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La llegada, crítica

LallegadaCinevive

Por Carlos Meneses

Ecos

Una mañana, y de una forma completamente inesperada, naves extraterrestres comienzan a llegar a la Tierra, lo que sume a la humanidad entera en un solo cuestionamiento: ¿cuál es su propósito? Los altos mandos militares contratan a una experta lingüista, la Dra. Louise Banks (Amy Adams), para intentar averiguar si la intención de los seres de otro mundo es amenazante o conciliadora. Conforme Louise aprende a comunicarse con los extraterrestres, comienza también a experimentar flashbacks extremadamente realistas que llegarán a ser la clave que dará significado a la verdadera razón y gran misterio de esta visita extraterrestre.

La llegada posee argumentos técnicos incuestionables, con una fotografía y diseño sonoro que verdaderamente llaman la atención. Las sombras dominan el cuadro, con entornos que dan la impresión de que podrían ser siempre un poco más luminosos y, sin embargo, se conservan en una gama de tonalidades frías y paisajes sonoros que construyen la sensación de sumergirse en un túnel profundo, lleno de sonidos metálicos y reverberantes. Lo anterior funciona para la totalidad de la obra, pues le permite a su discurso construir desde la solemnidad y no desde la necesidad de conmovernos a través de artilugios que hagan de la cinta algo sensacionalista con miras a caer en un innecesario sentimentalismo. Por el contrario, es una pequeña historia, incluso intimista, que no pretende ser aparatosa y encontrar en el asombro de lo impensable, su mecanismo de supervivencia, sino privilegiar la necesidad de contar una historia, poniendo un particular esmero en la forma en que ésta se cuenta. Además, la cinta no olvida que se encuentra en los terrenos de la ciencia ficción, aspecto en el que tampoco decepciona, incluso propone, alejándose de la ya recurrente representación de seres de otro mundo, optado por imprimir en ellos una fisiología menos humanizada.

Acá, Amy Adams entrega la que muy posiblemente sea la mejor actuación de toda su carrera, interpretando a una mujer fuerte e independiente, capaz de sobreponerse al escepticismo científico y la fuerte presión gubernamental, reiterando la forma que el cine ha construido en los años más recientes, empoderando a la mujer a través de un discurso conciliador que ratifica la importancia de su papel dentro de la sociedad. Adams sabe cargar ese peso sobre sus hombros, con una actuación por momentos contenida, otros tantos desbordada de pasión, con la locura y la curiosidad indispensables para generar alguna especie de transformación y modificar los estrictos paradigmas científicos que nos han hecho creer que nuestra palabra es una verdad universal.

En el subtexto de la cinta, hay un muy interesante tratamiento de la importancia del lenguaje como fenómeno social y cultural, incidiendo, finalmente, en un problema comunicativo, que da luces a los postulados de Noam Chomsky, considerando que la lengua no es una invención cultural, sino un instinto, un órgano, un fruto de la naturaleza y, en este caso, no sólo de la naturaleza humana, sino de la naturaleza universal, trascendiendo ésto los confines de la Tierra.

El mayor mérito de la cinta de Villeneuve, es cuestionar nuestra reiterativa forma de entender el discurso cinematográfico, apostando, incluso por costumbre o condicionamiento, a intuir estructuras narrativas lineales. Si tuviéramos que  representar gráficamente la narrativa de la cinta, nos encontraríamos con una esfera, que puede ser vista no sólo desde un punto de vista que encadena la causalidad, por el contrario, la causalidad desaparece en la maravillosa forma de la paradoja temporal, ingresando en terrenos propios de la metafísica. De este modo, la cinta nos invita a percibir desde la imaginación, evitando la forma clásica  de representación, cosa que Interestelar (2014) buscó conseguir hace algunos años. Por lo mismo, la analogía es perfecta en la representación pictórica del lenguaje escrito alienígena que la cinta presenta, pues no estructura su lenguaje de forma lineal, sino más bien cíclica. La persistencia en la forma, el punto que se desplaza en el espacio hasta llegar a sí mismo, formando la figura que asemeja la perfección. ¿Es posible entender el tiempo de una forma no lineal? He ahí la cuestión.

Recuerda también al mito de la Torre de  Babel, aquella que dividió a los hombres y los hizo distinguirse entre ellos con la formación de las distintas lenguas que dieron origen al concepto diferencia. A partir de esta interpretación, fluye el discurso y postura política de La llegada, uno muy importante, pero sobre todo oportuno, para tiempos de intolerancia y radicalismo, en el que los nacionalismos parecen volver a surgir, acompañados de líderes carismáticos, de personalidad tiránica. Un mundo que, retorciéndose en su cerrazón e inexistente empatía, puede encumbrar a un personaje como Donald Trump a la silla presidencial del país más poderoso del mundo. Villeneuve deja un mensaje muy claro, sin la colaboración de las naciones y el entendimiento de nuestra unidad como especie habitante de un planeta en proceso de desgaste, será imposible preservarnos como humanidad y afrontar los problemas que nos aquejan, sin importar nuestro color de piel, la nacionalidad o religión que profesamos.

La llegada es una cinta completa, que sabe encontrar en el equilibrio de forma y contenido, una de las mejores películas que he visto en el año. Es una forma reiterada que en su vaivén, te deja con esa extraña, pero muy necesaria sensación, que te hace darle vueltas a la cinta una y otra vez, aún después de salir de la sala y emprender el rumbo. En una palabra, la cinta es un eco muy importante para el cine. Eco de la ciencia ficción clásica y la maestría al momento de filmar y sentir. Eco de su propia voz, que se reitera en una estructura narrativa imaginativa y poco predecible. Eco de un mundo que presa del egoísmo, perfila su destino a zonas lúgubres, llenas de tardes sombrías y calles manchadas de sangre. Ante un mundo sordo que no encuentra más sustento ideológico en una ciencia desprovista de humanidad y una política insensible al clima social y las texturas espinosas del entorno, el cine, este cine, puede ser una de las últimas respuestas.

El cine no te crea ni te destruye, ¡te transforma!

Arrival, Estados Unidos, 2016. Dirección: Denis Villeneuve. Guión: Eric Heisserer. Fotografía: Bradford Young. Música: Jóhann Jóhannsson. Actúan: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg, Mark O’Brien, Tzi Ma, Nathaly Thibault, Pat Kiely. Duración: 116

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