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Bellas de noche, crítica

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Por Carlos Meneses

Cuatro décadas después de ver sus carreras diluirse en lo efímero de la fama, Lyn May, Rossy Mendoza, Olga Breeskin, Wanda Seux y Princesa Yamal, cinco de las vedettes más importantes en México durante los setentas y ochentas, nos cuentan de viva voz la historia de sus vidas. Reflectores, excesos, escenarios y la mirada de un sinfín de caballeros, acompañó su juventud. Hoy, entradas en la vejez, afrontan el olvido con la mayor dignidad posible, sin poder olvidar los innegables privilegios que su profesión una vez les entregó.

El trabajo de María José Cuevas demuestra una enorme sensibilidad al momento de construir a cada uno de sus personajes. El manejo y selección de los fragmentos de testimonios que recopila, construye de manera elocuente la personalidad de cada una de las vedettes, profundizando en la variedad de aspectos que involucran su actualidad. En suma, logra una representación humana que permite acceder de manera empática a lo que ella decide contarnos aquí, logrando una pieza que redondea sus intenciones discursivas y se comunica efectivamente con el espectador.

El documental de ningún modo sería el mismo sin la fascinante recopilación y selección del material de archivo que ilustra la plenitud y glamour que en algún momento, como ellas mismas comentan, las encumbró a los cuernos de la luna, convirtiéndolas en una especie de diosas terrenales, capaces de deslumbrar con su incomparable esplendor. En ese sentido, la labor es excelente, disecciona y corta en los momentos justos, pues el archivo nunca abruma, al contrario, enriquece.

El montaje también es excelente. La forma en que el relato se construye, nos lleva de lo cómico a lo trágico, estructurando un muy particular equilibrio, poseedor de un ritmo que vale la pena destacar. Bellas de noche no se estanca en ningún momento, fluye con la enorme naturalidad que aporta el pícaro desenvolvimiento de las que protagonizan. Además, es notoria la claridad de Cuevas al momento de fragmentar los momentos de su documental, presentando primero la definición popular de lo que ser vedette significa, para después darnos un acercamiento a las protagonistas del documental, construyendo un perfil que presenta primero su ascenso y plenitud, para después mostrar el desarrollo en el tiempo de su personalidad y estilos de vida, hasta concretarlas en las mujeres que hoy se siguen pensando como estrellas, a pesar de la evidente decadencia en que viven. Mirada melancólica de lo que algún día fue y jamás se superó.

De este modo, la cinta construye un extraordinario viaje emocional, una construcción sentimental del pasado y una reflexión, por momentos melancólica, otros tantos vivaracha,  que si bien podría pensarse ridiculiza por momentos a estas mujeres, en realidad desarrolla un perfil sumamente humano, contándonos una historia que habla de la pérdida, utilizando al medio del espectáculo como su escenario y la fama como su motor dramático, uno que se describe fugaz, insostenible. Lo anterior nos permite acercarnos a una sociedad mexicana enamorada de lo extravagante, que privilegiaba las cualidades físicas por encima de cualquier otra virtud o talento, haciendo de la mujer un mero objeto sexual.

En lo que es quizá sea la metáfora más bella del documental, la directora desnuda a estas vedettes, mas no como solían hacerlo en su gran apogeo, privándolas de sus ropas, sino desnudando su humanidad. Bellas de noche nos aleja de la idea plástica de celebridad, para llevarnos a sus espacios más íntimos, en los que ellas existen con sus familias, sus anhelos, acompañadas de los fantasmas que el paso del tiempo ha dejado en sus manías y fascinaciones.

Documental honesto y directo, digno triunfador en el Festival Internacional de Cine de Morelia como mejor largometraje documental mexicano. Lección de vida y cine a la vez. Saber soltar, dejar ir y avanzar, sin obsesionarse con lo que un día fue, es la elección que el documental pretende plasmar. Respuesta a aquella romántica forma de pensar que describe al pasado como el mejor tiempo posible. Pieza humana, llena de contrastes, que nos acerca a lo que algún día fue la cultura del espectáculo en nuestro país, mientras humaniza la mítica figura de celebridad, reduciéndola a su término más simple.

El cine no te crea ni te destruye, ¡te transforma!

Bellas de noche, México, 2016. Dirección: María José Cuevas. Guión: María José Cuevas. Fotografía: Mark Powell y María José Cuevas. Actúan: Lyn May, Rossy Mendoza, Olga Breeskin, Wanda Seux y Princesa Yamal. Mejor largometraje documental mexicano en el Festival Internacional de Cine de Morelia. Duración: 90 min.

 

 

 

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