Cinevive Colaboran Crítica Ernesto Rizo Estrenos

Queridas hermanas, crítica

QueridashermanasCinevive

Por Ernesto Rizo

Pensamiento, arte, libertad y amor, colocados en un montaje destacable

Todo comulga en Queridas hermanas para concretar una obra que vale la pena experimentar y calificar de destacable. Los elementos son partícipes de un juego que armónicamente construye una película de muy buen acabado. Disfrutable. Divertida. Poética. Un filme que causa muy buena impresión, que sorprende y que se agradece ante el cúmulo de cintas sin gracia que rellenan la cartelera.

El argumento se sostiene en una delgada línea entre sucesos históricos reales y dosis de ficción. Dos hermanas son muy unidas, se aman y comparten todos sus secretos. Una está casada y la otra busca marido, aunque sin éxito, pues no está enamorada, y el matrimonio debe servir como vehículo para mejorar las condiciones financieras de su familia (las dos hermanas y la madre, pues el padre ha fallecido). En el contexto de la Alemania de fines del siglo XVIII, los matrimonios se celebraban por conveniencia y, algunas afortunadas veces, por amor. Un día, sin embargo, pasa por la calle un joven de quien Charlotte (Henriette Confurius), la hermana menor, queda prendida. Dicho joven es Friendrich Schiller (Florian Stetter): poeta, historiador y escritor importantísimo en el pensamiento filosófico de su época y de la historia general.

Las circunstancias se acomodan para que Schiller y Charlotte busquen a toda costa estar juntos, pues se han enamorado, y comparten su amor con Caroline (Hannah Herzsprung), la otra hermana. El amor que se desarrolla entre los tres pone de manifiesto un sentimiento que traspasará ideologías en agotamiento, barreras geográficas y temporales y quizás, hasta la muerte. Un trío magnético que, para su tiempo, subvierte la gran costumbre no sólo en las relaciones sociales sino en temas como el pensamiento liberal, la importancia de las mujeres en el arte, la libertad sexual y, en fin, la libertad general.

Es entonces, en dicha historia, que así contada puede percibirse como un drama histórico anquilosado, que se colocan un cúmulo de elementos que llenan de frescura el filme y lo hacen fluir con delicioso tempo, dejando un exquisito sabor de boca luego de sus poco más de dos horas. Un montaje que juega con distintos planos y se llena de detalles. Se desenvuelve dinámico y obliga a prestar atención a prácticamente todo lo que hay a cuadro, pues los detalles refieren cosas que refuerzan el sentido discursivo de una historia de complejidades palpables.

Las interpretaciones de nuestros principales estimulan el sentimiento de percepción de tres personalidades “ingenuas” en un mundo de costumbres determinadas como pilares de concreto que, en esa ingenuidad, juegan y buscan la libertad. Y juegan en el pensamiento y en los sentimientos. El cuerpo es sólo el vehículo para cubrir las necesidades de sus vidas puesto que sus almas son entes en expansión constante. Y así parecen comulgar los elementos de la cinta, juguetones, estimulantes.

Desde una fotografía con colores intensos y la recreación de una época: en un excelso diseño de producción y un increíble diseño artístico, se van sucediendo tomas y movimientos de cámara que lo que menos tienen es un ritmo cansino. Incluso los créditos iniciales o “de contexto” en movimiento y colores pastel nos están diciendo algo, nos están invitando a formar parte de este terreno en el que comulgan las almas libres en una película que en sus elementos deja percibir libertad creativa, ya no al interior de la historia, sino en la misma creación cinematográfica.

La historia se tiñe de complicaciones, pues obviamente el amor del trío siempre encuentra dificultades para desenvolverse en una época de costumbres arraigadas, una época atravesada por la Revolución Francesa y un régimen del terror que llegaba como rumor nefasto a través de boletines. Ahí, en el juego de detalles se enfatiza la sangre que corre en el nacimiento de una nueva época, como lo fue aquella en la que los ideales de la Ilustración pretendían un nuevo modelo del mundo. Parir una nueva sociedad, como el parto de Charlotte, conlleva sangre. Y la tinta de esa imprenta en la que Schiller pone su fe.

Pero la película nunca peca, para nada de moralismo, pero tampoco de barroquismo, pues a pesar de los muchos elementos en juego, siempre se dosifica el lenguaje a través de viñetas cargadas de poesía y líneas como extraídas del mismo pensamiento schilleriano.

La gran virtud del juego que se va tejiendo me parece que está en el fortalecimiento de la figura femenina, ¡en una propuesta de película de época!, que crea, que pretende amar con libertad, que piensa y se expresa en el arte. Una musa inspiradora y un ser lleno de generosidad. Las personalidades de Queridas hermanas contrastan, pero se fusionan con una calidez que, como arroja una de las mejores líneas rumbo al final, permitieron a Schiller regocijarse ante las mujeres Von Legenfeld; él, un eterno solitario y liberal. Así como él, el sentimiento del espectador que se ha dejado seducir por la comunión artística de este bello filme, será impulsado hacia el exterior, y se sentirá como desprendido del cálido útero materno.

¡Viva el cine!

Die geliebgten Schwestern, Alemania-Francia, 2014. Dirección: Dominik Graf. Actuación: Hannah Herzsprung. Florian Stetter, Henriette Confurius, Claudia Messner. Guión: Dominik Graf. Fotografía: Michael Wiesweg. Duración: 138 min.

Anuncios

¿Tú qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s