Animals, primera temporada, crítica

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Por Juan Manuel Arriaga

Así en la naturaleza como en la ciudad.

En las calles de Nueva York se oyen los pasos, los gritos y las preocupaciones de miles y miles que a diario transitan por sus congestionadas calles, e incluso debajo y encima de ellas. No son seres humanos, no en esta historia: son los pequeños personajes que también dan vida a esa metrópoli convulsionada, aves, perros, gatos e insectos que conviven a diario con el porvenir humano y hacen de su gris panorama un nido de imaginación que nos hace preguntarnos ¿qué piensan, sienten y viven esos animales?

La trama es una serie de vistazos a la vida de los animales, cada especie haciendo lo que es propio de sí y dejándonos entrever lecciones morales en el camino; pero el hilo conector de estos vistazos lo dan los humanos: en el caso de la primera temporada se trata de un político corrupto en su camino a la reelección como alcalde de la ciudad y los diversos crímenes con los que se abre camino en su ascenso al poder. Pero esa historia, la de los humanos, además de mostrar un común aspecto de la vida humana en relación con el poder, es también conmovedora en muchos sentidos y dota a la temporada entera de un melancólico aire de esperanza, porque ante todo resulta ser una lección moralizante de que el mal no triunfa, de que los sacrificios llevan al éxito y de que la maldad es un árbol que ha echado profundas raíces en la historia de la humanidad.

La historia de los animales, muy a su modo en cada especie, es una creación igualmente con miras a la moralización, sólo que de una forma más profunda, pues se toma tiempo para reflexionar aún más sobre los aspectos humanos (sí, humanos) que en nuestra sociedad tan contemporánea, tan vacua, tan desoladora, demuestran un cada vez mayor desapego a las cosas que realmente valen la pena, los valores y el amor.

Sí, los animales de esta serie son una metáfora que sirve de crítica a los aspectos netamente humanos. Los animales, humanizados como están, parecen llevar una vida citadina problemática y desconsoladora, envueltos como están, junto con nosotros, en el asfalto de las ciudades y en las fronteras del trabajo, la injusticia y la cotidianeidad. Entre sus situaciones se entremezclan temas como el sexo, la drogadicción, la explotación laboral, la volatilidad de la fama y de la moda, la inevitable llegada de la adultez, la homosexualidad mal vista, la corrupción, la traición, el desamor, el engaño, la necesidad de sobrevivir y hasta el abandono familiar.

Esos animales crecen como humanos y viven como humanos, sólo para que la cámara los deje, una vez que termina de echar vistazo a su quehacer diario, como los minúsculos seres que son y somos. Todo narrado por medio de una animación cargada de humor negro, situaciones incómodas explícitas y crítica incisiva; y aunque se trata de una animación muy sui generis (no apta por ningún motivo para niños), realmente su valor estriba en la manera en que los creadores encontraron un vínculo ingenioso entre las características de las especies y el aspecto moral que sobre ellas se elabora.

Pero no todo es dolor y pesimismo. Muchos de los episodios son realmente conmovedores, capaces de mostrar un reflejo bastante identificable de nuestra vida como miembros de una sociedad, como el hermoso episodio dedicado a las moscas (episodio 7), que demuestra cómo muchas veces dejamos nuestros sueños incumplidos por culpa de nuestra incapacidad de ver la vida con la maravillosa simplicidad de un niño; o el de los perros (episodio 4), que nos enseña que enfrentar los miedos es una tarea más fácil de lo que parece, si tan sólo decidiéramos hacerlo.

Pero, de lejos, el más conmovedor de todos los episodios es el último, el que recoge nuevamente las vidas de casi todos los personajes de los episodios anteriores y termina por confirmar nuestras expectativas con respecto a la historia que se desarrolla en torno a los personajes humanos.

Lo curioso de la serie es que, en todas las historias de todas las especies mostradas en la temporada hay siempre un personaje llamado Phil y uno llamado Mike, justo como los creadores, de modo que hay que suponer que ellos mismos son los protagonistas de la serie y, al entrar en la mente de cada una de sus creaciones, son capaces de entender la psicología metafórica que proponen elucubrar.

Muchos de los diálogos parecen realmente improvisados, como si la animación fuera expuesta a posteriori, con el fin de cargar más de realismo a cada situación presentada. Con todo, una muestra realmente valiosa de un trabajo abiertamente realizado para criticar a nuestra sociedad, aunque al principio no lo parezca.

Nos queda preguntarnos: ¿qué animal somos? ¿Cuál nos describe? ¿Qué problemas cargamos a diario dentro y fuera como para identificarnos con alguno de los pequeños ciudadanos de esa historia que a menudo pisamos en la calle o pateamos o echamos fuera o cazamos o comemos?

El cine es tiempo y de tiempo está hecha la vida.

Animals, Estados Unidos, 2016-. Creadores: Phil Matarese y Mike Luciano. Reparto: Phil Matarese y Mike Luciano (voces). Serie original de HBO. Duración: 25 min aprox. (Cada episodio).

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