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El bebé de Bridget Jones, crítica

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Por Mauricio Hernández

La necesaria (¿?) secuela que tardó 12 años

El diario de Bridget Jones se convirtió en un clásico instantáneo, porque, a pesar de ser una chick flick, se distinguía por sus personajes entrañables y su historia poco ortodoxa. No era el clásico argumento de la encantadora y bella joven que se enamora, sino trataba sobre la mundana vida de una adulta treintañera que lidia con sus problemas y encuentra el amor en el proceso, de formas nada convencionales. Su secuela, Bridget Jones: Al borde de la razón, fue ampliamente rechazada por la carencia del humor que distinguió a la primera entrega y su desarrollo predecible. Todo indicaba que era el fin del cuento de la chica regordeta. Sin embargo, el dinero y la falta de ideas novedosas lo puede todo, así que nos traen una tercera parte de esta tragicomedia, El bebé de Bridget Jones.

La trama es bastante simple: Después de pasar su cumpleaños 43 sola y tras su rompimiento con Mark Darcy (Colin Firth), Bridget (Renée Zellweger) decide dejar de buscar el amor y alocarse un poco. En un festival de música, se encuentra con Jack (Patrick Dempsey), un apuesto hombre de negocios con quien tiene un encuentro casual. Después, vuelve a encontrarse con Darcy en un bautizo y queriendo revivir su vieja llama, también sostiene relaciones con él. Jones decide alejarse de ambos hasta descubrir que está embarazada y tiene que averiguar quién es el padre.

Es visible que la nostalgia es una estrategia de venta muy fuerte en la industria cinematográfica actual. Desde los primeros instantes, comienzan a reintroducir elementos que caracterizaron a la trilogía, tales como las cortas sonrisas de la protagonista, sus momentos de nerviosismo o la voz en off que revela sus pensamientos a la audiencia. La película goza del humor simple y funcional de la primera entrega, lo que nos hace sentir como si estuviéramos viendo esa cinta. Algo que llama mucho la atención es la interacción de Bridget con su entorno. No sólo es ella tratando de ajustar su vida personal y profesional, sino también es su constante intento de ajustarse a los embates de la cultura moderna. Pasaron los años en el universo de estos filmes y lograron adaptar eso a la personalidad de la cuarentona Jones.

Para quienes no lo sepan, Renée Zellweger tuvo una operación (mejor dicho, transformación) de rostro hace algunos años. Las fotos del antes y el después me dejaron atónito y algo asustado. Desde la primera toma donde aparece, no pude evitar asombrarme por el tremendo cambio de apariencia, y al verse tan diferente, el personaje sí perdió un poco de encanto. Lo que distinguía a Bridget Jones y a esta luminaria, era esa cara con mejillas redondas que rompían el esquema de la estrella de las chick flicks. Ahora es sólo otra cara más de Hollywood, lo que dificultará su aparición en otras producciones, porque, para su bien o para su desgracia, Renée Zellweger es Bridget Jones. Fue el papel que la lanzó al estrellato y con el que probablemente terminará estigmatizada su carrera.

Colin Firth robó muchos corazones por su actuación como Mark Darcy en las precuelas. El tiempo ha pasado factura y ya no parece compatible con la edad de Bridget Jones. Ya no puedes creer tan fácil que él sea aún el galán. Más parece el padre del protagonista. En cuanto a su rol, no hubo cambio alguno. Hace exactamente lo mismo que antes: tener cara seria y decir sólo unas cuantas palabras. Irónicamente, le funciona bastante bien. Patrick Dempsey es el sustituto de Hugh Grant para esta entrega. Se acopla con el elenco y con el argumento para añadir frescura y arrancar algunos suspiros a las damas. La estrategia de mercadeo también ha sido bien llevada por Universal. En redes sociales, el público puede votar por su preferido: #ObvioJack o #SiempreDarcy. Similar a lo que han hecho productoras como Marvel o DC Cómics. Esto es congruente con la esencia del filme, pues también es una cinta de gente mayor que trata de amoldarse a los nuevos tiempos.

Debido al agradable desarrollo de la película, no hay otra cosa que se lleve tu atención más que la química entre Bridget, Mark y Jack. A pesar de que los protagonistas son ya adultos de mediana edad en una situación amorosa, en general, el argumento mantiene esa misma chispa que hace reír y sentirte cómodo viendo las situaciones chuscas de la vida de esta señora. Esta secuela sí era necesaria, pues la segunda parte de la historia decepcionó. Espero que sea el final de la Señora Jones en las pantallas, aunque casi podría asegurar que no será así.

Bridget Jones’s Baby, Estados Unidos, 2016. Dirección: Sharon Maguire. Guión: Helen Fielding y Dan Mazer. Actúan: Renée Zellweger, Colin Firth, Patrick Dempsey. Fotografía: Andrew Dunn. Música: Craig Armstrong. Duración: 122 min.

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