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Animales fantásticos y dónde encontrarlos, crítica

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Por Juan Manuel Arriaga 

Una cinta que cala (inesperadamente) en lo político

Si somos honestos, el metaverso de Harry Potter es una franquicia que ya tiene vida propia. En él hay momentos de gran valía que no solamente tienen la intención de entretener a un público ávido de fantasía que crece con el tiempo, quizá para escapar de una realidad tan desoladora como lo es el porvenir de la humanidad.

El triunfo de Donald Trump en los comicios de este noviembre dejó una profunda huella en el panorama político internacional, por lo que las sobreinterpretaciones en ciertos sectores de la población, sobre todo con respecto a la producción artística más reciente, no se hicieron esperar. El cine no fue la excepción.

Muchos creen ver en esta nueva cinta una crítica contra la segregación racial y la intolerancia, cosa que quizá sea cierta si sobreinterpretamos el discurso que plantea la línea general en la que se sitúa esta nueva experiencia fantástica; pero, para mí, este nuevo filme del universo potterense no es más que el producto de consumo de los sectores sociales que más hambre tienen de ficción y fantasía. Son los fans de Harry Potter los que se niegan a ver que su universo perece, como tal vez en su momento los correspondientes al universo de Game of Thrones, por ejemplo, o de la resucitada Star Wars, se negarán a dejar. ¡El cine es negocio!

Newt Scamander (Eddie Redmayne) se alza con el título del prometedor nuevo héroe de esta saga que no deja de redundar en la misma idea de que la magia, como factor desencadenante de una “superioridad” racial mal entendida por los adeptos de J. K. Rowling, es la salvadora del planeta en la medida en que, quienes no la entienden (los muggles), ven en ella una amenaza latente. Es el juego que juega el gobierno con, por ejemplo, el fenómeno OVNI, en el que las expectativas de una realidad inentendible terminan por granjearse la atención de todos. Pero volvamos a Redmayne en su papel de ficción…

La premisa de esta nueva franquicia sigue una directriz algo particular, original digamos. Scamander es un magizoólogo, es decir, un hombre dedicado a la zoología en su acepción críptida, como si de un investigador paranormal se tratara. Su énfasis narrativo, mal justificado para todo lo que entendemos (y que la gente grita) como “el universo de Harry Potter”, nos intenta explicar que, gracias a él, a este solitario hombre, algo excéntrico (un cliché bastante gastado) y carismático hasta lo sumo (como todo héroe de melodrama juvenil), las cosas que ocurren en Norteamérica están rompiendo la tela que separa la realidad de la ficción; se comienza a consolidar, pues, una expectativa clara sobre el futuro de la franquicia y estoy seguro de que sus cartas más valiosas aún las han reservado para las secuelas que se avecinan.

La película apela también a otro tipo de clichés que, a gusto de un servidor, sólo acentúan su frívolo interés por elaborar un producto comercial más que una obra con intereses morales y cuestionamientos políticos: los dos hombres que, pese a la improbabilidad, terminan por volverse compañeros de viaje; las trabas “legales” que se le ponen al héroe para que, una vez que se sobreponga a ellas, el público le conceda el título no oficial de redentor; los nuevos enemigos, salidos (ex machina muchas veces) a raíz de las controversias que la trama parece plantear y que se encuentran siempre, casualmente, en el lugar indicado para contravenir las posibilidades de triunfo del bando protagónico… y un largo etcétera.

Para un cinéfilo, la experiencia de ver Animales fantásticos y donde encontrarlos está cargada de pesadumbre, aunque quizá más de uno podrá hallar momentos sublimes que le harán merecedor de cierto cosquilleo “artístico”, sobre todo porque los efectos especiales, como ya resulta común en estas superproducciones, dan un tono heroico, épico si se quiere, a momentos en los que se juegan los principales movimientos de este ajedrez insólito que nació con la idea de que un mago fuera puesto en la vorágine de una guerra entre las fuerzas oscuras y las claras, entre el bien y el mal.

¿Y las actuaciones? Nada mal, ciertamente, tomando en cuenta que el protagónico lo tiene un ganador del Óscar y que los personajes de reparto lees fueron concedidos a actores con una trayectoria decente en el panorama fílmico. A esto hay que añadir que el guión estuvo a cargo de la autora misma de los libros, por lo que es de destacar que en cierta medida las convencionalidades rentables de una industria tan lucrativa le dieron un espacio creativo que  no se le concede comúnmente a cualquier otro. Igualmente el director de la última entrega de la franquicia de Harry Potter repite esta vez, ahora con la titánica tarea de encaminar una nueva saga al éxito comercial; quizás esto es una garantía de funcionalidad para quienes estén familiarizados con la trayectoria del universo precedente y que fijen su atención en algo más que en la temática carente de un arte al que aspiran cintas elaboradas por verdaderos magos de la cámara.

El mundo del cine necesita de héroes con menos varitas mágicas y con más rebeldía.

El cine es tiempo y de tiempo está hecha la vida.

Fantastic Beasts and Where to Find Them, Reino Unido-Estados Unidos, 2016. Dirección: David Yates. Reparto: Eddie Redmayne, Katherine Waterston, Alison Sudol, Dan Fogler, Colin Farrell. Guión: J. K. Rowling. Fotografía: Philippe Rousselot. Basada en la novela homónima de J. K, Rowling. Duración: 133 min.

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