Zama. La cámara alucinatoria

Por Ernesto Rizo

Zama es una novela escrita por Antonio di Benedetto publicada en 1956, y es considerada un retrato de las víctimas de la espera en el contexto latinoamericano; siendo influencia de obras como El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez. Es desde luego la base del guión de Lucrecia Martel para la constitución de esta película que, además de una cinta, es un trance guiado por una cámara que invita al ejercicio de ruptura visual, dentro de la propia película, sobre la duda de qué es lo real; qué, lo ficticio.

Diego de Zama (Daniel Jiménez Cacho, estupendo por su latente tono impredecible) es un funcionario americano de la Corona Española, en la época, sobra decir, del colonialismo latino, quien espera con ansiedad (desesperada, aunque en el semblante conserve una hipócrita como frustrada calma), que se va convirtiendo en resignada frustración y desequilibrio mental, una carta del Rey que le ordene salir de un puesto de la frontera en el poco civilizado Paraguay, el que se encuentra estancado desde hace varios años. Mientras los años pasan, Zama debe someterse a los designios de los gobernadores que se suceden, por más intransigentes que sean, y convivir con una cultura que le es ajena, extraña: como lo es él para ese entorno.

En ese contexto, y como consecuencia de una espera desoladora, Zama parece ir perdiendo la cordura, lo que Lucrecia Martel, con mucha elegancia, construye como el punto de vista esencial de una narración circular, de encierro, de tono y ritmo oníricos e incluso entrando en el terreno de la alucinación. La también elegante fotografía de Rui Poças es el vehículo para transmitir la sensación permanente del personaje principal que va perdiendo la capacidad de discernir entre lo real y lo que percibe, gracias a encuadres preciosistas y que se mueven en un terreno alucinatorio, con colores tan intensos que de repente parecen más una pintura colonial.

A ese manejo de una cámara alucinatoria se suma además un cúmulo de experiencias absurdas en las que Zama se inmiscuye confundido; la atracción sexual que siente por Luciana Piñares de Luenga (Lola Dueñas, que representa un personaje satírico de las altas esferas de aquella sociedad, y se muestra con una sensualidad burguesa exquisita) parece ser el único anclaje del hombre que espera, y espera…

La ruptura de la circularidad se da cuando Zama decide sumarse a una expedición en la que se busca a un asesino llamado Vicuña Porto, cuando entonces parece escapar, por lo menos en rutina, del pequeño infierno de su espera. Un viaje que, sin embargo, Lucrecia Martel sigue manteniendo en terrenos oníricos, aunque impregnado de una violencia en los tonos más que en las acciones (esa escena en un campo repleto de altos pastizales en los que los personajes juegan una tensa coreografía intentando esconderse de los peligrosos habitantes del lugar es magnífica).

Entonces sí, a contracorriente del cine que muchos esperan en el que hay un clímax excitante, la directora decide mantener su película en el género del anticlímax, la contemplación y la ambigüedad, como queriendo reflejar pues la sensación permanente de Diego de Zama. Además, decide alejarla de una carga de crítica antropológica, evitando la confrontación (y su violencia implícita) entre dos culturas, como quizás lo han hecho cintas como El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra, 2015); tiene atisbos de ello, pero sin duda la intención de la directora es otra.

En ese sentido, entendiendo la película con pretensiones de circularidad y onirísmo, sus grandes méritos caen en una cámara que asemeja la forma alucinatoria y que se impulsa con una música con esos mismos tonos, con actuaciones sobresalientes (también el sorpresivo Matheus Nachtergaele está increíble), que se mueven en los terrenos de la ambigüedad. “Forma más que fondo” dirán muchos, y sí, pero una forma que destaca por el logro de composiciones de imágenes bellas y escenas evocadoras.

Zama es un ejercicio de contemplación soporífero y bello.

Zama, Argentina-Brasil-España-Francia-México-Estados Unidos-Países Bajos-Portugal, 2017. Dirección: Lucrecia Martel. Guión: Lucrecia Martel, basada en la novela homónima de Antonio di Benedetto. Fotografía: Rui Poças. Reparto: Daniel Giménez Cacho, Lola Dueñas, Matheus Nachtergaele, Juan Minujín, Rafael Spregelburd, Daniel Veronese. Duración: 115 min.

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