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No manches Frida, crítica

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Por Carlos Meneses

Establishment puro

El ladrón de bancos Ezequiel Alcántara (Omar Chaparro), acaba de salir de la cárcel con la firme idea de recuperar un antiguo motín y así poder pagar sus deudas. Lo que él no sabe, es que su cómplice enterró el dinero en un sitio en construcción que, durante su estancia en la cárcel, fue terminado, convirtiéndose en la preparatoria Frida Kahlo. Con el dinero enterrado bajo el nuevo gimnasio de la escuela, Ezequiel buscará internarse en el lugar ocupando la vacante del conserje fallecido, sin embargo, a consecuencia de una  serie de estrafalarios sucesos, Ezequiel obtendrá el puesto de profesor sustituto, teniendo que convivir con un montón de adolescentes incorregibles, mientras confronta a la intachable Miss Lucy (Martha Higareda).

Inspirado en la película alemana Fack ju Göhte (2013), Nacho G. Velilla desarrolla en No manches Frida, una cinta plenamente intrascendente, articulada a partir de una reiteración saturada de clichés, que terminan por hacer de la película una comedia desangelada y repleta de humor de “pastelazo”. Son tantos los lugares comunes en que la película incurre, que su resolución, además de obvia, se torna insignificante, entregándonos un filme carente de personalidad, pero muy bien arropado por sus mecanismos de venta y promoción para convertirse en un producto rentable.

Partir de esta postura y entender a No manches Frida como un producto, es la mejor forma de aproximarse a una cinta que, más que ofrecernos una historia, aglutina sus esfuerzos para vendernos un star-system, pues lo que se cuenta deja de ser importante frente a la insistencia de privilegiar en pantalla a un montón de “estrellas”, surgidas, en su gran mayoría, de Televisa, la misma empresa que se encargó durante décadas de sentar las bases de la comedia en México, y que coincidentemente se encarga de distribuir la cinta.

Es así que en el subtexto de sus 100 minutos, persiste una idea que trasciende a las pretensiones de la película, pero que se corresponde al eje central que motiva al resto de cintas que comparten este estilo: el resguardo de un establishment, es decir, la necesidad de un grupo dominante por continuar ostentando la autoridad, en este caso, en tanto al tipo de comedia que resulta exitoso y las figuras ubicables de un mecanismo que cuenta en el fondo una y otra vez las mismas historias No es que Omar Chaparro sea insoportable, por el contrario, es un tipo bastante simpático, tampoco es que Martha Higareda haya perdido su encanto; es más bien que su reiterada presencia en esta clase de producciones, ha terminado por volverse algo cansado. Sin mencionar a un acabado Adal Ramones, que más que risa, da un poco de lástima interpretando a su personaje.

No manches Frida pone ante nosotros un híbrido sumamente insípido, resultado de la extraña mezcla de estereotipos ultra reforzados en los personajes que representan el alumnado  (muy a lo High School Musical), y una historia de amor que corresponde en sus recursos a las formas de la telenovela más que las del lenguaje cinematográfico. Además es importante destacar el desconocimiento por parte de Velilla en tanto a la jerga o los códigos contextuales de la comedia en México, para lo que su nacionalidad española y su falta de experiencia en el mercado mexicano, se torna dentro de la cinta en espacios pocos representativos, lo que se continúa en un arte que si bien es cuidadoso de los detalles, erra al representar un entorno verosímil.

Se entiende que la apuesta por realizar el remake de la película más taquillera en Alemania durante el 2013, corresponde a las metodología empleada por Televisa en sus formatos televisivos, copiando fórmulas exitosas en otros países, para después adaptarlas con un “toque latino”, digerible para el mercado mexicano y posteriormente latinoamericano. En un momento de la cartelera en que el remake y la adaptación, generan grandes filas a las afueras de la sala de proyección, contar una historia novedosa es un riesgo que pocas veces se decide correr, mucho menos considerando que un producto surge con la intención de ser rentable y generar ganancias.

La misma comedia simple y vana, las mismas caras, con los mismas carencias argumentales, que demuestran que el cine mexicano adolece de una comedia inteligente, con postura política y conciencia de su entorno, algo que Televisa dejó de lograr hace ya varios años, y que es fácil apreciar cómo se hace extensivo a sus productos cinematográficos. Mientras la comedia en el cine mexicano no se alejé del establishment, su potencial difícilmente dejará de enfocar a la producción de comedias que terminan por resultar insípidas, independientemente de su aceptación en taquilla, y para desgracia, no de la película sino de los espectadores, No manches Frida es establishment en su estado puro… puro desperdicio, puro sin sentido y puro aburrimiento.

El cine no te crea ni te destruye, ¡te transforma!

No manches Frida, México, 2016. Dirección: Nacho G. Velilla. Guión: Laurence Rosenthal, Claudio Herrera y Sergio Adrian Sánchez. Fotografía: David Omedes. Música: Juanjo Javierre. Actúan: Omar Chaparro, Martha Higareda, Fernanda Castillo, Adal Ramones, Mónica Dionne, Rocío García y Raquel Garza. Duración: 100 min.

 

 

 

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