Cinevive Colaboran Juan Manuel Arraiga Juego de Tronos Series de TV Temporada 2

Juego de tronos, temporada 2, un acercamiento

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Por Juan Manuel Arriaga 

El ascenso de un rey bastardo y de un general inexperto

Para juzgar una película, serie o libro, utilizo una técnica: si es una mala creación literaria, los aspectos del bien y el mal recaen en personajes identificables como héroe y antagonista, respectivamente; si es una buena trama y un argumento sólido, las acciones de quienes intervienen en ella no están polarizados hacia tales aspectos, sino que surgen con el mismo desenvolvimiento del personaje en turno, tal como en la tragedia clásica de la que tanto tomaron referencia Aristóteles y Horacio. El caso de Juego de Tronos sigue la norma clásica de manera muy, muy interesante, porque no adopta una postura “política” que nos conduzca hacia una valoración sesgada del bien y el mal, sino que más bien emplea los recursos adecuados que siguen lógicamente de su diégesis literaria. ¡Esos detalles hacen todo un mundo de diferencia! Juego de tronos, a pesar de ser una franquicia de evidente representación ficticia, no falsifica la realidad al modo bipolar, poniendo de un lado el bando antagónico y del otro al protagónico.

Inmediatamente después de la penosa e inesperada tragedia que cayó sobre la familia Stark, las distintas vicisitudes argumentales llevan a uno de sus miembros, Robb Stark (Richard Madden), a salir en una campaña militar que busca la justa retribución del daño cometido. Un espectador entiende el enojo que produce la injusticia que acaba de cometer Jeoffrey (Jack Gleeson), un sádico rey que de algún modo nos recuerda los históricos monarcas que se convirtieron en símbolo de excesos y maldad (Calígula, Cómodo, Enrique VIII, Mao), pero que en el fondo guardan esa debilidad tan característica de personalidades disfuncionales. En el caso de Jeoffrey, se trasluce la cobardía y el temor de la sublevación, ya que en realidad es un rey receloso, con un patético carácter narcisista que pretende ocultar las faltas morales que le impiden ser gobernar adecuadamente. Es por ello que, al verse acorralado por el ejército del norte, comandado por Robb, su desesperación lo obliga a crueldades desmedidas, como si de campañas políticas se tratara; o también, cuando se tiene que enfrentar por mar a la flota de Stannis Baratheon (Stephen Dillane), quien pretende arrebatarle el trono, termina por huir cobardemente, dejando la defensa de la ciudad en manos de un general más competente, al menos intelectualmente: Tyrion Lannister (Peter Dinklage), quien termina por vencer a las tropas de Stannis.

Del otro lado del mundo, más allá del mar intermedio, la reina Daenerys (Emilia Clarke), dirige a una nación bárbara junto a dos consejeros sabios y un trío de dragones que acaba de sacar del fuego; Madre de dragones es ahora el epíteto con el que se le conoce a este personaje tan interesante, a esta reina sin rey, a esta mujer que el destino se ha encargado de colocar en una posición vulnerable, pero cuya sagacidad y fortaleza interna le han permitido granjearse alianzas poderosas. Con el paso del tiempo, la trama nos hará saber de su gran espíritu y será capaz de demostrar sus múltiples facetas en el terreno de la política y la guerra.

Sola, en el centro del vórtice bélico y político, queda ahora una mujer: Cersei Lannister (Lena Headey), quien no sólo fungirá como la antagonista de la trama, sino que se encargará de preparar el camino, gracias a su olfato maquiavélico, para los subsiguientes enfrentamientos que tendrán lugar en la capital de este mundo paralelo.

De entrada, hay una innovación técnica de esta segunda entrega televisiva con respecto a su predecesora: la batalla. Conocemos la guerra en su aspecto funcional, con todo el enorme montaje que nos prepara para el espectáculo. La primera gran batalla es por mar y su desarrollo pone la vara muy alta en cuestiones de recreación bélica, además de que define los aspectos y la forma que tendrán los enfrentamientos armados en las posteriores temporadas. Asedio y defensa, tierra y mar, invasor e invadido… La capital corre peligro, pero es este precisamente el peldaño que todos los asiduos admiradores de Juego de Tronos esperábamos ver, tras que los libros nos enseñaran ya cuán grandiosos son los efectos literarios en las narraciones épicas o las filosofías de la guerra (como al del escritor chino Sun Tzu).

Pero la serie también innova en la calidad de sus efectos especiales: vemos tres dragones al abrigo de la gran Khalessi, mientras las escenas de magia se van apropiando cada vez más del argumento en forma de hechizos y encantamientos, de modo que también con ese rasgo comenzamos a comprender la diégesis de la serie. Cobran importancia también personajes que habían quedado relegados a un segundo plano o, cuando menos, a personajes secundarios en la primera temporada. El caso más resaltable de ello es el de las hijas de Ned Stark, quienes, sumidas en la desgracia consecuente, siguen caminos separados que las llevarán a sufrir largas luchas para garantizar su supervivencia, tanto en el aspecto físico como en el intelectual. Lo mismo sucede con el ya mencionado Tyrion, quien será parte importante de las decisiones que otros personajes tomen; e igualmente su hermano, Jaime Lannister (Nikolaj Coster-Waldau), cobra relevancia al mostrar la dura faceta de la opulencia caída en desgracia, pero cuyo carácter manipulador llegará a poner en peligro incluso la justificación moral de toda la campaña de los Stark.

En el ámbito moralizante, ofuscan el visionado televisivo las escenas en las que la sed de poder mueve a los reyes en turno a considerarse dignos de ocupar legítimamente el Trono de Hierro y, con ello, el dominio del mundo. También los esfuerzos de cada uno por defender la legitimidad de su derecho al poder máximo se suman a las múltiples ocasiones en las que el aspecto etiológico recuerda la retórica clásica que, seguramente, fue parte esencial en la elaboración del guión, ya que podemos rastrear las simientes de una construcción discursiva a partir de los elementos clásicos: la legitimación arbitraria (a semejanza de Lico en la tragedia de Séneca Hércules furioso); la justificación de acciones crueles con base en falacias de autoridad (como los argumentos expuestos en Iphigenia en Aulide por parte de Eurípides); o la justificación de las empresas bélicas de los Stark desde el ámbito jurídico (cosa que recuerda la síntesis de Hugo Grocio con respecto a la exigencia del castigo a los infractores políticos).

Por lo tanto, cual si se tratara de dramaturgia en la que se exponen las gestas heroicas y los vicios del poder, cada personaje a su modo irá descubriendo su destino y nos llevará a pensar que la vida de la corte y de las armas es tan difícil, peligrosa y funesta como nos lo ha hecho creer la literatura y la historia.

Juego de Tronos es una serie original de HBO.

Game of Thrones, Estados Unidos, 2011. Dirección: Thomas McCarthy, Brian Kirk, Daniel Minahan, Alan Taylor, Timothy Van Patten y David Nutter. Reparto: Richard Madden, Mark Addy, Nikolaj Coster-Waldau, Michelle Fairley, Lena Headey, Emilia Clarke, Iain Glen, Kit Harington, Sophie Turner, Maisie Williams, Richard Madden, Alfie Allen, Isaac Hempstead-Wright, Jack Gleeson, Rory McCann, Peter Dinklage. Guión: David Benioff, D. B. Weiss, Bryan Cogman, Jane Espenson, George R. R. Martin, Vanessa Taylor y Dave Hill. Basada en la saga literaria “La canción del Hielo y del Fuego” de George R. R. Martin. Duración: 50 min aprox. (cada episodio).

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