Una paloma reflexiona sobre la existencia desde la rama de un árbol, crítica

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Por Carlos Meneses

Tarde contemporánea puesta sobre un anaquel

Si nuestro tiempo se pudiera calcar, la imagen resultante de aquel ejercicio sería muy semejante a la “Trilogía viva” de Roy Andersson, una reflexión entorno a nuestro tiempo, la dinámica social y la existencia dentro lo que muchos han terminado por nombrar posmodernidad. Una paloma reflexiona sobre la existencia desde la rama de un árbol (2014) es el engrane final de una trilogía iniciada con Canciones del segundo piso (2000) y La comedia de la vida (2007), una serie de piezas cinematográficas que comparten un sistema de ideas y una estética más cercana a la representación visual de la pintura que la del cine, presentada en viñetas que terminan por desenmascarar la farsa constante en la condición humana de nuestro tiempo.

En Una paloma reflexiona sobre la existencia desde la rama de un árbol, Andersson continúa y culmina el ejercicio que comenzó hace 14 años con Canciones del segundo piso, retratando la metafórica palidez de los que habitamos este tiempo, errantes, melancólicos tantas veces, siguiendo el curso del gran orbe. Todo esto retratado en escenarios de la vida moderna, donde la aparente quietud favorece la reflexión de Andersson y construye una pieza que presenta con una simpleza sorprendente, una pintura que nos acerca a la conciencia del director. Sufrir, cantar, errar, seguir, sonreír, dormir, envejecer, mirar, callar, reflexionar…

La cinta se divide en 3 viñetas, dos particularmente cortas, resueltas en una sola toma, y una última que construye gran parte de la extensión total de la obra. La primera viñeta reflexiona sobre un hombre obeso que, ante el monumental esfuerzo realizado al abrir una botella de vino, encuentra un destino fatal. La segunda, respecto a una anciana moribunda que parece creer posible llevar sus pertenencias al cielo, al momento de morir… sus hijos no estarán muy de acuerdo. Por último, la vida de dos vendedores de artículos para realizar bromas, tristes como ellos solos, pero con la finalidad última de alegrar a los demás… casas, reuniones familiares y oficinas.

La cinta es sumamente atractiva en su aspecto visual y su método de representación espacial. La construcción del espacio insiste en lo que hay tras los muros y ventanas, generando una composición reiterada que no sólo aporta en una cuestión estética, sino en un sentido metafórico, representando el mundo que no deja de fluir más allá de las obtusos muros de nuestro egocentrismo. ¡Como si solo a ti, lector, a mí, escritor, la desgracia se nos apareciera!

El planteamiento incomoda, rompe una idea de “realidad” fílmica, en la que todo lo que ocurre como real, converge privilegiando “la gran historia” que cohesiona y configura la realidad cinematográfica. Pareciera que el mundo se detiene, que todo pasa sólo cuando la historia lo requiere y el resto se mantiene estático. Andersson, por el contrario, cuestiona esta idea en el filme, proponiendo un mundo en absoluto dinámico, donde el drama se mueve, incluso, donde nuestra presencia como espectador no puede llegar mas que ocasionalmente. Dentro de la esteticidad y estaticidad del cuadro, el orbe se mantiene en plural movimiento, invitando a la paradoja del árbol que cae, ¿Hace ruido el árbol que cae cuando no hay nadie para escucharlo? Aquí el árbol nunca deja de caer, aunque nosotros no estemos para escucharlo.

Los personajes son seres abandonados de la idea de “el otro” y, que en un punto aún más trágico, se han olvidado hasta a ellos mismo, perdiendo la conciencia de su ser. Viven una vida que por algún motivo parece serles completamente ajena, desconocidos dentro de sus propios cuerpos. Da la impresión que todos están perdidos en medio de una multitud y, que a pesar de las curiosas semejanzas que comparten, están privados del exterior, ignorando todo lo que les rodea, preocupados sólo por tratar de evitar el inmiscuirse en un fatal devenir.

El guión es en extremo peculiar. La farsa predomina, dictando el tono de la acción, con líneas que, aunque sintéticas, abren la puerta a una completa reflexión de lo cotidiano. “¿Es correcto usar a la gente para tu propio placer?”, o “Si rompemos el orden, el caos reinará”, son un claro ejemplo de ello. Es como escuchar hablar a nuestro tiempo.

Una paloma reflexiona sobre la existencia desde la rama de un árbol es una película que se nutre del mordaz absurdo de lo cotidiano, cómica y trágica a la vez, con referencias históricas, parajes oníricos y momentos que permiten el cuestionamiento de aquello que forma costumbre y se olvida de ser extraordinario. Todos estamos allí, contemplando, como la paloma que se posa sobre la rama para ver avanzar el día ¿Reflexionamos?, seguramente, y es que todos estamos también allí, dentro de la cinta, viviendo ese ya acostumbrado extravío. Somos personajes en alguna de las viñetas, sino es que en más de una de ellas. Estamos allí, expuestos, presenciando una tarde contemporánea puesta sobre un anaquel.

El cine no te crea ni te destruye, ¡te transforma!

En duva satt på en gren och funderade på tillvaron, Suecia, 2014. Dirección: Roy Andersson. Guión: Roy Andersson. Fotografía: stván Borbás, Gergely Pálos. Reparto: Holger Andersson, Nils Westblom, Charlotta Larsson y Viktor Gyllenberg. Premios del Cine Europeo 2015: Nominada a mejor película, director, guión y comedia. Festival de Venecia 2014: León de Oro – Mejor película. Duración: 101 min.

Seguir a @Carlos_Men27

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