sentido de la vida y el llenar el tiempo con actividades: premisa básica del vivir. Hacer para vivir. Hacer para no desear morir.

Ramona es un delicioso cortometraje que se lleva las palmas.

¡Viva el cine!

Pasen a ver el cortometraje gratis en FilminLatino, acá.

Ramona, México, 2014. Dirección: Giovanna Zacarías. Guión: Giovanna Zacarías y Ana Diaz Sesma. Actuación: Columba Domínguez, Gerardo Taracena, Ángeles Cruz, Mónica del Carmen, Mayahuel del Monte, Gustavo Terrazas. Duración: 15 min.

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