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Star Trek: Sin límites, crítica

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Por Carlos Meneses

Clásica odisea estelar

Desde sus más tiernos inicios, el cine ya aludía a los viajes espaciales y a las aventuras de aquellos que se arriesgaban a abandonar el esférico resguardo de la Tierra, para conocer las estrellas. Hay que regresar a los orígenes del cine para  encontrar la primera gran aventura espacial, dirigida por el que muchos consideran el padre de la ficción cinematográfica, Georges Méliès, con Viaje a la luna (1902). Desde aquel momento fundacional, hasta la fecha, el espacio exterior se conserva como una incógnita revelada ínfimamente, sin embargo, su lugar en el séptimo arte ha dado pasos agigantados, situándonos hoy día en el paradigma del cine digital y su capacidad prácticamente ilimitada de construir un sinfín de mundos posibles. Desde los cuadros de Viaje a la Luna hasta las secuencias computarizadas de Star Trek: Sin límites, la tecnología ha revolucionado al cine, pero, la fascinación por las historias que nos invitan a imaginar lo que existe fuera  de nuestro planeta, continúa prácticamente intacta.

Dando continuidad al trabajo de J. J. Abrams, director de las dos primeras entregas de la saga, Star Trek: En la oscuridad (2013) y Star Trek: Un nuevo comienzo (2009), Justin Lin nos presenta Star Trek: Sin límites, la más reciente aventura de la flota espacial liderada por el capitán James Kirk (Chris Pine). El USS Enterprise, la nave insignia de la Flota Estelar, vuelve a surcar el universo para asegurarse de proteger a la Tierra y sus planetas vecinos. Lo que parece un viaje de exploración, resulta en un engaño, por lo que la tripulación del Enterprise se embarcará en una nueva aventura para detener a un nuevo y despiadado enemigo, Krall (Idris Elba). El equipo se enfrenta a una de las misiones más peligrosas de su historia, mientras tratan de protegen el futuro de la raza humana.

En esta nueva cinta de una saga que se consolida a cada nueva entrega, con una cuarta parte confirmada para el verano del 2018, Justin Lin logra un desempeño rendidor, metiéndose en los zapatos del mediático J. J. Abrams, sin hacerse menos o ceder ante la muy buena recepción de las cintas dirigidas por su antecesor. Por el contrario, Lin, retoma los personajes, la historia y las circunstancias que han hecho del resurgimiento de Star Trek, una plataforma sólida que logra consolidarse en la industria cinematográfica. Si bien el trabajo no es sobresaliente, sí cumple en tanto su pulcritud, integrando una narrativa balanceada que transita entre la acción y una comedia simple pero bien encajada.

Coexistiendo en tiempo y espacio con una franquicia colosal, como lo es el universo construido por George Lucas y ahora continuado por Disney, en Star Wars, el oxígeno de Star Trek pareciera reducirse significativamente, sin embargo, la cinta apela a la nostalgia, construyendo una trama muy similar a la que podría haber representado cualquier capítulo de la histórica serie televisiva de mediados de los sesentas. De este modo, el filme engancha a los fanáticos de toda la vida, manteniendo la personalidad de sus personajes y la vitalidad de su relación a bordo del USS Enterprise, mientras construye una historia atractiva, plagada de unos efectos visuales muy bien logrados, que logran captar fácilmente la atención de alguien que conozca la saga por primera  vez.

En cuanto a las interpretaciones, el elenco está en un gran nivel, todos frescos y ocurrentes, con una química creciente consecuencia de la continuidad de actores y actrices dentro del proyecto. Destaca especialmente el personaje de Spock, interpretado por Zachary Quinto, con valiosas intervenciones que sirven como un respiro, tanto por la comedia involuntaria planteada a partir de su personaje, como por la templada y ecuánime personalidad del mismo, con reflexiones en torno a la muerte, la amistad y la valentía.

Completa la fantasía un excelente trabajo de maquillaje, que en conjunto con el departamento de efectos especiales, logra seres que nos permiten dejar volar la imaginación, caracterizando posibles formas de vida en otros mundos, algo propio de la serie televisiva y su enorme potencial creativo.

Star Trek: Sin límites es una cinta entretenida y muy bien lograda. Alienta la imaginación de los asistentes a la sala, mientras los convence de formar parte de la aventura y conocer los misterios que se ocultan en las estrellas, en lo que es quizá su más grande logro, volver a contar una historia sin por ello hacer que deje de resultar atractiva. El universo es tan basto, que la cantidad de historias que dentro de él pueden contarse, alcanza la misma proporción. Méliès llegó hasta la Luna para contaros una historia. Star Trek: Sin límites se interna en la galaxia para traernos una clásica odisea interestelar, para demostrarnos que desde los comienzos del siglo pasado y hasta la fecha, nuestra fascinación por lo desconocido, no conoce límites.

El cine no te crea ni te destruye, ¡te transforma!

Star Trek Beyond, Estados Unidos, 2016. Dirección: Justin Lin. Guión: Simon Pegg, Doug Jung, Roberto Orci, John D. Payne y Patrick McKay. Fotografía: Stephen F. Windon. Música: Michael Giacchino. Actúan: Chris Pine, Zachary Quinto, Zoe Saldana, Karl Urban, Simon Pegg, Anton Yelchin,John Cho, Idris Elba, Sofia Boutella, Joseph Gatt, Deep Roy y Lydia Wilson. Duración: 120 min.

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