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Psicosis, crítica

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Por Carlos Meneses

El encanto en lo que se esconde

“Imagínense a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Eso es el suspenso.”

Alfred Hitchcock

Cinevive y un servidor, se galardonan de tratar uno de los grandes clásicos del terror, una obra maestra que continúa vigente, además de una película imperdible para todo aquel que se autoproclame cinéfilo. Toca hablar del maestro del suspenso, como muchos lo han bautizado, Alfred Hitchcock; con una de las obras que despuntan indudablemente dentro de su basta filmografía. Hoy hablamos de Psicosis, una de las grandes joyas en la historia del cine de terror, la perla del ocultamiento y la información como manejo de la intriga.

Hablar de Psicosis es hablar del detalle en una cinta que funciona como una maquinaria sin margen de error. Alfred Hitchcock entendió, desde el inicio de su carrera, que el cine era mero entretenimiento, por lo que cada una de sus cintas pretendía mantener al espectador siempre al borde de su butaca. De la obsesión por el detalle y el cuidado escrupuloso de una muy depurada técnica cinematográfica, nace Psicosis una de las películas más influyentes en la historia del cine norteamericano.

La historia comienza con Marion Crane (Janet Leigh) que tras hurtar 40,000 dólares a su empresa, decide huir de la ciudad e ir en busca del hombre que ama y proponerle escapar juntos. Cuando una lluvia torrencial cae sobre la carretera, Marion decide detenerse y pasar la noche en un pequeño motel de paso. El motel es atendido por Norman Bates (Anthony Perkins), un tímido muchacho diluido en la fuerte personalidad de su madre, con quien vive en la casa de a lado. Conforme la noche avance, el Motel Bates tendrá más de una sorpresa para Marion y todas las personas involucradas con ella.

Tanta es la importancia de esta película de 1960, que una infinidad de mitos se cuentan sobre Psicosis, como aquella que nos relata como Hitchcock compró en su mayoría los ejemplares de la novela de Robert Bloch, para así evitar que el espectador se enterara antes de tiempo de cómo concluiría la película. ¿Para qué? Para conducir una cinta que construye la expectativa como el motivo de una historia.

Psicosis, al igual que películas anteriores de Hitchcock como La Ventana Indiscreta (1954), Vértigo (1958) o La Soga (1948); es tensión constante, donde, a partir de los distintos elementos que construyen cada escena, Hitchcock nos involucra en la idea de fatalidad, cuando la música, el gesto adusto y la construcción siempre privilegiada del primer plano, nos inquietan constantemente, pues, fuera  de campo, la sensación de peligro parece concretarse y llegar hasta el espectador en el momento menos esperado.

El manejo de la cámara contribuye en este aspecto, montando el plano adecuado en el momento justo, siempre con una cualidad expresiva. Un claro ejemplo de esto, es la escena de la ducha, una de las más icónicas en la historia del cine. La escena de 3 minutos, consta de 50 planos, y la consecución de los mismos, nos dan una clase de maestría en el montaje, tanto a nivel visual, como sonoro; la musicalización de Bernard Herrmann, con violines chirriantes y esquizoides, complementan una escena impactante. Psicosis construye un momento inédito, pues la violencia en pantalla confabula con el golpe visual y auditivo que la escena representa de una forma espectacular, misma que reta y apela a la mirada del espectador.

Las actuaciones son redondas, correspondiendo al extraordinario trabajo actoral y la pulcra y obsesiva dirección de Hitchcock que, a partir de la dirección actoral, muestra el gen perfeccionista que caracteriza su cine.  Cada personaje construye un eslabón, ya que Marion Crane y su viaje, son sólo un conducto para llevarnos a conocer a Norman Bates, que resultará finalmente el personaje principal de nuestra historia. ¿Matar al personaje protagónico a mitad de la película? No hay problema, al contrario, es un hecho impactante en la historia, mismo que permite jugar posteriormente con la mente del espectador, ¿será que el mal triunfará?, después de lo presenciado, la película permite acercarse a esta pregunta. Una revolución absoluta en la representación de los personajes principales en el cine norteamericano.

Psicosis es una película provocativa desde donde quiera ser vista. Una cinta que sacudió a la gente de su butaca, para después partir con ella al salir de la sala, todavía taladrando en su conciencia. Tal es la repercusión de estos 109 minutos, que inauguró el género slasher; ha sido motivo de múltiples remakes, e incluso series de televisión; pero por encima de todo esto, inventó una formula reproducida de manera infinita en casi todo el cine de terror que se ha producido después de su estreno.

Tenemos el mal representado en pantalla, a partir de temas que en su momento y hasta el día de hoy, continúan siendo un tabú en la sociedad norteamericana. La existencia recurrente de asesinos seriales, el travestismo o el complejo de Edipo; todo como una muestra representativa del enfermo corazón de los hogares americanos que, detrás de la máscara de alegría y suficiencia, padecían todavía los estragos de la Posguerra, donde los niños de aquella generación, eran adultos ahora perturbados, con hogares rotos y aspiraciones a veces inalcanzables.

Existe la frustración aquí, de este sentimiento la cinta se motiva, pues Marion Crane, roba no por malicia, sino por que no encuentra una forma distinta de revertir la realidad insatisfactoria en la que vive, misma que le impide estar con el hombre que ama. Aquí comienza la locura, el acto arrebatado que cambia la vida de nuestros personajes y que nos conduce a la representación de un sinfín de prejuicios morales encarnados en un solo personaje: Norman Bates, el símbolo depurado de la perversión y la maldad.

Todo esto es Psicosis, una muestra de cine en su estado puro, donde la focalización (lo que el espectador conoce o desconoce respecto a los personajes de la historia), maneja la información como una perla preciosa que poseemos y nos hace pensar que conocemos la totalidad de lo representado en la historia, todo para al final devolvernos a nuestra ignorancia con un final completamente inesperado. El encanto en lo que se esconde, es la razón de su permanencia, su actualidad y el reconocido espacio de Psicosis entre las mejores películas en la historia del cine.

El cine no te crea ni te destruye, ¡te transforma!

Psycho, Estados Unidos, 1960. Dirección: Alfred Hitchcock. Guión: Joseph Stefano. Adaptación de la novela de Robert Bloch. Fotografía: John L. Russell. Música: Bernard Herrmann. Actúan: Janet Leigh, Anthony Perkins, Vera Miles, John Gavin y Martin Balsam 4 Nominaciones al Óscar en el año de 1960: Director, Actriz Secundaria (Janet Leigh), Fotografía y Dirección Artística. Duración: 109 min.

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