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Annie Hall, crítica

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Por Carlos Meneses

De la comedia en el amor o el amor por la comedia

En la historia del cine pocos cineastas gozan de una carrera tan prolífica como la de Woody Allen. A través de los años, el estrafalario y petiso director norteamericano, ha consolidado una vasta filmografía que deja presente, a través de la lente, su particular forma de ver un mundo lleno de neurosis y falta, en el que todos tenemos un lugar reservado. Grandes obras integran su carrera, desde formidables dramas como Blue Jasmin (2013), Matchpoint (2005) o Interiors (1978), pasando por el falso documental con Zelig (1983), incurriendo en el musical con Everyone Says I Love You (1996), hasta historias fantásticas como The Purple Rose of Cairo (1985). Sin embargo, dentro de tan amplio muestrario de ingenio y versatilidad, destaca una cinta fresca y llena de encanto que pone en escena la figura de un hombre disfuncional, preocupado por la infinita expansión del universo y, sobre todo, el amor que despierta en él una una mujer libre e independiente llamada Annie Hall.

Alvy Singer (Woody Allen), un hombre entrado en los cuarenta años, que trabaja como humorista en clubes nocturnos y shows televisivos, se encuentra desconcertado tras su ruptura con Annie Hall (Diane Keaton), su pareja más reciente. Ensimismado, Alvy reflexiona sobre su vida, reconstruyendo el rumbo de sus relaciones pasadas y en especial su relación con Annie. ¿El amor es complejo en sí mismo, o es la dificultad implícita en el acto de amar lo que destruye todas sus relaciones? Pasado y presente comulgan frente a nuestros ojos, mientras Alvy busca respuesta a una de la preguntas más complejas que ha enfrentado en su vida, ¿cómo es que termina el amor?

Desmembrando la complejidad de la vida en pareja como premisa central de la narración, Allen presenta una película redonda que expone de un modo directo la figura decadente del matrimonio, enfrentada al anhelo de libertad e independencia, que se continúa hasta nuestro tiempo, generando una radiografía del hombre y su concepción de un amor siempre confrontado y pasajero. De dicha reflexión, surge la posibilidad de unir, como en un collage, la variedad de momentos que forman parte de una relación de pareja, todos desarrollados desde la ironía, en pequeños sketches que se suceden con un ritmo sensacional, priorizando las conversaciones de sobremesa, las charlas de pareja antes de dormir y las caminatas de atardecer por las calles de la gran ciudad, aprovechando el gen fotográfico de un lugar que es protagonista en su filmografía: Manhattan.

En Annie Hall, la comedia encuentra una y mil formas de sostenerse, haciendo de la cinta una observación ácida y divertida. No existe solemnidad en el relato, por el contrario, hay exageración y un mecanismo de reflexión constante, favorecido por los distintos recursos discursivos que Allen se permite emplear, como el desafío a la cuarta pared, la utilización de textos alusivos al pensamiento de los personajes, el monólogo de Alvy representado en el uso de la voz off, o la ruptura de la realidad fílmica, magníficamente conceptualizada en la incursión de Marshall McLuhan, que hacen de la puesta en escena, una experiencia estimulante.

Todo ello, acompañado de un narración carismática y ágil, demuestra el descomunal talento de Allen en la creación de líneas memorables, que hacen del humor expresado en sus cintas, una excitante combinación de comentarios políticos, referencias al judaísmo, la cultura popular, y la innegable influencia de la teoría psicoanalítica y el concepto de represión en la sexualidad, como parte de un entramado cómico sobresaliente. Todo lo anterior se representa con enorme mérito en el guión de la cinta, que apuesta por un desafío a la narrativa tradicional, con saltos temporales constantes, alusivos a la pareja en las estaciones de su relación, de lo cándido de una mañana de primavera, hasta lo áspero de una noche de invierno en soledad.

No se puede pasar de largo la fascinante caracterización de los personajes de Allen. Neoyorkinos atormentados que viven en el epicentro de una crisis generacional (y es que cada generación tienen un motivo propio para creer en la crisis), motivados por concretar un ideal de estabilidad que se aleja apenas es nombrado, arrojando frustración y desasosiego. Así es Alvy, un hombre que se busca la vida a partir del precepto de la insatisfacción, sin amor que lo salve, sin terapia que lo cure, sin realización material o espiritual. Como su contraparte, espléndidamente interpretada por Diane Keaton, se encuentra Annie, el inicio de un eco que ha construido una voz sólida y tenaz en nuestro contexto, la de una mujer independiente que puede estar por encima de sus demonios, teniendo muy en claro que no depende de nada o de nadie para perseguir sus ideales.

Annie Hall es una cinta extraordinaria, funcional en todo momento, pues su metraje se desarrolla en dos direcciones de forma igualmente satisfactoria. En primer lugar, es una vibrante representación de las relaciones de pareja y la complejidad que implica el entenderse como un “yo” dentro de la figura del “nosotros”, tema recurrente en la filmografía de Allen y que aquí alcanza su punto más alto. En segundo lugar, es una pieza cómica e imaginativa, que hace embonar espectacularmente la comedia física con la de situación, haciendo de la cinta divertimento puro. Todos en algún momento de nuestras vidas deberíamos detenernos a contemplar Annie Hall. No es cura, mucho menos receta para evitar la desazón amorosa, es un filme honesto que involucra al espectador, un Valium potente contra la ansiedad y la histeria colectiva que acecha la gran urbe del mundo.

El cine no te crea  ni te destruye, ¡te transforma! 

Annie Hall, Estados Unidos, 1977. Dirección: Woody Allen. Guión: Woody Allen y Marshall Brickman. Fotografía: Gordon Willis. Actúan: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Carol Kane, Paul Simon, Janet Margolin, Shelley Duvall, Christopher Walken, Colleen Dewhurst, Jeff Goldblum y Sigourney Weaver. Ganadora de 4 premios Óscar en el año de  1977: mejor película, mejor director, mejor guión y mejor actriz para Diane Keaton. Duración: 94 min.

 

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