Big Little Lies. ¿Quién mató a quién?

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Por Juan Manuel Arriaga

Nosotros los pobres, ustedes los ricos… ¡y asesinos!

HBO, aquella gran productora de series como Game of Thrones o la recientemente estrenada The Deuce, nos vuelve a sorprender con un melodrama novedoso que ambiciona dar mucho más en el futuro, sobre todo luego de su primera temporada. Y es que Big Little Lies es también una de esas combinaciones ganadoras entre drama oportuno, actuación sobresaliente, comedia ácida y fotografía inteligente.

Esta es una historia que comienza con un asesinato. Pero, ¿quién asesinó a quién? Es una respuesta que no sabremos sino hasta el último capítulo de la temporada. ¿Por qué?, porque esa es precisamente la esencia de esta serie: intrigarnos. A lo largo de sus 7 capítulos, Big Little Lies nos va a castigar con la incertidumbre de saber quiénes perpetuaron aquel crimen durante una de las fiestas de esa ciudad (una ciudad, por cierto, de aquellas en las que los apartamentos con vista al mar son privilegio de quienes tienen dinero y donde los padres pagan cuantiosas cantidades para verse a la moda, educar a sus hijos y ofrecer fiestas de cumpleaños).

Pero, además de ello, es también una serie que, a mi consideración, pretende escapar de toda norma precedente, y para lograrlo se sirve de una ingeniosa combinación de géneros, entre los que el espectador podrá identificar al dramático, al cómico y al suspenso, principalmente. Puesto que se trata de una serie que intenta mantener una tensión continua, esta mezcla de géneros y los polifacéticos personajes que desarrolla son cartas fuertes de las que se sirve copiosamente. Y, créanme, la serie lo logra con una elegancia comparable sólo con los guardarropas extensos de los protagonistas o con las cenas lujosas a las que se invitan mutuamente.

Valga decir que el asesinato es el final de la historia, pero es el principio de la trama. Ello habla ya de una complejidad en la estructura que nos presentará a lo largo del bloque y, como dije antes, su punto fuerte y característico es la tensión; por lo tanto, los siete capítulos luego de la escena del misterioso asesinato son una reconstrucción de lo que condujo a sus participantes a ese momento, a esa fechoría. Estructura, a eso se le llama una buena estructura: sólida, eficiente, realmente atrapante, que por igual logra causar inquietud, gracia, alegría y molestia.

¿Quién asesinó a quién? Si quieres saberlo, tendrás que esperar 7 capítulos, uno más siniestro que el anterior y cuyo avance no hará mucho por solucionar la pregunta; al contrario, irá dejando más y más dudas sobre el caso, hasta el punto en que se volverá un verdadero reto descifrarlo, como un rompecabezas al que hay que poner mucha atención para descifrarlo.

Esta fórmula ganadora incluye, además, a tres grandes de la industria fílmica: dos ganadoras del Óscar (Reese Witherspoon en su papel de Madeline Mackenzie, una excéntrica y conflictiva madre y amiga, y Nicole Kidman como Celeste Wright, la abnegada madre que se cree perdidamente enamorada de alguien que le hará recorrer el infierno de un matrimonio corrosivo) y una célebre actriz que proviene del estrellato que le dejó la saga Divergente (Shailene Woodley como Jane Chapman, la madre soltera que lidia aún con serios problemas en su pasado y que poco a poco ha sido victimizada por quienes ven en ella a una mala madre). Las tres son peligrosamente compulsivas y las tres van teniendo a lo largo de la historia conflictos que sólo las harán más propensas a cometer actos de los que podrían arrepentirse.

Y es que eso es lo maravilloso de la serie: tenemos a tres mujeres, tres madres, tres amigas inseparables, tres prisioneras de sus propios pasados y destinos, cuyos conflictos se van extendiendo poco a poco y que no sabemos en qué desembocarán, cómo un rayo del que no se puede predecir el impacto.

Párrafos arriba hablé de “estructura”, y es que además de lo dicho hasta ahora, la trama, en su faceta detectivesca (porque también toca el género), decide poner opiniones de los no protagónicos a modo de entrevistas policiales, breves y prejuiciosas, para que así poco a poco se vaya también creando una especie de vaivén que pudiera poner al espectador en el camino de la especulación. Sin embargo, no dejan de ser juicios de valor diversos de personas diversas, chismes de colonia, que se filtran en el transcurso de la trama y nos aseguran no sólo que se está (re)construyendo una historia, sino que también nos recuerdan que no hay que olvidar el asesinato y que esta no es una serie de ocasión en la que lo importante es la vida glamorosa de sus protagonistas y sus conflictos morales, sino un reto para el espectador: ¿quién fue el asesino/a? ¿Quién fue el asesinado/a?

La profundidad psicológica de los personajes también sorprende. Con Witherspoon y Kidman se garantiza una buena actuación, excelente a mi juicio, más el trabajo de otros grandes actores, como Alexander Skarsgard, Laura Dern o la misma Shailene Woodley (quitándose el estigma de la heroína juvenil y todopoderosa); ellos, junto con los personajes de reparto, todos ellos bien justificados y ambivalentes, forjan una historia atrayente, una serie que uno quiere ver hasta el final, una trama que se preocupa por dejar en claro quiénes se enfrentan a quienes en una guerra de egos, intereses, nimiedades y motivaciones.

Sí, esto es una guerra. Todo aquí queda enfrentado y cada cosa que los personajes hacen (un gran acierto de los guionistas) tiene consecuencias. Pero a la vez todo es apariencia y las apariencias engañan. Si incluso en los últimos 10 minutos del séptimo capítulo hay sorpresas, ¿qué giros de tuerca e incidentes no ocurrirán en ese otro 99% de frenesí, mentiras, culpa y negación?

Difícilmente una segunda temporada superará lo que esta temporada dejó, no porque no se pueda subir la apuesta en la tensión y la sorpresa causadas en ésta primera entrega, sino porque la serie necesariamente deberá cambiar drásticamente su premisa al haberse agorado el material que originó ésta con ese asesinato.

¿Quién asesinó a quién? Tal vez quien menos lo esperes, tal vez quien más esperes que lo haga. Tal vez, sólo tal vez, los que tienen un motivo para hacer algo, al final de cuentas son los menos culpables.

Big Little Lies, Estados Unidos, 2017-. Creador: David E. Kelley. Reparto: Reese Witherspoon, Nicole Kidman, Shailene Woodley, Alexander Skarsgard, Adam Scott, Zoe Kravitz, James Tupper, Jeffrey Nordling, Laura Dem. Duración: 52 min aprox. (Cada episodio).

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