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Black Mirror: Nosedive, comentario

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Por Ernesto Rizo

Imaginemos el futurooscuro

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La tercera temporada de Black Mirror es producida ahora por Netflix, el nuevo gigante del entretenimiento mundial. Ha entregado seis capítulos y, si bien estos nuevos ya no tienen la armonía de los capítulos pasados, en cuanto al discurso estético y discursivo (uno más cerrado sobre sí mismo), la imagineria de Charlie Brooker se ha expandido, creando otros mundos y situaciones posibles en dichos mundos, en futuros cercanos y medianos, en la misma línea de una visión distópica para el futuro de un planeta en el que la tecnología está en todos lados, dominando cada aspecto de la vida cotidiana, es decir, ahora tenemos una Black Mirror que muestra las extensas posibilidades del futuro imaginable… Uno muy oscuro, debajo de los espejos negros que podremos ver en todos lados.

Nosedive es el primer episodio de la tercera temporada y es una visión realmente dura de la interacción social en el futuro, una en la que participan las personas y siempre, en medio de cada interacción, un teléfono inteligente. A través de una red social súper avanzada, híbrido entre Facebook e Instagram, los seres humanos suben fotos y van ganando puntos u otorgan puntajes cada momento inmediato posterior a una interacción “real” con otra persona. Charlie Brooker, con oscuro sentido del humor, sin embargo, dibuja a los personajes, los seres del futuro, dominados por las apariencias, como maniquíes que se desenvuelven a través de muecas, gestos, movimientos preestablecidos, casi pre-programados, similarmente a como hiciera Kubrick en 2001: Una odisea en el espacio.

En dicho entorno, Lacie (magnífica Bryce Dallas Howard) comienza a obsesionarse con la idea de tener un mejor puntaje para formar parte de los seres de élite (quienes tienen más de 4.5), detonado ello por su deseo de comprar una casa en una zona muy exclusiva (lo que sólo le es permitido con un alto puntaje). La posibilidad de asistir a la boda de una amiga a la que no ve desde hace mucho (Alice Eve), quien se relaciona con pura gente de alto puntaje, es la oportunidad perfecta para el cometido de Lacie. Pero, como nos tiene acostumbrados esta serie, todo comienza a salir mal. Muy mal. Todo se va en picada.

El capítulo posee una producción impecable. El lenguaje cinematográfico que maneja es latente. Su contrucción está pensada para mostrar en los primeros minutos una vida cuasi utópica del futuro en el que la tecnología nos otorga satisfacción (los movimientos de cámara y la música, sutiles ambos, nos adentran con suavidad al capítulo), y conforme avanzan los minutos la atmósfera anímica se transforma para irnos revelando los aspectos sombríos de un mundo dominado por las apariencias, por imágenes, por espejos tecnológicos, por, incluso, un capitalismo anclado en el híper-desarrollo de la tecnología (porque sí, Brooker parece sostener la tesis de que el capitalismo se perpetuará e incluso funcionará de forma más eficaz con las nuevas tecnologías [además es puntual la visión del autor al mostrar que varias industrias no dejarán su poderío, como la automovilística —no dejan de aparecer autos con neumáticos— y la de los videojuegos]).

La alta definición del episodio y sus colores pasteles contrastan pero acentúan la locura que absorbe a Lacie en un espiral hacia abajo de pérdida completa de identidad (¿o ganancia de ella?)… Disfruten, si es que se puede con una serie y un capítulo tan lapidario como este (lloren al ser conmovidos por una estupenda actuación de la protagonista, mejor debería decir), y soltemos el teléfono inteligente un momento, pues qué miedo tenerlo en nuestras manos todo el tiempo, como si fuera una extensión de nuestros brazos.

Además, otro de los aspectos más destacables del episodio es que permite una reflexión sobre la corrección política imperante, o que pretende imperar en nuestro tiempo: una tendencia hacia los comentarios y las actitudes positivas para con los demás, que permiten, o parecen permitir, una mejor interacción social, pero que también ocasiona una creciente tendencia hacia la hipocresía discursiva, dado el exceso de cuidado en las palabras y las actitudes. Black Mirror nos hace recordar también la importancia de la honestidad y de la grata y fructífera actividad de cuestionar modelos preestablecidos. ¡Fuck You!

La tercera temporada de Black Mirror ya está disponible en Netflix.

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