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Sangre de mi sangre, crítica

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Por Ernesto Rizo

Una violencia se contiene

Mel Gibson vuelve a la pantalla grande protagonizando Sangre de mi sangre, una película de acción que se ejecuta con sobriedad abordando la historia de un padre (él) y una hija que son objeto de una caza (principalmente y de origen, ella) por parte de una banda de delincuentes (narcotraficantes) y deben huir para salvaguardar su vida. Él es un hombre que vive a mitad de una zona desértica intentando depurar los pecados del pasado, mientras asiste a reuniones que lo exhortan al saneamiento de su alma. Su hija Lydia (Erin Moriarty), es una bella joven que, sin embargo, se ha inmiscuido con el líder de la banda (Diego Luna) que los acecha durante el transcurso de la película y al que ha asesinado, según se nos muestra al inicio.

Ésta es una película que abreva de las formas del cine de acción mexicano de, por ejemplo, los hermanos Almada, así como de aquellas cintas de los personajes norteamericanos que, como Mel Gibson, han quedado en la conciencia de muchos cinéfilos como hombres de acción cuasi indestructibles. Así es el comportamiento de hecho del protagonista: un hombre fuerte y decidido que se abre paso entre balas y hombres, todo por proteger a su hija del destino funesto que ella se ha forjado pero que él ayudó a cimentar.

El personaje de Gibson es una apenas disimulada metáfora del regreso de este actor al ¿camino correcto? Es una manera de (re)hacerse presente en un panorama cinematográfico que lo ha relegado al plano de los descalabros. Buena forma de volver.

Sangre de mi sangre es una película de acción que se construye a partir de un guión sólido por la forma de encadenar sus acciones, que se vuelcan al tono sobrio de una violencia siempre a punto de explotar pero sin llegar al escándalo que supondría una cinta como se presenta ésta. Gran acierto.

Una fotografía que se decanta hacia los tonos que juegan con los panoramas desiertos, en cafés, negros y amarillos y opera con una cámara que se mueve todo el tiempo (incluso parece temblar) como semejando la tensión que rodea a los personajes, como si el camarógrafo hubiese sido parte de la realidad que la película refleja. Porque sí, es además una buena película por la reflexión sobre la violencia desencadenada entre México y EUA, en sus fronteras, entre su gente que ha preferido volverse hacia la violencia por el destrone de un estado de bienestar que les proporcione una vida digna, ante el desajuste estructural del estado de derecho, o, cómo no decirlo, como decisión-salida fácil para la obtención del codiciado dinero.

El tercio de principales logran generar la empatía necesaria para sentirlos como personajes recordables. Destaca, claro, un Mel Gibson sobrio pero seguro, uno que parece querer decir: “aquí estoy, no me olviden”, pero además el papel tan competente de un psicópata Diego Luna: el actor sigue dando muestras de versatilidad y eso es de aplaudirse.

En fin, Sangre de mi sangre es una película muy completa que se aleja de los clichés del cine de acción que la hubiesen colocado en ese abismo de cintas olvidables y, en cambio, volcándose a un tono más sobrio, con mayores pretensiones de inmiscuirse con los protagonistas y hacer partícipe al espectador, termina siendo una muy grata experiencia de acción.

Blood Father, Francia, 2016. Dirección: Jean-François Richet. Guión: Peter Craig, Andrea Berloff. Actúan: Mel Gibson, Diego Luna, Erin Moriarty. Fotografía: Robert Gantz. Duración: 88 min.

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