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Mi amigo el dragón, crítica

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Por Jacky León

Reescribiendo la magia

Parece que el objetivo de Disney es hacer recordar a la audiencia, tanto a chicos como a grandes, que la magia, la alegría, la fantasía, la amistad y las aventuras aún existen. ¿Cómo?, modernizando sus clásicos animados; llevando a la pantalla grande aquellos argumentos que en su época lograron entretener y cautivar a las mentes cinéfilas, sirva de ejemplo El libro de la selva (2016). ¿Lo consigue? Sí, y con gratos resultados, pues las fórmulas de Disney sobreviven y trasciende ante tiempos y generaciones, ya sea con historias originales como Zootopia (2016) o remakes, baste como muestra Cenicienta (2015).

Bajo ese esquema, queda más que claro que la productora posee la semilla de lo mágico, de la ilusión, las aventuras y la diversión y sabe cómo sembrarla en el espectador. Ahora bien, en esta ocasión me toca el turno de formar parte, durante 102 minutos, de la entrañable historia de Mi amigo el dragón, cinta que relata la tierna aventura y amistad entre un fascinante dragón y un niño huérfano.

Mi amigo el dragón es una cinta que desde los primeros minutos seduce, te introduce en una diégesis creíble, por tanto, la comienzas a mirar con amor y diversión. Así, nos relata la historia de Peter (Oakes Fegley), un niño que queda huérfano tras un accidente automovilístico. Varado en medio del bosque se encuentra con un dragón gigante a quien llama Elliot y convierte en su mejor amigo. Transcurren seis años y Peter es descubierto por Grace (Bryce Dallas Howard), una mujer que trabaja como guarda forestal. Grace desea encontrar respuestas acerca del origen de Peter y descubre que no estuvo solo, que fue criado y protegido por un dragón; gracias al suceso, ella recuerda las historias de su infancia relatadas por su padre Meacham (Robert Redford). A dicha aventura se une Natalie (Oona Laurence), una niña de once años cuyo padre, Jack (Wes Bentley) es el dueño de la serrería local y prometido de Grace.

De nueva cuenta, Disney apuesta por renovar su filme musical Pedro y el dragón Elliott (1977), mismo que se basa en el cuento homónimo de Seton I. Miller y S.S. Field; adaptación en la cual se combinaba el dibujo animado con actores y escenarios reales. Ahora, el cineasta David Lowery se sirve del CGI para materializar una nueva y radical versión del dragón, consiguiendo borrar la delgada línea entre la realidad y un cosmos en el que todo es posible, y como resultado nos presenta una cinta entrañable, con un guion sencillo que fácilmente nos hace recordar lo maravilloso que es ver la vida desde la perspectiva de la infancia, en donde todo es posible y la amistad es lo más sincero y preciado.

Asimismo, la agilidad y sutileza de la cámara nos permite disfrutar del vuelo y la textura de un dragón, sensación que alcanza a transmitir gracias al uso de los planos detalle. La fotografía es un deleite visual que juega con la profundidad de campo y la gama de colores en el que sobresale el verde, introduciéndonos así a lo sombrío de un legendario bosque, también cautiva a la audiencia con tomas de amaneceres o los rayos de sol abriéndose camino de entre los árboles; va de tonos cálidos a fríos y viceversa, sin perder nunca el toque de misterio y fantasía.

Aunado a esta magia del séptimo arte, sobresale el sonido que está a cargo de Daniel Hart, quien recurre a la música incidental y empática; es decir, los compases de canciones como The dragon song se utiliza en función a las necesidades de las secuencias y en esta cinta, buscan resaltar los sentimientos de los personajes, avivando cada sensación de tristeza, alegría y enojo.

Por su parte las actuaciones son excelsas, los actantes dominan las secuencias en las que no se recurre al diálogo y en su lugar queda el trabajo corporal; lo que quiero decir es que la comunicación no verbal en Mi amigo el dragón emana más información y sentimientos que la palabra.

En resumen, Mi amigo el dragón es un filme para toda la familia, peca de tierna y sencilla. Por otro lado, la cinta no presume y no pretende innovar a nivel narrativo o técnico, sin embargo, logra que el público sienta nostalgia por la infancia y el mundo fantástico que rodea a esa mentalidad inocente y llena de magia, es por ese efecto que vale la pena ver esta renovada puesta en escena.

Ante un mundo lleno de preguntas, el cine es la eminente respuesta.

Pete’s Dragon, Estados Unidos, 2016. Director: David Lowery. Guión: David Lowery, Toby Halbrooks. Basada en la historia de Seton I. Miller y S.S. Field. Fotografía: Bojan Bazelli. Música: Daniel Hart. Actúan: Oakes Fegley, Bryce Dallas Howard, Robert Redford, Oona Laurence, Wes Bentley, Karl Urban, Isiah Whitlock Jr, Marcus Henderson, Aaron Jackson, Phil Grieve, Steven Barr, Esmée Myers, Gareth Reeves, Levi Alexander y Jim McLarty. Duración: 102 min.

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