Mindhunter, primera temporada, comentario

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Por Juan Manuel Arriaga

Destilar las esencias de la mente

Al escuchar que el nombre del multi-aclamado David Fincher estaría involucrado en esta producción cuyo tema principal no es ajeno al de muchas de sus cintas, no podíamos más que esperar una serie con ese toque de suspenso, dramatizada muchas veces por circunstancias inesperadas, fautora de empatía y catarsis, oscura y siniestra, plagada de diálogos inteligentes y sumamente adictiva. Y eso es precisamente lo que Mindhunter es: una serie brillante.

La premisa es bastante simple y ciertamente muy dada a servirse de clichés: básicamente es la historia de dos policías de características morales dispares y con puntos de vista contradictorios que, por mecanismos inherentes a la trama, terminan trabajando con un mismo objetivo y siendo amigos de oficio. Nada nuevo hasta aquí. De hecho, completan el ciclo argumental todos los dramáticos eventos que acaecen a los protagonistas con el fin de sacarles a relucir el diseño de sus cualidades mientras un montón de problemas, trabas burocráticas y giros de tuerca intentan coartar sus propósitos.

Sin embargo, donde este bloque de 10 capítulos sí parece encontrar el hilo negro de las series policiacas y sobresalir de entre sus trillados cometidos televisivos, es en el mensaje que parece plantear desde un principio y que poco a poco se encarga de demostrar a lo largo de la historia. Tal planteamiento no es otro que advertir en cualquier mente humana los más certeros indicios de desviación, inestabilidad emocional y locura. La locura adquiere muchos matices acá y el retrato de cada forma y estereotipo criminal de una u otra forma se pone de manifiesto.

La serie, pues, intenta ser un bagaje, más que el típico caso por caso clásico, de la cultura criminalística con la que la humanidad y sus leyes han lidiado desde el inicio de los tiempos. Y es en la conducta desde donde el equipo protagónico, integrado por Holden Ford (Jonathan Groff), Bill Tench (Holt Mccallany) y Wendy Carr (Anna Torv), persigue el colosal reto de convertir los testimonios de psicópatas y asesinos despiadados sumamente inteligentes en conocimiento útil para predecir pautas delictivas. Hay que tomar en cuenta que, en el entonces en el que la serie se ubica (los revolucionarios años 70’s), las ciencias forenses y el estudio de la conducta sociópata estaban cargados de prejuicios y no alcanzaban a cubrir aquellas zonas de la mente inexploradas por el rigor lógico la psicología.

He ahí lo maravilloso de esta compleja brecha cinematográfica en la cual alcanzamos a vislumbrar sólo una pequeña parte del versátil y voraz universo en que puede convertirse un cerebro predispuesto a sentir placer a costa del bien ajeno.

Nada despreciable es tampoco aquella visualmente aterradora forma con la que la evidencia de los enigmas mentales se obtiene, como la esencia natural que destila de las hierbas aromáticas, pues considero que podría constituir otro gran hito en la historia de la cinematografía. El método se basa en una exposición de una cercanía sumamente peligrosa con los criminales entrevistados, para después aplicar los resultados a situaciones reales que involucran un trabajo policiaco y aprendizaje experimental. En este aspecto, los diálogos aparecen tan bien diseñados por el guionista que su aterrador testimonio para la audiencia es sólo comparable a los daños que poco a poco irá causando en las vidas de los involucrados en esa destilación. ¡Quien con fuego juega, termina por quemarse!

Además, el ingenio de los directores es tan preciso con ese efecto que la serie es capaz de presentarnos las consecuencias de esa cercanía no con muestras grandilocuentes de destellos catárticos o sobreestimulaciones emocionales, sino con pequeñas situaciones de vida cotidiana, como una sospecha de engaño o un desapego casual al código de ética profesional, que asemejan mucho más a la realidad la psicología de sus personajes y nos hacen sentir aún más las angustiantes fuerzas morales en juego.

Mindhunter tiene personajes de una proyección potencialmente autodestructiva. En esta temporada se nos presentan milimétricamente adheridos a prototipos policiacos, sin que ello impida un desarrollo interesante de su conducta intrínseca, hacia sus propias emociones y prejuicios, y extrínseca, hacia aquellos con quienes conviven. A medida que avanza la serie, cada uno va evolucionando a su modo hasta encontrarse de cara con aquellos oscuros misterios de los que ellos mismos retiraron el sello que los guardaba. Es por eso que, a su vez, la trama se va tornando más y más poderosa, más y más siniestra, hasta que las dos escenas finales del último capítulo terminan por causar una vertiginosa vorágine de angustia capaz de aterrar a cualquiera, como si de un cuento de Lovecraft se tratase.

Pero eso no es todo. A la par de esa historia principal, corre una pequeña historia paralela que, desde el segundo capítulo, parece prepararnos para algo más, aunque realmente nos deja en suspenso, como si más bien fuera el indicio de que la segunda temporada está planificada para profundizar más. ¿Quién es el personaje misterioso, a todas luces un asesino frío y calculador, del cual en la mayoría de los episodios, al inicio de éstos, se nos muestran apenas indicios dispersos de conducta? ¿Nos prepara la serie para un villano diseñado a la altura de aquel equipo que se perfila como el gran revolucionario de las ciencias conductuales? Sospecho que la segunda temporada apostará por todo en un intento por superar a su predecesora, que no ha hecho menos que mostrarse como un brillante ejemplo de brillantez cinematográfica.

¿Y en qué acaba la destilación de esas mentes criminales que se convirtieron en esencias psicológicas? Se acuñó el término “Asesino en serie” (algo novedoso para el contexto de la trama) y se trazaron perfiles psicológicos bastante formidables; en una frase, se obtuvo el perfume preciso que traza el aroma de los abisales caminos del crimen.

Todo esto me hace pensar en un famoso dicho de Nietzsche que ejemplifica perfectamente bien la labor de aquellos dos héroes policiacos que con cada entrevista a un asesino se introducen más en las fauces de la locura: “quien con monstruos lucha, cuide a su vez de convertirse en monstruo. Si miras por mucho tiempo a un abismo, éste comienza a mirar dentro de ti”.

El cine es tiempo y de tiempo está hecha la vida.

Mindhunter, Estados Unidos, 2017-. Dirección: David Fincher, Asif Kapadia, Tobias Lindholm, Andrew Douglas. Reparto: Jonathan Groff, Holt McCallany, Anna Torv, Hannah Gross. Guión: Joe Penhall. Fotografía: Erick Messerschmidt. Serie original de Netflix. Duración: 50 min aprox. (Cada episodio).

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