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Black Mirror (Episodio 3), comentario

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Por Carlos Meneses

La enfermiza necesidad de querer recordarlo todo

BLACK MIRROR 3

¿Qué les parecería ser capaces de capturar cada momento y después revivirlo? Cada palabra, cada susurro, cada mínimo gesto de todo aquello que les rodea cotidianamente. Bastante tentador, ¿no? ¡Imaginen, vamos!, no hay necesidad de establecer límites. Revivir su más alocada experiencia sexual, el nacimiento de sus hijos, el cándido arrebato de la atracción a primera vista, su concierto favorito… O… un mal día, la muerte de sus padres, la derrota más costosa, la mayor decepción, la traición más grande. ¿Dejó de ser agradable? Probablemente.

Dentro de una realidad alternativa en la que los humanos pueden acceder a través de una grabación a todo lo que ven y escuchan en su día a día, superar la fugacidad de toda experiencia humana es posible. Perpetuar en la mente, congelar el tiempo para habitar en la esfera de lo que nunca deja de ser. Poder borrar un recuerdo o volver a él. Fascinante. Pero… ¿para qué? Descifrando el concepto de memoria en el contexto de un entorno tecnológico superior al nuestro, propio de la ciencia ficción, Charlie Brooker nos presenta en The Entire History of You, un jueguito psicológico en el que un hombre obsesivo, preso de la duda y los celos, resulta víctima de la “tragedia tecnológica” y la enfermiza necesidad querer recordarlo todo como elemento dramático (caótico) en la relación de una joven pareja.

En el que es sin duda uno de los mejores capítulos de Black Mirror, Brooker construye un relato de ritmo vertiginoso, explotando excepcionalmente el guión creado por Jesse Armstrong, que nos introduce en la vida de nuestro protagonista mientras nos revela de memoria en memoria, al puro estilo de un gran thriller, el perverso detalle que se oculta en cada recuerdo, en una narración al más puro estilo de la tragedia shakesperiana, en la que el destino y la fatalidad se abrazan rumbo al desenlace.

El teórico de la comunicación, Marshall McLuhan, entendía a los “medios” como extensión del hombre, concibiendo así a los artefactos de lo cotidiano, como modos de potencializar cualquier habilidad intrínseca a la naturaleza humana. Acercarse a The Entire History of You a partir de los establecido por Mc Luhan, nos permite pensar en los “efectos” que el teórico canadiense describía, argumentando que las sociedades se transforman a partir de la tecnología, para posibilitar o inhibir nuevas transformaciones sociales. Si bien los artefactos pueden potencializar nuestras habilidades, también podrían potencializar nuestros demonios, incluyendo los deseos más atroces. La zona oscura es su perjuicio, uno que, al parecer, casi todo estamos dispuestos a pagar.

Vivimos pisando la línea. Somos parte del paradigma que se construye cotidianamente y muta con enorme velocidad, la misma velocidad que experimenta el desenfreno y los procesos de producción propuestos por la industria de la tecnología, en una versión de humanidad 3.0, sociedad en red, repleta de artefactos que hacen de nuestra interacción social, un campo volátil al momento de intentar describirlo. ¿Será que aquello que surgió para facilitar la vida del hombre, ahora puede jugar en su contra? Brooker incide en este punto y logra, dentro de la ficción, crear una distopía ligera, apenas perceptible, en la que podemos sentirnos incómodos, pero no ajenos, pues involucra nuestras pasiones, nuestras resoluciones y nuestros miedos.  Todo aquello que nos fascina, nos aterra de algún modo.

Así, se construye la reflexión final, esa que incide en uno de los ejes temáticos que subyacen en la premisa de todos los capítulos de esta primera temporada, retratando la cara más hostil de la relación hombre-máquina, mientras nos muestra las terribles consecuencias de la exagerada intromisión de la tecnología en la vida privada de las personas. Si bien es cierto que la historia no se plantea dentro de nuestra realidad, sino una muy parecida, es muy fácil reconocer las similitudes que nos tienen apenas a un paso de escenarios sólo posibles dentro de la ciencia ficción, pero que no por ello dejan de confrontarnos, pues cuando el capítulo termina y la luz de nuestro dispositivo móvil, computadora o televisión, se esfuma, quedamos ante la oscura reflexión de nuestra forma en el monitor.

¿Te reconoces? ¿Reconoces tus obsesiones? ¿Reconoces tus horrores? ¿Reconoces tu forma de amar? ¿De qué lado de la pantalla estás? Ya no puedes ocultarte.

Black Mirror puede verse en Netflix.

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