The Deuce, primera temporada, reseña

https://www.youtube.com/watch?v=8hgsDYSG-mA

Por Juan Manuel Arriaga

Nueva York, te amo…

Con las calles de la Gran Manzana como escenario, los años 70´s lucen su máscara más ruin, más cruel y más maquiavélica. Mientras los proxenetas gozan de las enormes ganancias que hacen prostituyendo a jóvenes sin más amparo que el desalentador refugio de las populosas avenidas neoyorkinas, mientras en los bares se cuentan las historias de gánsteres, apostadores y oportunistas, los ciudadanos claman por sexo, se convulsionan en el bullicio de fiestas, francachelas y piden a gritos que se termine la tan cruenta guerra que la Unión americana estaba peleando en Vietnam.

Así es esta serie que muestra al desnudo los cuerpos de las prostitutas cuyo único sustento es la cada vez mayor demanda de atractivos placenteros para la comunidad de una ciudad que parece consumirse en placeres mezquinos y dinero fácil. Es una serie, por lo demás, llena de un encanto retro bastante peculiar al estilo de Taxi Driver (1976), pero que se prolonga en esta primera temporada hasta tocar los fetiches más bajos y las calles más corrompidas de ese Manhattan tan sui generis.

Y así, tal como en el clásico de Scorsese mencionado antes, el protagonista es un hombre con una profundidad psicológica tan bien adaptada a las condiciones de la urbe, que no se nos hace difícil identificarlo con el prototipo del héroe de ciudad que, aunque siempre metido en los caminos bajos de la sociedad y codeándose con mafiosos, delincuentes y prostitutas, mantiene su honradez y su dignidad como un árbol azotado por ventiscas. Es por eso que la brillante participación de Vincent (James Franco) nos permite adentrarnos en los pasatiempos más comunes de aquellos días en los que, además de Vientnam, la corrupción y la mafia, las principales preocupaciones de sus ciudadanos eran los placeres venéreos que ofertaban las calles rebosantes de la Selva de concreto.

Vienen a integrar un elenco, junto al mencionado Fanco (quien, dicho sea de paso, interpreta dos papeles en realidad: Vincent y su hermano gemelo Frankie), personajes brillantes con los que la audiencia tiene la oportunidad de empatizar bastante bien: Eileen (Maggie Gyllenhaal), Abby Parker (Margarita Levieva), Bobby (Chris Bauer) y Lory (Emily Meade), por mencionar algunos. Sin embargo, del otro lado, en la otra cara de la moneda están aquellos “villanos”, en quienes la audiencia identifica las diversas caras de la maldad, por tratarse de personajes sin rasgos redentores, diseñados para crear el contrapeso emocional de que toda gran serie es merecedora. La mayoría de éstos son los proxenetas, los policías corruptos, los que gastan su tiempo en detrimento de los demás y que aparecen en la serie de forma recurrente como personajes interesantes de reparto, pero que pueden ser también personajes de ocasión a los que los productores les dedicaron poco más que un cameo en alguna escena que tenía a luces la intención de demostrar la enorme complejidad de la malicia humana y del grado de corrupción a la que pueden orillar los placeres a un ser humano.

Muy al estilo de Juego de Tronos (recordemos que HBO es productora también de la historia creada por R. R, Martin), el ambiente está plagado de una atmósfera de pesimismo intrínseco, como si todo empezara en el momento más oscuro de la época que a la serie le toca contar, para ir, con el paso de los episodios, renovando las vidas de sus personajes, algunas veces para bien y otras para mal. Más aún, se nota una muy marcada intención, durante esta temporada, por mostrar algo más, por preparar un camino para algo más notable, algo que incluso podría documentar, con validez histórica, algunos de los acontecimientos más importantes del pasado norteamericano. Por la premisa de la serie sabemos que se trata del inicio de la industria pornográfica: las luces, las cámaras, la contratación de los actores y la cada vez más incluyente nota de autoridad legal en la materia dan prueba de ello, pero cabe preguntarse: ¿Es toda esa la intención histórica o queda más por averiguar, por reconocer dentro de los límites a los que la franquicia vaya a llegar?

No nos queda más que esperar las sucesivas temporadas para responder a esta pregunta y descubrir los destinos de aquellos hombres de “negocios”, de aquellas cortesanas y acompañantes de la vida “placentera”, de aquellos ciudadanos “honrados”, de aquellos policías “trabajadores”.

Sin embargo, la serie tiene un gran encanto, como ya he mencionado: su principal fórmula para lograr ese atractivo e interés por su argumento es su función estética. Nos deja ser partícipes de los escenarios como si estuviéramos ahí, como si pudiéramos ser testigos de los momentos de algidez o de las situaciones estremecedoras y entrañables (porque las tiene). En el aspecto moral, la serie también brilla por la ausencia de tabúes o prejuicios sobre lo que muestra o lo que no, además de que no se hace líos debatiendo sobre lo políticamente correcto o incorrecto, sino que se limita a mostrar en carne viva la realidad de una época con todo y sus altibajos.

Es por eso que se muestran tan explícitas las escenas de sexo; claro, es un sexo y una desnudez estéticos, pero realmente incisivos dentro del lenguaje cinematográfico con que se cuentan. La serie, si se me permite decirlo así, penetra en el espectador no sólo por la vista y el oído, sino incluso por el olfato, el tacto y el gusto. El olor a cigarrillo y ginebra embriaga los sentidos de la audiencia y hasta los más toscos movimientos de un rodaje para película porno pueden estremecer la piel, porque esa es su intención: excitar los sentidos.

Los personajes que evolucionan y muestran más complejidad que los demás son los de James Franco y Maggie Gyllenhaal. Ambos, aunque sin mucho contacto entre sí, van ganando terreno en sus ambiciones personales y provocan giros de tuerca esperanzadores entre quienes vamos sintiendo cada vez más empatía por ellos.

La serie termina de forma interesante y nos deja con ganas de ver más sobre sus líneas temporales. Habrá que esperar a la segunda temporada para ver cómo el desarrollo de los protagonistas crece y cómo las calles de Nueva York se vuelven a poblar, por las noche, de todos esos personajes que le han dado vida, tal vez desde su fundación.

El cine es tiempo y de tiempo está hecha la vida

The Deuce, Estados Unidos, 2017-. Dirección: George Pelecano y David Simon. Reparto: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Gbenga Akinnagbe, Chris Bauer, Gary Carr, Chris Coy, Dominique Fishback, Lawrence Gilliard Jr., Margarita Levieva, Emily Meade, Natalie Paul, Michael Rispoli. Fotografía: Pepe Ávila del Pino. Duración: 55 min. (cada episodio).

 

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