La rueda de la maravilla en el muelle de lo pasable

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Por Mauricio Hernández

¿Qué podemos decir del cine de Heywood Allen? ¿Que algunos de sus largometrajes (Dos extraños amantes de 1977, Manhattan de 1979 y Jazmín Azul de 2013, los más notables) son referencia obligada para todo entusiasta del cine? Inobjetablemente. ¿Que ese extraño trastorno cinéfilo de hacer una cinta al año podría no ser tan efectivo en cuestiones de calidad? Desafortunadamente, también es cierto. Ahora, la entrega anual de “Woody” es La rueda de la maravilla, otra de esas que nos remite al pasado.

No me malentienda: no me molesta de ninguna forma que el reciente cine alleniano esté cargado hacia las historias y escenarios retro, sólo que hay que reconocerlo. Como es común en el trabajo de Allen, hay una figura que sirve de narrador (a veces es él mismo) o bien, un personaje. Mickey (Justin Timberlake), un salvavidas y aspirante a dramaturgo, nos cuenta sobre su tórrido amorío con Ginny (Kate Winslet), una fallida actriz desdichada por su empleo de mesera y vida familiar con el esposo malhumorado Humpty (Jim Belushi); el hijo piromaniaco, Richie (Jack Gore); y la recién llegada, Carolina (Juno Temple), hija del antiguo matrimonio de su marido y quien huye de su propia relación con un mafioso. Todo bajo la abrazante luz de Connie Island, Nueva York en la década de los 50.

Con un relato de rollos amorosos extraños (ya saben que Woody Allen no es ajeno a eso), aderezados con drama familiar, la película intenta contar de forma congruente la que podría considerarse el hilo conductor: el desenfrenado romance entre Ginny y Mickey, lo que consigue eficientemente. Sin embargo, no logra conectar del todo con las demás subtramas que tiene, como la relación rocosa entre Ginny y Humpty; así como el problema psicológico de su hijo, quien tiene un gusto peculiar por el cine. En realidad, las escenas del niño latoso se meten casi a la fuerza, como parte de un intento por enseñar algo peculiar que busca ser gracioso, aparte de mostrar una suerte de homenaje al cine, pues las escenas donde se ve al chamaco tranquilo son cuando está frente a una pantalla. Asimismo, cabe la pregunta: ¿será que Allen se autoexhibe como un chiquillo que exorcisa sus demonios al contemplar una proyección (o estar en el proceso de una nueva obra)? Eso parece, pero usted saque sus conclusiones.

El argumento que raya la suficiencia de calidad se compensa con la virtud de sus actores. Las luces más brillantes caen sobre el desempeño de Kate Winslet y Justin Timberlake. Winslet, con la mejor actuación, y Timberlake, aunque eficaz, por el personaje más interesante. Ella interpreta con gran realismo a una mujer en la crisis de la mediana edad y con grandes pasiones que nunca se verán conseguidas; es decir, casi al aborde del agobio y la resignación completa. Ahora bien, no sabemos si Woody se ve a sí mismo como un apuesto salvavidas, pero quizá sí como un dramaturgo superromántico que gusta del simbolismo (como el personaje lo declara al inicio). En realidad, podemos ver un poco —o mucho— del director en Mickey. Lo más notorio es cuando dice “el corazón tiene sus propios jeroglíficos”, al explicar sus deseos amorosos. Ésta línea se parece bastante a una famosa declaración de Allen: “El corazón quiere lo que el corazón quiere”. Aparte de ser un poco inquietante, esto es una especie de proclamación sobre el propio Heywood: una persona apasionada, egoísta y con ideas particulares sobre las relaciones.

En cuanto a manufactura, destaca la labor de fotografía e iluminación. La cámara realiza interesantes movimientos de seguimiento, los cuales se vuelven vertiginosos en espacios cerrados; esto para demostrar la gran volatilidad emocional de los estelaristas en sus inestables vidas. Además, un detalle hermoso es la forma en la que la luz, tanto natural como artificial, acaricia casi en todo momento a los protagonistas.

No cabe duda de que Woody Allen es un apasionado del cine. Su rutina de producción es, ciertamente, admirable. Sin embargo, quizá optar por un descanso no estaría de más, pues de este filme no puedo decir preciosidades, como yo quisiera. Entretenido, sí. Llamativo, mayormente. ¿Maravilloso? Ni cerca. La rueda de la maravilla se queda totalmente en el muelle de lo pasable. Queda ver si lo siguiente de Allen será tan autoexpositorio —tal vez terapeútico— como éste.

Wonder Wheel, Estados Unidos, 2017. Director: Woody Allen. Guion: Woody Allen. Actúan: Kate Winslet, Justin Timberlake, Jim Belushi, Juno Temple, Jack Gore. Fotografía: Vittorio Storaro. Duración: 101 min.

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