Cinevive Colaboran Crítica Ernesto Rizo Recordando... Star Wars Universos

Star Wars: Episodio VI, crítica

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Por Ernesto Rizo

El no-fin de un fenómeno

Después de que Star Wars se estableciera como un fenómeno revolucionario, llegó la que muchos, durante muchos años (incluso algunos murieron creyendo que así sería), creímos que sería la última película de la saga, sin imaginar que el fenómeno se extendería por el tiempo.

Después de la gran revelación de la saga (el ya conocido lazo padre-hijo), aspecto fundamental que soporta todo el argumento; después de dos películas, de las cuales es difícil determinar una preferencia: mientras la primera llegó hasta la nominación al Óscar a Mejor Película (otras incluidas) y presentó al mundo una de las obras cinematográficas más importantes de todos los tiempos, pasando a formar parte de la cultura popular; la segunda (en realidad, la quinta en la cronología interna de la saga) fue considerada como la más completa, la mejor.

Esta supuesta última entrega, El regreso del Jedi, puede considerarse la más inconsistente en cuanto al ritmo narrativo, pues está claramente “partida” en dos. Quizás la primera media hora de la película no contribuye mucho a que lo narrado tenga la consistencia argumentativa de las anteriores entregas: el episodio cuatro es una linda opereta que abre la saga, desenvolviéndose a buen compás in-crescendo; el episodio V es un excelente punto climático en un aspecto doble, uno espiritual, en el que se nos muestra el entrenamiento del Jedi y la filosofía del maestro Yoda, y otro de impacto, cuando vemos el enfrentamiento contra el lado oscuro, cuya consecuencia es una revelación devastadora.

Cuestión de perspectivas. Para mí, lo que ocurre después de los descalabros de nuestros personajes principales con Jabba the Hutt es, sin duda, la dignísima elaboración de un cierre épico, digno de una historia como la que se nos presenta desde un inicio. Casi-perfecto, si libráramos las inconsistencias. ¿Pero cómo librarlas? El director posiblemente propuso una historia dividida en dos claras partes, una que despista mostrando más peripecias de nuestros personajes, y con ello nos prepara, hacia una segunda que funciona como cierre grandilocuente.

Una nueva estrella de la muerte se construye; la Alianza Rebelde se prepara para la batalla final; nuestros personajes son capturados por Jabba y logran escapar; Yoda revela a Luke (Mark Hamill) el lazo con la princesa Leia (Carrie Fisher): los secretos de la familia Skywalker al descubierto. Todo se va tejiendo poco a poco, la orquesta va desarrollando la opera espacial introduciendo los instrumentos con sutileza. Muchos renegaremos de la primera media hora, pero hay que recordar el sentido humorístico y de aventuras de la saga, hay que tomarlo con calma. Hay que acudir al espectáculo dejándonos llevar, como lo hemos hecho desde la primera vez que nos adentramos al mundo de La guerra de las galaxias y disfrutar la batalla final (que en realidad ya no lo es).

Quien no ha visto la saga, además de haberse perdido un fenómeno que, además de ser influencia de masas, es obra cinematográfica con multiplicidad de lecturas y cargada por todos lados de metáforas que sin duda enseñan… Y los que la hemos visto una y otra vez, debemos atender esta última película según su propuesta: es el cierre épico. Ahí está el paralelismo de batallas: Luke contra Darth Vader y la Alianza Rebelde contra el Imperio. Ahí está el punto más alto en las aventuras de nuestros personajes. Todo puede disculparse después.

Todo estaba definido así. Habíamos visto como la valentía de nuestros personajes principales había conducido a poner fin a la guerra estelar, destruyendo al Imperio, uno de los más terribles en la historia de la cultura popular (funciona cualquier ejemplo que queramos poner, y que sirva de nuevo la metáfora). Fuimos testigos de la intrepidez de los Ewoks, que eran menospreciados por su apariencia y por su bajo grado de “civilización” por las fuerzas imperiales, pero que demostraron ser la poderosa arma de la Alianza. Y es que no solo los Ewoks, sino C-3PO, R2D2, el Halcón Milenario, Yoda y todos aquellos elementos de Star Wars que se presentan viejos, obsoletos, desgastados, arcaicos, etc., son parte de una de las metáforas más importantes de la serie, que nos remite a la magia de los objetos del pasado, a su fuerte carga mística.

Todo estaba definido, y el mensaje de universalidad de Star Wars había sido dado de bella forma. Muchos siendo diferentes podemos convivir en el mismo universo. Y el mensaje de que, con esfuerzo (con ayuda de la Fuerza) y esperanza (una nueva), podemos cambiar el status quo que nos degrada a cada momento también se había implantado hasta lo profundo de las conciencias, no sólo de “frikis” ociosos como uno, sino de todo ser que permitiera abordar la nave y viajar a una galaxia muy, muy lejana.

Todo estaba definido, hasta que las corporaciones dueñas de esta saga universal decidieron expandir un universo y llegar a nuevas generaciones.

Ahora, Star Wars apenas comienza. Pero en 1986, fuimos testigos de una gran épica espacial, de la culminación de un mito, de la historia de un grupo de héroes que salvaron el universo de las garras de la tiranía, sembrando en todos, la semilla de la esperanza.

¡Viva la Fuerza, viva el cine!

Star Wars, Episode VI: The Return of the Jedi, EUA, 1986. Dirección: Richard Marquand. Actuación: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, James Earl Jones, Billy Dee Williams, Ian McDiarmid, David Prowse. Fotografía: Alan Hume. Música:John Williams. Duración: 128 min.

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