El gran pez. Recordando…

ElgranpezCinevive

Por Juan Manuel Arriaga

“Cambiar el mundo, amigo Sancho…”

A veces no es la historia, sino cómo la contamos, lo que la hace valiosa e imperecedera. Así forjaron sus hazañas los héroes antiguos a través de la mirada de los poetas. Recuerdo que uno de mis grandes profesores de literatura griega me dijo: “Al contar una historia, más vale una mentira verosímil que una verdad inverosímil”; y es que así se ha hecho a lo largo de la historia, en todos los pueblos y en todas las artes, primero como cantos de gesta que pasaban de forma oral de boca en boca, luego a través del teatro, la historia y la poesía y hoy a través de la pantalla.

Y es que eso es lo maravilloso de esta película del genial Tim Burton: nos cuenta la historia de un hombre que hizo todo, lo vivió todo y lo pudo todo (“De memoria me sé todo lenguaje, pues las vidas del mundo ya he probado…”, dice un soneto de Petrarca). Es la historia de Edward Bloom (Ewan McGregor/Albery Finney), quien, ya en su lecho de muerte, se dedica a contarle su vida a su hijo, con la peculiaridad de que todo lo que cuenta parecen fantasías sacadas de la mente de un niño que ve en una sala un campo de batalla. No hay experiencia que Bloom no aderece con criaturas fantásticas, gigantes, peces enormes y situaciones imposibles.

Su hijo (Billy Crudup), incrédulo como la mayoría de nosotros lo sería, se muestra hastiado ante el despliegue fantasioso y místico que narra su padre y hasta toma por obstinadas bromas los momentos de la vida que describe con tanta conmoción.

Y es ahí donde el gran conflicto de la trama entera tiene significado: esta no es la historia de un hombre dedicado a fantasear, ni mucho menos la de un lunático que pretende mostrarse como el héroe de un cuento que él mismo inventó, sino la de un padre que busca reconciliarse con su hijo, que busca el vínculo emocional capaz de humanizarlos a ambos y conectar sus mentes en un fraternal abrazo. La trama nos deja en claro eso a través de los múltiples flashbacks y flashforwards a través de los cuales la historia va saltando.

De hecho, la trama es muy simple, pero en esa simplicidad adquiere su belleza, porque cuenta con una narrativa que no se queda en el significado de lo que acontece, sino que avanza más en su búsqueda por establecer cómo una historia debe contarse, aunque ello suponga el detrimento de las verdades sobre las cuales hemos edificado nuestras creencias y nuestra realidad.

Como dije al inicio, no es el “qué” se cuenta, sino el “cómo” se cuenta, lo que magnifica una historia. Ejemplos de ellos están por doquier en nuestra cultura contemporánea, pero han estado por milenios con el ser humano desde que el primero de todos se atrevió a contar “algo”. Estoy seguro que el primer narrador de la humanidad contó ese “algo” no de forma veraz, sino de forma magnificada exaltada, fantástica, sublime.

Es por eso que la lectura principal de esa novela visual, aparte de la reconciliación padre-hijo, es la de mostrarnos cómo el arte nace mintiendo. Cualquier forma de imitar a la realidad surge, por el simple hecho de imitarla, como una mentira, tal como Platón argumentaba. Y es cierto; las historias no se cuentan porque sí, siempre tienen una tendencia, un objetivo, un mensaje, una propaganda que establece “cómo” deben contarse y no “lo que” deben contar.

Las historias transforman. Hay historias buenas, que nada de daño hacen a quien las leen, porque sabemos que son fantasía, sabemos que no son la realidad; hay otras que mitifican, que destruyen conciencias y sirven de instrumentos de poder. Hay que saber diferenciarlas y vernos como vemos al Quijote, quien, en sus últimos momentos de vida al lado de su escudero y demás amigos, tal como aquel Edward Bloom de la película, confesó de que todo lo que había vivido no era más que sueños y fantasías, mientras exploraba La Mancha precisamente con esa mística de las historias que nos hacen creer lo que vemos, por más inverosimilitud que tengan. “Cambiar al mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía… “¡es justicia!”.

Las historias transforman al mundo.

El cine es tiempo y de tiempo está hecha la vida.

Big fish, Estados Unidos, 2003. Dirección: Tim Burton. Reparto: Ewan McGregor, Albert Finney, Billy Crudup, Jessica Lange, Marion Cotillard. Guión: John August. Fotografía: Phillippe Rousselot. Duración: 126 min.

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