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Te prometo anarquía, crítica

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Por Ernesto Rizo

Vampiros en patinetas que flotan sobre la urbe

Te prometo anarquía es una película realizada con pocos recursos que muestra una cruda radiografía de la Ciudad de México que alberga a muchos seres que todos los días son víctimas de la miseria más apabullante y que para sobrevivir buscan alternativas desesperadas. Una radiografía que se va mostrando en paralelo con los pormenores de una relación entre dos personajes entrañables y que gozan de un amor homosexual. Una cinta que permite fortalecer la idea de que, para hacer cine, basta con tener una buena historia y la convicción suficiente para llevarla a la pantalla.

El argumento va de eso: dos hombres, Miguel (Diego Calva Hernández) y Johnny (Eduardo Martínez Peña) se aman. El primero es de familia acomodada, el segundo vive en la miseria, pero se aman. Y lo hacen en la miseria de la urbe mexicana en la que se van dibujando personajes como los que todos vemos a diario si caminamos por las calles de esta ciudad. Miguel vende sangre y con ello obtiene muy buen dinero. Tiene tratos con un extra que trabaja en los Estudios Churubusco y la cosa marcha (que no bien, porque desde los primeros minutos de la película nos invade una sensación desoladora), hasta que en uno de esos tratos, la otra parte resulta ser amenazante y entonces sucede una tragedia como las muchas que se escapan de las primeras planas de los diarios, pero que están ahí haciendo que la sociedad sucumba ante la violencia y sinrazón de este país.

Pero no se piense que la radiografía que presenta el director Julio Hernández Cordón es tremendista y de ese tipo de cine mexicano que retrata con crudeza la miseria, no es convencional en ese sentido. La película es un retrato crudo de la miseria, sí, pero alejado de las convenciones de esa etapa del cine mexicano que cada vez va quedando más atrás con propuestas arriesgadas como ésta: alejado pues, del tremendismo. Algo tiene de Güeros (Alonso Ruizpalacios, 2014), para poner un referente nacional, sobre la movilidad en la urbe y el convertir a la ciudad en un personaje más, pero se aleja por completo del “preciosismo” de aquella. Algo tiene de Paranoid Park (Gus Van Sant, 2007), para poner un referente internacional, sobre una visión poética del mundo mediante la mirada de los skaters, pero se aleja en cuanto a los elementos formales de filmación.

Los pocos recursos de la película se dejan ver principalmente en el reparto, que está conformado en su mayoría por actores no-profesionales que improvisaron incluso en la mayoría de las escenas (según palabras del propio director, las tomas uno o dos eran los ensayos para una tercera definitiva*). Y luego en las locaciones (en su mayoría lugares reales de esta ciudad); en el diseño artístico (que busca apegarse a lo real y alejarse, como dije, del preciosismo) y en la improvisación incluso de tomas (también el propio director afirma que muchas escenas fueron filmadas sobre la marcha, “sin permiso”). Una película que con esos escasos recursos logra entregar una historia redonda y sobre todo, una durísima reflexión sobre nuestra miseria y violencia.

Las patinetas en las que andan nuestros personajes principales son el vehículo para ir mirando a aquellos seres con el rostro de la desesperanza típico de la urbe que no se fotografía para Instagram o para los anuncios a través de las calles y que se confunden con esos edificios gastados y con esos colores grises que sólo se ven matizados por lo naranja del metro o por las luces de una ciudad que se ilumina cuando cae la noche pero que nunca duerme.

El lenguaje cinematográfico que propone el director, entonces, se va tornando poético ante lo mísero y en lo que yace en el corazón, pues se puede amar en la miseria y a pesar de la adversidad del mundo. Los personajes de Te prometo anarquía están perdidos, en la vida, en la urbe, en el mundo del crimen que concibe a los seres humanos como objetos, y se encuentran de vez en cuando en ese cruce de miradas y palabras y roces en las calles y entregas de los cuerpos en los hoteluchos. Se encuentran, para volverse a perder.

Entonces la cinta, en ese juego de encuentros y desencuentros, que parecen sostener el peso estético violento de la película, se teje como un thriller que en sus cualidades narrativas vira de buena forma, y vira de nuevo, otra vez con pertinencia.

Plausible película para una cinematografía mexicana en la que vale la pena sumergirse. Y creer.

¡Viva el cine!

*Palabras pronunciadas luego de la primera función del 36 Foro Internacional de la Cineteca Nacional.

Te prometo anarquía, México, 2015. Dirección: Julio Hernández Cordón. Guión: Julio Hernández Cordón. Actuación: Diego Calva Hernández, Eduardo Martínez Peña, Shvasti Calderón, Gabriel Casanova, Diego Escamilla, Martha Claudia Moreno, Milkman. Fotografía: María Secco. Duración: 88 min.

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