La forma del agua. La cámara acuática de la CASI obra maestra

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Por Ernesto Rizo

1. La escena que apertura La forma del agua deja ver que la pretensión del equipo artístico de la cinta es una exploración, vía una muy fina cámara, de la esencia del líquido vital. La cámara nada a través del agua para mostrarnos a una mujer que, según el narrador, es una princesa sin voz. La voz, será entonces, el primer cuestionamiento de la cinta: su necesidad para comunicar. Muy pronto, en oportuno tiempo, como oportunos son prácticamente todos los tiempos en esta cinta, se nos hará saber que la comunicación entre los seres que se aman no necesita voz.

2. La otredad es guizás el gran tema que Guillermo Del Toro explora en la que, muchos han dicho, es su cinta más personal (aunque estoy en contra de ello). La forma, el monstruo (Doug Jones), que habita en un complejo militar y científico y que ha sido traído desde el Amazonas, en donde se le consideraba un dios, se comunica con Elisa (Sally Hawkins, increíble por ingenua así como un poco exasperante de repente por soñadora pero que se reivindica por sensual), a través de elementos que escapan de la necesidad del lenguaje verbal, más bien el tacto, el baile, la música, la mirada, todo eso es lo que permite la comunicación y el enamoramiento.

3. En una cinta predecible en su narrativa (sin ser defecto para su confección), el enamoramiento será obstaculizado por el villano (Michael Shannon, siempre soberbio), un militar con tintes de fascista que adora escuchar solo su voz pero acalla las demás, sobre todo mujeres, sobre todo de otras razas. El romance entre los principales será apoyado por la amiga cómplice (Octavia Spencer, increíblemente cómica), por el amigo-vecino-padre de Elisa (el menos convincente Richard Jenkins) y el infiltrado científico Hoffstetler (Michael Stuhlbarg) que juega a ser norteamericano pero siempre sí es ruso, quienes son los cómplices de esta metafórica historia de supervivencia del amor entre los diferentes en plena Guerra Fría.

4. La cámara debajo del agua es solo una muestra de lo que en realidad es un conjunto armónico embellecido de una película con pretensiones de obra maestra. La prevalencia de la coloratura verdosa (como el ambiente acuoso en el que vive la forma) se introduce vía todos los elementos posibles, de la escenografía, los vestuarios y los filtros que la cámara utiliza y que parece asemejar la forma del agua (de ahí también el nombre). La fotografía prodigiosa, sutil y elegante, de Dan Laustsen, “acuosa” se puede decir con todo sentido, es el vehículo que nos hace nadar por esta historia.

5. La música que acompaña las acciones también tiene pretensiones de ser como el agua, pues suena como según ha querido Alexandre Desplat. Y es además un muy buen trabajo que pretende sonar clásico y lo logra y pretende ser un narrador más de la historia romántica y lo logra.

6. El clasicismo está además en el montaje de la película que superpone sus escenas con aquellas de las cintas a las que homenajea y que no son pocas. Dos escenas en ese sentido son ejemplos, una bien lograda, la otra un tanto forzada. El baile a blanco y negro con una canción que habla de la imposibilidad de comunicar un amor inmenso es un hermoso homenaje al cine musical clásico y un gesto tan tierno que muestra a un “monstruo” bailando. Aquella en la que la forma va al cine se siente más como otra de las cosas que anuncian que Del Toro quiere simpatizar como nunca antes lo había querido.

7. Técnicamente la cinta es soberbia en todos sus aspectos. El oficio de dirección de Del Toro lo confirma, aunque ya no era necesario, como un gran cineasta de nuestros tiempos y el gran contador de cuentos fantásticos en la pantalla, aunque aquí se inclina hacia el romanticismo y edulcora un mundo de monstruos que se había sentido más oscuro en sus anteriores películas.

8. Es, sin embargo, esa inclinación del director lo que me aleja un poco (obviamente de forma personal) de La forma del agua. Me hace sentirla como una película increíble pero demasiado (¡mátenme!) formulaica. El subtexto de la narrativa pretende, aun forzadamente, pasar por los tópicos importantes de nuestro tiempo, hasta esquemáticamente: el machismo, el racismo, el clasismo, el acoso, la homosexualidad, el clasisismo (como guiño a un pasado nostálgico) y todos los “ismos” que usted pretenda, políticos incluidos. Es una cinta increíble pero que se esfuerza, a veces demasiado, en ser embellecida, que no bella con esa espontaneidad de las obras maestras. Es una cinta increíble pero que se esfuerza por no abofetear al público que espera ser conmovido por una historia romántica (pues se sabe que a eso ha asistido a la sala) y nunca cuestionado en verdad, ni en el gran tema de la cinta que es la otredad. Es una cinta de excelente manufactura pero que presenta personajes maniqueos que nos hacen extrañar esa ambigüedad del personaje de la obra maestra del director: el enigmático fauno. Es una cinta que me deja entrever la necesidad que tiene Del Toro por ganar un Óscar. Es una película muy bonita, pero que paradójicamente no pudo llegarme al corazón. Tal vez porque soy un monstruo, como los monstruos a los que verdaderamente se refiere el director, o sea nosotros.

The Shape of Water, Estados Unidos, 2017. Dirección: Guillermo del Toro. Reparto: Sally Hawkins, Michael Shannon, Richard Jenkins, Dough Jones, Michael Stuhlbarg, Octavia Spencer. Guión: Guillermo del Toro y Vanessa Taylor. Fotografía: Dan Laustsen. Duración: 123 min.

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