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Pulp Fiction, crítica

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Por Ernesto Rizo

Un rompecabezas de Tarantino

Luego de filmar Perros de Reserva, que se convirtió en una película celebrada por gran parte de la crítica, y de que comenzara a rendírsele el culto que perdura hasta nuestros días, el intrépido director Quentin Tarantino se facilitó el camino para crear la que el que escribe considera su obra maestra: Pulp Fiction (consideración con la que sé, muchos estarán de acuerdo). Dicha facilidad se verifica en el hecho de que Tarantino tuvo la posibilidad de conjuntar un reparto impresionante para que diera vida a los nuevos increíbles personajes de esta historia que se nos presenta como un rompecabezas. Todos extraídos de un guion impactante, que se convirtió, gracias al exquisito trabajo cinematográfico de todo el equipo conjuntado por este director, bajo su particular estilo de dirección lleno de genialidad, en una de las muestras fílmicas más poderosas de su tiempo, y, con los años, una de las cintas imprescindibles de la cinematografía mundial.

Pulp Fiction se constituye como un todo conformado por distintas piezas que se nos van poniendo “en desorden” ante la vista y que hay que acomodar mentalmente para aproximarse a la gran obra final. Es un rompecabezas en su estructura narrativa, dado que la insistencia del director de alejarse de la linealidad para contar sus historias se acentúa en esta película: lo que había ejercitado en Perros de Reserva, en esta cinta se lleva a sus extremos; lo que, si bien, podría considerarse un mero capricho de jugar con la formalidad narrativa, también es un gesto que impulsa y proyecta la magnitud de lo que se presenta.

Tarantino teje un conjunto de historias superponiéndolas en distintos puntos de la línea temporal única, y que guardan una relación entre todas, pues se trata de las anécdotas de un conjunto de tipejos que trabajan para una célula de la mafia controlada por Marsellus Wallace (Ving Rhames), y las personas que por alguna casualidad se atraviesan en el camino de estos excéntricos personajes.

Como dije, el reparto es impresionante y ninguna de las actuaciones puede demeritarse: cada una encaja con perfección como el ingrediente necesario para la receta exquisita con la que se elabora esta película.

Siendo una de sus características más reconocibles, la trasgresora estructura narrativa, no es, sin embargo, lo más importante en el conjunto de los elementos que conforman la grandeza de Pulp Fiction. Habría que decir que su primera gran virtud radica en el guion, que, confirmando la genialidad de este director, se constituye como una obra violenta, divertida, provocativa, subversiva incluso, conformada por situaciones que en el filo del peligro, la casualidad, el azar y la monotonía que se rompe de las vidas de los sujetos de la historia, se van sucediendo impulsadas unas por otras hacia resoluciones que en ocasiones son tan absurdas que nos dejan con esa sensación de perversa satisfacción ante la naturaleza “oscura” del ser humano, y las cosas que dicha naturaleza puede verificar en una realidad que, desde luego, en la visión de Tarantino, es salvaje, difícil de ordenar aunque las muchas maneras de normar estén ahí: el desorden en la estructura narrativa y el desorden que impera en cada situación constituyen la lógica del filme: un rompecabezas, que toca al espectador armar, y que armado nos presenta una imagen que se aleja de ser un amable reflejo del ser humano. Lo que hace Tarantino, pues, es retratar una realidad que sus ojos han visto, pues tal como ha dicho: la violencia en sus filmes es sólo el reflejo de su mundo, es decir, nuestro mundo.

El guion además es una intensa verborrea de sujetos con personalidades tan enigmáticas como absurdas, contradictorias, es decir, humanas: guiadas por sus deseos, que se confunden entre la ambición por el dinero; los abusos de sustancias; la sexualidad que palpita en cada instante; la violencia que se desborda consecuencia de la estupidez de alguien; la forma culposa en la que disfrutan la vida, la comida, el baile y la bebida, y, en fin, la barbarie que constituye su naturaleza: su humanidad. Cada línea es de una precisión aplaudible.

Luego, la cámara es dinámica y precisa, como la mente del director. Es perfecta con el juego orgánico de estos personajes que danzan por el mundo, como animales que han escapado del zoológico y que por lo tanto no conocen límites porque han olvidado las rejas, y que se azuzan entre sí, acercándose y alejándose en el  juego que nuestro morbo nos lleva a disfrutar: somos partícipes y cómplices de su locura. Su destino funesto es diversión para nosotros que vemos, pues la intención de Tarantino, al hacer cine, siempre ha sido esa: divertir entreteniendo, a la vez que mostrando con toda dureza las radiografías que toma de cada tiempo sobre el que reflexiona. Divierte, y su humor negrísimo, revela.

Hay un maletín que brilla desde el interior (del cual nunca sabremos su contenido) y que detona todo el conflicto; hay armas, desde pistolas pasando por cuchillos, katanas y otras extravagancias; hay autos que se salpican de sesos y sangre; hay cafeterías amenazadas por la locura de dos amantes criminales; hay baile clásico y sobredosis; sangre, golpes y heridas, encima del ring y en la calle; hay motocicletas y autos que miran desde sus cajuelas; hay perversidad;  tributos a la cultura del surf; magníficas mancuernas entre los actores (Thurman y Travolta; Travolta y Jackson); hay extravagancia “tarantinesca” pero también tratamiento fílmico muy fino; tenemos uno de los mejores soundtracks de la historia; hay genialidad pura; belleza del cine que estila hacer uno de los directores más innovadores de las últimas décadas. Todo lo que conforma una obra que, en género, es inclasificable. Que en intención es inmensa: contiene tantos temas sobre los que es posible reflexionar que, sin exagerar, puede considerarse como una de esas obras totales que, por ejemplo, en literatura, suelen marcar tendencia y que se convierten en influencia para muchos; inspiración para todos.

Hay, en fin, un texto incompleto aquí, ante la imposibilidad de abarcar en pocas líneas la maravillosa quintaesencia de un filme perfecto.

¡Viva Pulp Fiction; viva el cine!

Pulp Fiction, EUA, 1994. Dirección: Quentin Tarantino. Guion: Quentin Tarantino y Roger Avary. Actuación: John Travolta, Uma Thurman, Harvey Keitel, Tim Roth, Amanda Plummer, María de Medeiros, Ving Rhames, Eric Stoltz, Rosanna Arquette, Christopher Walken y Bruce Willis. Fotografía: Andrzej Sekuła. Montaje: Sally Menke. Duración: 152 min.

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