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Taxi Teherán, crítica

Taxi Teherán Cinevive

Por Carlos Meneses

Lección de cine sobre ruedas

Uno de los valores que hace del cine algo extraordinario, es su versatilidad. Dentro del concepto cine, cabe un mundo de perspectivas, que van desde el quehacer cinematográfico, hasta la concreción de un fragmento de la realidad a través de una pantalla. Pasando por las nombradas megaproducciones, hasta las cintas que lucen por la simpleza de sus recursos, el cine maravilla al que otorga un momento de su vida para permitirse renunciar al mundo, y entregarse a una de las más bellas fantasías posibles en la experiencia humana.

En Taxi Teherán, la cinta más reciente de Jafar Panahi, un taxi transita las calurosas calles de Teherán, una ciudad multifacética y sorprendente. A lo largo de su trayecto, los pasajeros más variados deciden abordar el taxi que el mismo Panahi conduce, mientras descubre a los más variados e interesantes personajes, en medio de una charla que es a la vez casual y reveladora. Con una sola cámara montada sobre el tablero del auto, la cinta nos muestra la esencia de la sociedad iraní contemporánea, mientras descubre las concurridas avenidas y calles de Teherán.

Apegándose al formato de un falso documental, incluyendo la aparición de actores no profesionales, Taxi Teherán se presenta con una envoltura fascinante, que cubre la parte más dulce de este caramelo, a partir de un poderoso mensaje: para hacer cine, no hay obstáculo que valga. Cimentando el desarrollo de la historia en una premisa simple pero poderosa, Panahi nos ofrece una clara exhibición de cómo hacer un cine entretenido y muy inteligente, en el que la valía de una idea, prevalece por encima de cualquier clase de compromiso o presupuesto.

Valiéndose de los transeúntes que abordan el taxi, este fascinante documental nos permite perfilar los diferentes extractos sociales de la sociedad iraní, considerando un discurso plural, que da voz a las más diversas expresiones. Las viñetas que presenciamos, contemplan la perspectiva de niños y viejos, hombres y mujeres, ricos y pobres; concretando un sector popular representativo, en la particular figura del que aborda el taxi y dialoga con Panahi. Sin embargo, lo anterior nunca se siente rígido, mucho menos predecible, por el contrario, crece naturalmente, con la espontaneidad del día a día y el sinfín de historias que allí se gestan.

En su conjunto, la cinta construye un experimento que genera una extraña, pero muy agradable interacción entre la denuncia del drama social cotidiano en Irán, las cualidades estructurales de un documental y el proceso de transformación presente en cualquier road movie, con la pequeña, pero trascendental excepción, de que la cinta no transforma a los personajes, sino a los espectadores.

La formas más cercana de describir la experiencia de mirar Taxi Teherán, es la de ser un extranjero que, sin tener una razón clara de por medio, se encuentra recorriendo una ciudad que le es ajena, como un visitante que termina maravillado frente a la diferencia, y la  riqueza cultural de un lugar que le es completamente ajeno. De la misma forma, la sucesión de fotogramas corriendo sobre el lienzo de la pantalla, nos sorprende, dejándonos muy en claro que, dentro de aquel taxi, hay un sitio reservado para nosotros.

La mágica experiencia de vivir el cine dentro del cine, también se hace presente, tanto a nivel estructural, como en el discurso de nuestros protagonistas, pues Panahi se permite reflexionar sobre la censura, tema que ha padecido en carne propia, así como citar a una buena cantidad de referencias cinematográficas, tal es el caso de Woody Allen, enamorado del cine y de Nueva York, símil de Panahi, enamorado del cine e, igualmente, de la diversidad de su país natal. Además, la conciencia de la cámara como parte del espacio y la aparición de su sobrina en la vida real, hablando de forma muy irónica acerca de la importancia del financiamiento para una película es realmente disfrutable, además de significativo para cuestionar al cine como parte de una industria.

Hacer más con menos, es la fabulosa postura de Taxi Teherán, un documental muy valioso para todo el que considere al cine como una bestia de mil cabezas, imposible de conquistar. Panahi  nos presenta una cinta que desarrolla perfectamente la maravilla de encontrarnos con una película honesta, ajena a cualquier tipo de pose o alta pretensión estética, en un filme que a partir de la economía de su lenguaje, nos ofrece una lección de cine sobre ruedas.

El cine no te crea ni te destruye, ¡te transforma!

Taxi, Irán, 2015. Director: Jafar Panahi. Guión: Jafar Panahi. Actúa: Jafar Panahi. Oso de Oro (Mejor largometraje) y premio FIPRESCI en el Festival de Berlín 2015. Duración: 82 min.

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