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Un cadáver para sobrevivir, crítica

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Por Ernesto Rizo

Vamos a jugar a la muerte

1. Un cadáver para sobrevivir bien podría ser una tétrica historia de terror en el interior de un bosque, pues la historia que cuenta es la de un hombre llamado Hank (Paul Dano) varado en una isla desierta (o eso parece), que poco a poco va perdiendo la razón, hasta intentar suicidarse. Bien podría ser que lo que sucede luego de que al intentarlo, encuentra un cadáver a la orilla de la playa, de un hombre que viste traje (Daniel Radcliffe) y que no para de lanzar gases, dado su proceso de descomposición, sea una oscura narración de un hombre loco que convive con un cadáver y lo manipula a un grado de psicopatia propia de quien ha perdido todo anclaje con su realidad. Podría ser vista así, tétrica y terrorífica, pero en cambio, partiendo de un guión de extravagancia latente, Dan Kwan y Daniel Scheinert dirigen una comedia dramática loca (que se quiere alejar de todo torpe estándar del género con ácido humor), pero hermosa. Conmovedora en su tetricismo.

2. La trama suena tétrica hasta el momento en que se menciona que el cadáver comienza a recuperar la vida, aunque permanece siempre torpe, en estado casi vegetativo, pero con cualidades casi-superheróicas, y dichas cualidades ayudan a Hank a recuperar la esperanza y buscar el camino de regreso a casa. El pene del cadáver es una brújula y sus flatulencias lo hacen funcionar como un transporte de propulsión. Arroja agua como un bebedero o sirve como metralleta. La película imagina múltiples posibilidades de uso de un cadáver y llega a lo grotesco.

3. En lo grotesco la cinta encuentra el mejor anclaje para su comedia. Es políticamente incorrecta, es ácida. Su comedia recubre temas tabúes como la muerte, la sexualidad, la masturbación (un diálogo increíble), y, buscando el reverso de la trama, la homosexualidad, el travestismo; desde luego se estaciona en la soledad para sus estocadas más certeras, para su parte más conmovedora, y roza incluso (si uno se introduce de más en lo metafórico del reverso de la comedia, es decir, la historia tétrica), la necrofilia.

4. Una película actual responde a los formatos audiovisuales de este tiempo, y en ese sentido Un cadáver para sobrevivir se mantiene justo en el punto necesario para una audiencia actual, a la que incluso le es difícil tratar los temas tabúes descritos. Las referencias a Netflix o a Instagram no son gratuitas. La descripción de un personaje solitario que viaja en camión absorto en su música no es sino la referencia a un tiempo contemporáneo en la vida de las urbes.

5. La soledad es el gran tema de la cinta. Todo lo demás sirve para construir una historia de mucha imaginación con un lenguaje cinematográfico que se cierra con brillantez sobre sí mismo. La soledad de un personaje que se sabe extraño, ajeno al mundo. ¿La isla no será tan sólo la metáfora del mundo? ¿El cadáver no será más que una metáfora (ésta mas dura sobre nuestro papel de muertos vivientes en una vida sin sentido)? Juega con ello un guión que por momentos quiere volverse hacia lo metalingüistico cuando se habla de la creación de una película en la misma y cuando, de hecho, dentro de la película se superponen historias a la manera de otros filmes.

6. El sentido de la historia, o su sinsentido, se convierte, con el muy eficaz lenguaje cinematográfico, un montaje virtuoso, en un viaje muy alucinante que nos muestra con mucho humor (incorrecto casi siempre) la convivencia de la vida y la muerte en una danza que perdurará hasta el final de los tiempos, pero que los seres humanos hemos dejado de considerar como parte de la naturaleza humana. Lo muerto se llega a confundir, como sucede en la película, con la basura. Y si bien, así lo ha establecido el sistema de deshechos del mundo, lo orgánico es parte del mundo: uno de los diálogos más poderosos de la película refiere cómo al morir no seremos más que mierda que se mezclará con otras mierdas para ser alimento de algo más y pasar a ser mierda en círculo constante.

7. Una fiesta, luego de un montaje de escenas idílicas, llevan al clímax la que es quizá la reflexión más importante de la película: el amor por la vida misma. El camino a través del cual el cadáver de un Daniel Radcliffe (que además muestra plausibles dotes actorales [haciéndonos saber que su carrera apenas comienza después de Harry Potter y con películas atrevidas como ésta]), va aprendiendo a vivir, es la parte más poderosa de la cinta, una incluso aspiracional, de enseñanza, de “mensaje” para una generación que paradojicamente recibe muchos de éstos mensajes, pero que se quedan en el terreno de la superficialidad, pero acá, de mejor forma, desde la incorrección.

8. Un cadáver para sobrevivir es una película inteligente. Conmovedora (la música es el vehículo de mayor fuerza para eso… conmover) y muy divertida a la vez. De lo mejor de este año y que se suma a lo mejor del cine para esta generación indolente. Una estocada a la indolencia aquí.

De cine está hecha mi vida.

Swiss Army Man, EUA, 2016. Dirección: Dan Kwan y Daniel Scheibert. Guión: Dan Kwan y Daniel Scheibert. Actuación: Paul Dano, Daniel Radcliffe, Mary Elizabeth Winstead. Fotografía: Larkin Seiple. Duración: 97 min.

 

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