Animals, segunda temporada, crítica

animalst3_cinevive

Por Juan Manuel Arriaga

¿Quién controla al mundo?

Luego de zambullirnos en la agresiva Nueva York durante la primera temporada, viéndola desde los rincones y alcantarillas a través de ese diminuto espectro social tan relegado de su población metropolitana, volvemos con una Gran Manzana más difícil de digerir ahora, más tosca, más voraz con sus habitantes, pues ahora la amenaza de un nuevo problema se hace patente y parece no querer que seres débiles, humanos y no humanos, sobrevivan en sus abrasivas calles.

Luego del terrible suceso del policía honrado que persiguió hasta la muerte a un político corruto y a su brigada de malhechores, el protagónico humano se lo roba una periodista que se encuentra investigando una misteriosa enfermedad que tiene a la ciudad sumida en el contubernio. ¿La causa? Sospecha que esa enfermedad, provocada por el letal virus X, es un producto humano con miras siniestras. No tarda en descubrir, tras hacerse víctima ella misma del contagio, que la poderosa corporación Pesci, dirigida por un inescrupuloso científico y su séquito de burócratas y ejecutivos ensoberbecidos de poder, es la creadora del virus. Pero no sólo eso: en una poderosa demostración conspiranoica, la reportera descubre también que esa misma corporación tuvo la inhumana osadía de sintetizar la cura en una píldora que tiene también la capacidad de volver más dócil al que la toma. ¿Intentan acaso controlar al mundo a través de tan siniestra jugada? Poco a poco las claves de la trama van encaminando a una solución que dejará hondas secuelas en las personas y en los animales que, dentro, fuera, en los alrededores, debajo y encima, han sido de uno u otro modo testigos de este complejo problema cuya malicia casi nunca alcanzan, desde sus mentes tan instintivas y fortuitas, a comprender.

Es por eso que la pregunta “¿quién controla al mundo?” tiene aquí una relevancia tan sorpresivamente metafórica. En todo momento parece que tal cuestión se alza desde las filas filosóficas tanto como desde las cómicas, y ello produce una diversidad de respuestas a lo largo de la temporada, que nos invitan a sacar nuestras propias conclusiones y, más allá, a preguntarnos si en nuestro planeta acaso, sólo acaso, algo similar se pudiera llevar (o ya se ha llevado) a cabo. Digo, el SIDA se supone de creación humana y hay quienes teorizan que muchas de las enfermedades que los mosquitos transmiten han pasado por pruebas de laboratorio al servicio de cúpulas poderosas. ¿Hasta dónde sabe la serie de lo que transmite?

Tal como en el anterior, en este bloque los 10 capítulos contienen valiosos momentos que llegan a cimas interesantes de lirismo y empatía. Los animales, insectos, aves y demás pobladores de la Urbe de concreto parecen darnos a entender cómo realmente somos los humanos, cómo nos comportamos y cómo transcurriría nuestra vida ante el ojo de un observador omnipotente. Es por eso que, personalmente, considero que en donde la serie hace grandes avances es en la forma de humanizar tanto a sus personajes. Ahora se abordan historias más preocupadas por deleitar que por divertir, aunque en realidad la serie nunca pierde la acidez de su comedia.

Se abordan ahora temas como la drogadicción convertida en oportunidad de redención, la violencia como parte de la vida desde el nacimiento o la fama como aspecto que transforma a las personas y las aísla. Vemos al joven que dijo no al estudio y sí al crimen, al hombre que, en medio de compañía, se siente solo y a esa soledad se aboca, al hermano que traiciona, al pequeño héroe local, al inconforme, al esperanzado, al noble…

Ahora, en un capítulo bien diseñado, los humanos hacen una aparición live action y vemos en sus conductas, en su psicología, aquellos rasgos que hemos notado en los demás animales, sólo que sin el poder de colapsar a su propia especia o de condenarla a la esclavitud.

Las referencias abundan y son inesperadas. Por el lado de las películas destacan referencias a El padrino, Ventana Indiscreta y a Barton Fink, mientras que del lado de las series se evidencian momentos de realce de Los Simpson y Family Guy, por mencionar algunos, de entre los muchos que se exponen. En mi opinión, con ello la serie se otorga más valor, el valor de crítica que han tenido productos precedentes con más experiencia y más reconocimiento.

Se reiteran muchas fórmulas que han funcionado antes, como la improvisación evidente y el nombre de los creadores en muchos de los personajes que intervienen en la trama, por lo que el tono cómico es espontáneo y natural. Además, parece que ahora cada animal cumple un propósito de vida particular, uno en el que la naturaleza cobra lo que le corresponde en un ciclo vital de regeneración continua, por lo que el final, inesperado e interesante, se vuelca a confirmar ese supuesto en detrimento de los humanos.

Todo es entropía, todo desaparece, se consume y renace. Como Séneca afirmaba: “La muerte lo exige todo. Morir no es castigo, es ley… Este mundo algún día no existirá más”.

El cine es tiempo y de tiempo está hecha la vida.

Animals, Estados Unidos, 2016-. Creadores: Phil Matarese y Mike Luciano. Reparto: Phil Matarese y Mike Luciano (voces). Serie original de HBO. Duración: 25 min aprox. (Cada episodio).

Anuncios

¿Tú qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s