Black Mirror: Hang the DJ. Brooker se pone romántico

hangthedj_cinevive

Por Ernesto Rizo

¿Y si alguien inventara una aplicación para encontrar al amor de mi vida?, preguntó alguien hace algunos años. Apareció Tinder. ¿Y si eso lo lleváramos al radical terreno de la “distopía tecnológica” en el que se mueve Charlie Brooker? El resultado es el segundo capítulo (luego del increíble San Junípero) más romántico y edulcorado de toda Black Mirror: Hang the DJ. Y alejado además, de esos terrenos de la distopía.

Aquí, el autor se permite ser incluso utópico, reflexionar acerca del uso de la tecnología en las relaciones amorosas del futuro e imaginar que será buena para el ser humano, ¿siempre y cuando se encuentre el verdadero amor? ¿O es todo una mera simulación y el terror que deberíamos sentir de convertirnos en seres que obedecen los designios de inteligencias artificiales se va de paseo en este episodio, fascinado por el romanticismo supuesto?

Las respuestas son tan complejas como todos los ejercicios de reflexión a los que invita Black Mirror. Porque a pesar de que nosotros como espectadores hemos perdido la capacidad de impactarnos con los adelantos tecnológicos imaginados en la serie, no cabe duda de que siguen habiendo motivos para reflexionar sobre las implicaciones en diversos campos del uso de la cada vez más presente tecnología.

Aquí el autor se permite presentar una faceta de romanticismo muy en el tono de la serie. Es un capítulo dulce y conmovedor, pues a pesar de tener algunos rasgos inquietantes, el tono melancólico logra impulsar el sentido de romance que baña la historia. Todo sucede en ese terreno de entornos utópicos hiper-pulcros, hiper-tecnológicos, que hacen ver el futuro como un espacio deseado. Ahí mismo, las personas deben tener citas amorosas sucesivas que el mismo sistema (que se presenta como un objeto circular amigableparlante) programa, hasta encontrar a la pareja definitiva y poder abandonar ese espacio que asemeja aquel visto en La langosta de Yorgos Lanthimos.

El episodio se desarrolla como una comedia romántica con toques de thriller y nos va llevando hacia un descenlce que se antoja funesto y a la vez esperanzador. Sucede entonces que Brooker, siendo un pesimista, deja entrever que tiene optimismo en los aspectos más sentimentales y rebeldes de los seres humanos. Ya otros capítulos han mostrado que cuando los humanos abandonan la tecnología que los ata logran una libertad que embelesa. Aunque, luego, casi siempre, terminamos con el cuestionamiento paradójico de que toda liberación ocurre dentro y gracias a un sistema onmipresente y omnipotente que todo lo controla… ¿hasta el amor?

Romanticismo a la Black Mirror, diría por ahí un buen amigo.

Anuncios

¿Tú qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s