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La delgada línea amarilla, crítica 

LadelgadalineaamarillaCinevive

Por Mauricio Hernández 

Todos necesitamos una guía

Los trabajadores de construcción, a pesar de formar parte de la cultura mexicana por el estereotipo que se les adjudica, son de los gremios más ignorados por la sociedad. Es común no reconocerles el arduo trabajo que realizan, además de estar en constante peligro laboral y de obrar con salarios, casi siempre, muy bajos, sin seguridad social y por largas jornadas. “De Sol a Sol”. Los ajenos a estas actividades solemos olvidar que aquellos quienes materializan los caminos y puentes por los que transitamos, también son personas con problemas y motivaciones distintas que los llevan a esos empleos. Una perspectiva humana de estos obreros nos es presentada en La delgada línea amarilla, ópera prima del director Celso García. Antonio (Damián Alcázar), tras ser despedido de su empleo como velador en un deshuesadero, tiene que regresar a sus inicios laborales, en el área de construcción. Su equipo debe pintar la línea de un tramo carretero de poco más de 200 kilómetros de longitud. A lo largo de la obra, estos jornaleros irán descubriendo más de sí mismos, así como de la vida de sus compañeros; además de enfrentar diferentes complicaciones que se presentan en los trabajos viales.

El acierto más grande de esta película es el desarrollo de los personajes. En un inicio, vemos a cinco individuos llevados a esa obra carretera por diversas cuestiones de la vida, pero conforme transcurre la cinta, nos presentan diferentes matices de la personalidad de cada uno, moldeada de acuerdo a sus vivencias y previas experiencias laborales. El cúmulo de minirelatos hacen entendible la presencia de cada uno en esa vía y la posterior formación de un vínculo afectivo, lo que brinda gran congruencia al argumento. Todos los caminos conducían a esa carretera.

La gran historia es respaldada con actuaciones bastante sólidas por la mayoría del elenco. Damián Alcázar, un consolidado en la historia cinematográfica nacional, brinda de nueva cuenta una ejecución de primer nivel, ya que logra mostrar a la perfección los cambios emocionales del protagónico. A pesar de que el reparto arroja otros nombres conocidos en el cine mexicano, como Joaquín Cosío, Gustavo Sánchez Parra y Silverio Palacios; su participación se siente un tanto secundaria. Sin embargo, eso no significa que lo mostrado en pantalla por ellos sea deficiente. Logran dar soporte a la historia manifestando de manera adecuada la personalidad de sus personajes. En conjunto, estos actores componen un pintoresco grupo que consigue establecer un ritmo narrativo agradable. Por la diversidad de los individuos retratados, no hay momento alguno de aburrimiento.

La fotografía es el aspecto técnico más sobresaliente de este filme. Hay panorámicas excepcionales de las locaciones rurales y urbanas de San Luis Potosí, lugar donde se llevaron a cabo las filmaciones. También, hay otros planos interesantes para brindar diferentes perspectivas al espectador. Por ejemplo: planos nadir para concentrar la atención de la audiencia en la expresión del personaje que lleva muchas horas trabajando en la carretera. Asimismo, la música incidental y la banda sonora dan los toques necesarios de dramatismo en el metraje, incluyendo pistas de bandas mexicanas importantes como Café Tacvba y Molotov.

Esta producción es valiosa, igualmente, por la clase de historia que cuenta, hablando de la vida diaria de un obrero de construcción. En los diálogos se trata de mostrar lo valiosos que son estos empleados, así como las nobles razones que tienen para desempeñar su labor, pues la seguridad de muchos automovilistas pende de su trabajo. “Eso no es nada más una línea. Muchas vidas dependen de ella.” Una película con sentido humano siempre es importante.

Es una lástima que esta cinta llegue a las salas nacionales después de un año de su estreno original, siendo además la más nominada en la última entrega de los Ariel. Deseando que tenga éxito, dado que es un producto fílmico virtuoso, desafortunadamente, la sala me dijo que podría tener un corto tiempo de exhibición. Increíble y fascinante ver cómo una historia puede construirse alrededor de una línea punteada.

La delgada línea amarilla, México, 2015. Director: Celso García. Guión: Celso García. Actúan: Damián Alcázar, Joaquín Cosío, Silverio Palacios, Gustavo Sánchez Parra y Américo Hollander. Fotografía: Emiliano Villanueva. Música: Dan Zlotnik. 14 nominaciones en la 58° entrega del Ariel. Duración: 95 min.

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