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Escuadrón Suicida, crítica

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Por Ernesto Rizo

¿Un cine al que le hace falta alma?

Suicide Squad me provoca una sensación parecida a esa que ocurre cuando ves en la calle algún anuncio de una hamburguesa de aquellas grandes cadenas, que luce colorida, jugosa, muy sabrosa y sin duda antojable. Casi impulsivamente deseas comerte una y acudes a un establecimiento, de los muchos que se reproducen en la ciudad, en el que están los mismos anuncios con esas, sin duda, grandes y riquísimas hamburguesas. Cuando está en tu mesa, sin embargo, algo anda mal… la hamburguesa no luce tan bien como en las imágenes. Y su sabor tampoco es espectacular.

Esta película se ha anunciado con bombo y platillo desde hace meses, como pasa con la mayoría de películas de superhéroes. Se le esperaba con ansias además por ser una de las historias más atractivas de estos universos de ficción. Un conjunto de villanos, casi todos enviados a prisión por Batman, son sacados de la misma para ser controlados por una dura Amanda Waller (Viola Davis), mientras protegen la seguridad de los Estados Unidos de América. Algo se sale de control, con la más poderosa de todos, “La hechicera”, que se apoderó del cuerpo de la doctora June Moone (Cara Delevingne), según lo vemos en una de las viñetas que al inicio de la película explican cómo fue enviado cada uno de estos desalmados a cárceles de extrema seguridad, y entonces los villanos deberán ahora unir fuerzas para salvar al mundo, porque sí, la catástrofe que se avecina es de proporciones colosales. Algo parece ir bien mientras las viñetas avanzan acompañadas de grandes canciones… hasta que el uso obvio de las mismas va quitando alma a la cinta, como ocurre con otros elementos.

La mítica de estos personajes pudo dar como resultado una historia muy interesante, pues el viraje que los mismos tienen que dar, al ser villanos que siempre han hecho el mal, mostrando una parte humana, para ahora salvar el mundo en el que habitan, junto con sus seres queridos, podría permitir una reflexión sobre la figura del antihéroe y sus cavilaciones morales que llegan a profundidades que ponen en juego incluso la forma de pensar el mundo, desde nosotros, espectadores. Sin embargo, salvo la escena del bar, en la que se entreteje de buena forma esta reflexión, la película se decanta, como hacen la mayoría de las propuestas de este, ya un género, por la superficialidad, el impacto audiovisual y, en ésta en particular, una cantidad bárbara de “adornos” que de no estar, no restarían nada al discurso cinematográfico de la cinta e incluso potencializarían sus virtudes, porque teniendo un reparto tan competente y premisas dramáticas para construir argumentos profundos, sobran los excesivos efectillos visuales que lo único que aportan, insisto, es una función de adorno.

Luego, la cinta no es un desastre como Avengers 2 o de una estructura tan inconsistente como Batman V Superman y permite el disfrute de un ágil montaje repleto de humor y algunas secuencias de acción interesantes (nunca se llega, sin embargo, a la construcción de alguna con la potencia de algunas mostradas en Civil War), las actuaciones, varias de ellas (recuérdese que estamos ante actores muy competentes), se desarrollan con divertida naturalidad, sobre todo en el juego de Harley Quinn (Margot Robbie) y el Joker (Jared Leto), la primera robándose la película, el segundo esbozando el que podría ser uno de los personajes más interesantes para estas nuevas propuestas de DC Cómics, o los caracteres de Deadshot (Will Smith) y Amanda Waller (Viola Davis) que aportan mucho al condimento de la película que lucha todo el tiempo por quedarse sin sabor. Los demás vacilan entre personalidades que no terminan de concretar. El trabajo de personajes se siente apresurado, aunque mientras más observas, todo se siente apresurado, e inconsistente, como una comida a la que se le han metido muchas manos, o producida en un establecimiento con estándares que se alejan de la mística del cocinar, tal como las hamburguesas de aquellos establecimientos que inundan la ciudad.

Estamos ante una película que pudo ser mejor, y el ejemplo más claro es el Joker. Un personaje construido con empeño, pero que en ese apresuramiento y en la inconsistencia de la película se nos muestra en viñetas adornadas y nos alejan de la empatía que podría generar. Pareciese que la película lo que menos quiere es eso: remover sentimientos. El impacto que pretende es en el mero aspecto audiovisual, pero el cine, el ser del cine tiene un alma, que se ha ido concretando a lo largo de su existencia, desenvolviéndose sobre sí mismo, dejando claro que las historias necesitan profundidad para quedar en la memoria de las personas, aun tratándose del cine comercial. La película se desangela.

La respuesta es positiva: estamos ante un cine al que se hace falta alma. Podrá seguirse esforzando en la envoltura y seguramente atraerá millones de espectadores a la sala… pero el espíritu del cine (la palabra más adecuada para aquello a lo que me quiero referir) se desenvuelve en otro lado.

Suicide Squad, EUA, 2016. Dirección: David Ayer. Guión: David Ayer. Actuación: Will Smith, Jared Leto, Margot Robbie, Jaime Fitz Simons, Viola Davis. Fotografía: Roman Vasyanov. Duración: 123 min.

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