Cinevive Colaboran Crítica Juan Manuel Arraiga

El gran Lebowski, crítica

ElGranLebowskiCinevive

Por Juan Manuel Arriaga 

Un ruso blanco para Norteamérica 

¿Melodrama policiaco? ¿Western de comedia? ¿Comedia negra? Es difícil encasillar esta fascinante producción de la década de los 90’s. Lo cierto, sin embargo, es que elepíteto de película de culto con el que suelen referirla en la actualidad las más populares reseñas hemerográficas, en las que van incluidas The New York Observer y Empire Magazine no es gratuito. No obstante, a diferencia de Fargo (1996) o No Country For Old Men (2007), películas que fueron un éxito inmediato en la comunidad fílmica de los Estados Unidos, El gran Lebowski tuvo que ganarse, tras francos tropiezos en el inicio de su comercialización, un lugar dentro de los clásicos de comedia de todos los tiempos.

Lo interesante con esta cinta viene por partida doble: posee un reparto hecho a la medida de las exigencias actorales de quienes dan vida a los personajes del guión y también es merecedora de un enorme aplauso por su excelente banda sonora; no hay lugar para un diálogo mejor que el efecto hipnótico que causa el escuchar clásicos country como Looking Out My Back Door (una fascinante melodía de Creedence) u Hotel California entrelazadas en la narrativa de la película.

La trama en general también tiene el mérito de ser un excelente recinto audiovisual de crítica, comedia e irreverencia. Pocas líneas son suficientes para abarcar un argumento que, si bien es complejo, está basado en una idea en particular.

El “Dude” Lebowski (Jeff Bridges) es un cuarentón que se la pasa tomando rusos blancos, fumando marihuana y jugando a los bolos. Está desempleado, nada interesante pasa en su vida y siempre prefiere no meterse en problemas con nadie. Un día lo abordan un par de sujetos pertenecientes a un grupo de “nihilistas” que se empeñan en decir que la esposa de Lebowski está secuestrada. Esto crea una confusión en el personaje protagónico, porque a todas luces él no es quien aquellos pretenden que sea, aunque no lo saben, y porque su evidente muestra de extrañeza pasa desapercibida para sus atacantes. Hay otro Lebowski, el gran Lebowski, un adinerado hombre de negocios con una mujer menor que él, la cual pasa el día entre lujos y pensando en saciar una lujuria que no puede concretar con su marido. El desenlace de este enredo cómico-dramático lleva hasta el descontrol al pequeño grupo de compinches del “Dude” a fin de no verse afectados por el difícil cargo al que por mala suerte se hicieron acreedores. Todo viene narrado en boca de un personaje metafílmico que hace las veces del voice in over propio de las cintas narrativas: el Extraño (Sam Elliot), cuyo atuendo y apariencia ponen en relieve el género con el que muchas veces se da a conocer esta película.

Como se dijo en un principio, es difícil clasificar de manera unívoca a esta cinta, pues contiene varios elementos distintos que dan la idea de ser una mescolanza de géneros más o menos calculables por el tiempo de exhibición en pantalla y por la influencia que tienen en el plan general de la trama. Sin embargo, ello no le sustrae el profundo tono satírico que sale a relucir en las múltiples y variadas escenas por las que se ha hecho icónico este filme. Por ejemplo, el personaje de John Goodman, el intrépido Walter Sobchak, funge durante toda la trama como el amigo inseparable de Lebowski, como una especie de Robin excéntrico y exageradamente patriótico al lado de un Batman cansado de la vida y con problemas de adicción; Sobchak es el tipo de hombre comprometido con los ideales norteamericanos, exaltando siempre las virtudes patriotas y reaccionando de forma violenta ante la más mínima provocación. Tal contraste sólo es posible gracias al manejo de un guión inteligente y la dirección audaz de los hermanos Coen, cuyo sello personal, en materia de ironía y sátira, reluce en la conformación de sus respectivos arquetipos psicológicos.

Algo que es también de resaltar es el ensamblaje del reparto, ya que cada uno de ellos dota de profundidad una cinta ya de por sí cargadamente ácida. Así es que la feminista, el productor de cine porno o el jugador de boliche extranjero permiten un mayor realce de los  mismos criterios raciales, sociales o sexuales que la misma película intenta ridiculizar.

Dentro de lo que cabe, esta cinta podría considerarse incluso racista, pero se trata de una forma bien justificada de elaborar el concepto, porque también a su modo contiene una dosis muy marcada de anti-patriotismo. Los directores supieron jugar muy bien con esta ambigüedad y nos ofrecieron una de las comedias modernas más exquisitas del cine norteamericano.

Uno se lo pensaría dos veces, luego de ver esta película, antes de desear tener a un Lebowski o a un Sobchak de amigos.

El cine es tiempo y de tiempo está hecha la vida.

The Big Lebowski, Estados Unidos, 1998. Dirección: Joel e Ehtan Coen. Reparto: Jeff Bridges, John Goodman, Julianne Moore, Steve Buscemi, Phillip Seymour Hoffman. Guión: Joel e Ethan Coen. Fotografía: Roger Deakings. Duración: 118 min.

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