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Donnie Darko, crítica

Por Diego Vive

Instrucciones para salvar el universo

Partiendo de la idea del tiempo fractal, a veces ocurren “accidentes” que hace que la realidad en la que vivimos se fracture, abriendo universos tangenciales o alternativos. El universo que pensamos como único, real e inamovible, sería en realidad uno más entre universos infinitos, de cataclismos perpetuos, de caos duradero. El colapso se vuelve inminente, y sólo un heroísmo de proporciones épicas podría salvar la destrucción, un heroísmo sin acción ni maquillaje como el de Donnie Darko, personaje que le da nombre a la cinta de culto de 2001.

Ambientada en 1988 en Middlesex, EUA, en mitad de la noche del 2 de octubre, una voz extraña de un ser, mitad conejo mitad humano, despierta a Donnie Darko y lo lleva hasta un campo de golf. Es Frank, el enigmático y siniestro conejo humano, quién ha llamado a Donnie (Jake Gyllenhaal) a evitar el colapso del universo. El asunto no es algo menor: un accidente completamente inverosímil como la caída de un motor de avión en la habitación de Donnie, ha abierto un universo tangencial que amenaza con colapsar el universo primario en 28 días y seis horas. La voz recuerda a la de Thom Yorke cuando en “Airbag” canta “in an interstellar burst, I am back to save the universe”.

Es cierto que desde el nombre, Donnie Darko, ostenta, cierto aire místico, como si se tratara de un personaje de alguna historieta (pienso en Peter Parker, Bruce Banner, Sue Storm, etc…). Sin embargo, Donnie solo es un adolescente ansioso, interesado en los viajes en el tiempo, y con un fuerte miedo a la soledad, que se enamora de Gretchen (Jena Malone), compañera por la que es capaz de convertirse en un ser extraordinario capaz de hacer actos supremos desinteresados.

El superpoder de Donnie consiste en su visión crítica/críptica del mundo que incluso le da el valor para destruir (entendiendo la destrucción como el camino hacia la creación), y enfrentarse a los villanos que rigen una sociedad hipócrita: bullys escolares, un sistema educativo reaccionario y represor de la profesora Farmer, y un gurú de autoayuda que no puede ver al mundo más allá del blanco y el negro.

Donnie Darko resulta tan hipnótica y al mismo tiempo tan enigmática que termina por oscilar entre el thriller psicológico, la ciencia ficción, y el cine fantástico. Hay quién ha querido encontrar en la obra debut de un joven y entusiasta Richard Kelly, referencias al superhombre nietzscheano. También los hay quienes han encontrado referencias a Lynch y su Terciopelo azul. La confusión es  la sensación predominante de una película pensada para crear dudas en vez de disiparlas, para generar incertidumbre, y preguntas que se acrecientan con cada toma hasta llegar a un final incierto, desconcertante.

Sin embargo, más allá de la duda, de los cabos sin atar, y del misterio, lo que ha convertido a Donnie Darko en una película de culto (que pasó sin pena ni gloria por la taquilla y fue recuperada años después en su versión doméstica), es su capacidad de atraernos hacia la idea del multiverso, la relatividad e inestabilidad del tiempo (al más puro estilo Nolan), y hacia la posibilidad de que un adolescente atormentado pueda salvar el universo.

Donnie Darko, EUA, 2001. Dirección: Richard Kelly. Guión: Richard Kelly. Reparto: Jake Gyllenhaal, Jena Malone, Drew Barrymore, Maggie Gyllenhaal, Fotografía: Steven B. Poster. Duración: 113 min.

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