The Disaster Artist: Obra Maestra, crítica

thedisasterartist_cinevive

Por Juan Manuel Arriaga

Arte por arte, cliente por cliente

Hay películas tan malas, que son buenas. The Room (2001) es el ejemplo perfecto y hasta su status de culto nos deja ver cómo al arte es tan intrínseca la subjetividad. Pero no hablaré acá de The Room, aquella comedia (¿?) de principios de la década pasada por la que una persona con una idea volcó una pequeña fortuna; hablaré, empero, de la pieza magistral que se cimienta en ella: The Disaster Artist, que llega a nuestras pantallas para ser un ejemplo de que no todos hemos sido tocados por el supremo don que las Musas reservan a quienes están destinados a maravillar y conmover a través del arte… ¡pero que no perdemos nada con intentarlo (exceptuando sólo un poco de dignidad)!

Lo maravilloso de esta cinta no es su ya de por sí brillante idea de dignificar una pieza completamente desastrosa de la industria fílmica de todos los tiempos para contemplar su extravagancia desde el casi siempre punto ciego del difícil proceso de su elaboración, sino su punto de partida, su contexto auténtico. Es, pues, primeramente una película que versa sobre la amistad, no sobre la elaboración de una película (sería erróneo comenzar por ahí), pero sobre una amistad desinteresada cuyo mayor triunfo es poco más que una satisfacción personal por haber cumplido un propósito, por ridículo o inverosímil que sea. Me recuerda un poco a mis grandes amigos cinéfilos y nuestros sueños por realizar una película que navegaría en los submundos del cine de nuestro país como una barca que lleva a bordo la promesa de una fórmula ganadora, novedosa y, por qué no, potencialmente clásica.

Con la amistad comienza el filme y en la amistad termina, mientras nos muestra en el camino un rico material metafílmico digno de las hazañas que con Chaplin casi obtuvo el galardón a mejor actor el talentoso Robert Downey Jr.

Y es que sí, The Disaster Artist es una película sincera y veraz. No oculta nada, no se guarda nada para sí. Es conmovedora y transparente al mostrar emociones y altibajos. Hasta cierto punto, pienso que es, de hecho, una película muy oportuna que todos involucrados en un rodaje deberían ver, puesto que funciona también como un ensayo inteligente sobre ser sincero con uno mismo a la hora de filmar una película, sobre aceptar que a veces, por muchas ganas que tengamos de ser artistas y conquistar al mundo con nuestras creaciones, hacemos tan mal las cosas que ni siquiera sabemos que las estamos haciendo mal.

Es muy difícil hacer una película: incluso esas películas independientes y de bajo presupuesto, como ejemplifica este filme, suponen todo un reto de calidad y logística enorme. No quiero ser pesimista, pero la sola continuidad en un filme exige una atención y una percepción muy bien disciplinadas. Es por eso que, con sus tonos cómicos y su mordaz iniciativa, The Disaster Artist pone la vara muy alta en su intento por innovar el metafilm como forma crítica de evaluar una cinta, de estimar su contenido y su lógica, y de forjar incluso un buen gusto por aquellas piezas de calidad.

Con su papel como Tommy Wiseau, James Franco me vuelve a convencer sobre su amplio espectro de desarrollo histriónico. Franco se adapta tan bien al personaje de Wiseau que realmente nos conmueve su intento por dejar su vida en la producción de esa pequeña cinta y precisamente gracias a su actuación es que sentimos nostalgia por el personaje cuando fracasa. Gracias a su trabajo en esta película es que, creo yo, The Disaster Artist se convertirá en un referente entretenido y melancólico, pero analítico y directo, de cómo el cine, su proceso de elaboración y su significado para la vida humana en su aspecto artístico (porque el cine es también un lucrativo negocio) deben aportar, deleitar, sin perder de vista que no sólo las buenas ideas garantizan buenos resultados.

Como dije antes, es una película sincera y oportuna. Ha llegado en un momento en el que imperan los blockbusters de acción y los melodramas rediseñados o relanzados. Aporta, entretiene y conmueve. De hecho, su estética me parece demasiado destacable, y no hablo de su fidelidad al montaje original de The Room, sino de su calidad argumental. Tómese de ejemplo el hecho de que, tan sólo, al inicio del filme, la forma en que se nos introduce al personaje principal tiene la calidad visual que otrora sirviera para presentar a, por ejemplo, Indiana Jones o al mismo Darth Vader.

Como dije antes, esta película debe ser un paso obligado para todos los involucrados en el desarrollo de una película, todos cuantos compartan el set de filmación o la sala de edición. Pero amplío la invitación a los poetas, músicos, pintores y escritores de todos los géneros, porque realmente nos hará reflexionar sobre la línea que divide el saber cuándo hacemos bien y lo que hacemos mal y el no saber siquiera cuándo hacemos algo bien o algo mal. El arte comienza con saberlo, con estar conscientes de cuándo realmente nacimos para crear arte y cuándo hacemos arte sólo por mero derroche de tiempo.

El cine es tiempo y de tiempo está hecha la vida.

The Disaster Artist, Estados Unidos, 2017. Dirección: James Franco. Reparto: James Franco, Dave Franco, Seth Rogen, Alison Brie, Ari Graynor, Josh Hutcherson, Jacki Weaver. Guión: Scott Neustadter y Michael H, Weber. Fotografía: Brandon Trost. Duración: 105 min.


 

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