¿Es The Room la peor película de la historia?

theroom_cinevive

Por Juan Manuel Arriaga

Para mis amigos cinéfilos: Ernesto, Alfredo, Carlos, Mauricio… porque también intentamos hacer una película

La mejor de las peores películas

Imagina que eres un actor y estás en un set de filmación, pero no tienes idea de qué trata la película o por qué algunas cosas que se filman no tienen la más mínima coherencia, además de que el actor principal, quien también dirige, se olvida de sus diálogos… Pues bien, eso fue aproximadamente lo que ocurrió en el rodaje de esta pieza fílmica considerada la peor película de la historia, pero cuya fama le ha hecho merecedora paradójicamente de cierto status de culto en la actualidad.

The Room es una película tan mala, que incluso es buena; nos enseña de entrada todo lo que no se debe hacer a la hora de filmar una película, pero también nos hace ver que el arte es muy subjetivo y que las grandes ideas no necesariamente generan grandes éxitos. Aun con su tono pretenciosamente serio y heroico, aun con sus subtramas incompletas y poco verosímiles, aun con sus abismales errores de actuación y continuidad, este clásico de la comedia (¿?)… o del melodrama (¿?)… o del romance (¿?)… ha atraído a millones que le celebran como lo que es y no ha dejado de ser: una obrita sencilla de aspiraciones altas pero de motivaciones sinceras que por igual hace reír e incomoda, que por igual nos saca una sonrisa y nos hace frotarnos la frente con extrañeza.

Y es que The Room podrá ser todo lo mala o genérica o aburrida o mediocre que uno quiera, pero es por su trasfondo por lo que vale y por el pequeño legado que le adjudica a esta extraña pieza su lugar en el mapa histórico de la industria fílmica. En ella está el intento de un hombre que con tan poco talento hizo más que lo que no han hecho grandes franquicias contemporáneas con mucho.

Podemos juzgarla desde cualquier perspectiva y aun así seguirá siendo una mala cinta: ¿es una historia sobre el romance fallido que lleva al borde del suicidio a un hombre? ¿Es una historia sobre la amistad y la traición? ¿Sobre el precio que pagan quienes aman demasiado? ¿Sobre el típico héroe local, exitoso en su trabajo, que gana al mundo, pero pierde su dignidad? ¿Sobre… sobre… el cariño sincero… o la sexualidad mal conducida… la entereza frente a la adversidad…? Cada quien lee en ella lo que más le apetezca, sin que una u otra lectura aporten algo nuevo a su calidad.

Sin embargo, ahí, entre toda esa oscuridad de sus errores, actuaciones incoherentes y escenas de sexo muy mal escritas, brilla esa luz de genuina creación, ese destello de la nostalgia que sienten quienes creen en sí mismos y fracasan o terminan por reconocer el poco valor de sus aportaciones. Es una de esas cintas que no se pueden considerar como productos independientes que se lanzan al mercado sin que sepamos muy bien quién hizo qué para construirla, pues su visionado debe trascender las fronteras de la historia y de la pantalla para llevarnos al contexto que la hizo surgir y a los hombres que la hicieron surgir y cómo lo hicieron, porque ahí está su curioso valor, el cual ha llevado a ya varias generaciones a estudiarla, a reír con ella y a sentir el agridulce sabor de la melancolía, al saberla como el resultado de un esfuerzo que se volvió idea y que terminó por volverse un producto sin forma, sin significado, sin talento histriónico, arracional (no irracional, sino a-racional: que no piensa antes de actuar)… pero sumamente exitoso.

Es una película para ver sin la intuición de un crítico, ni siquiera con la de un cinéfilo. Es para verla con la mayor de las simplicidades, sin pensar mucho, como si estuviéramos en un sueño, y en los sueños no hay lógica, no hay continuidad verosímil, no hay un raciocinio que nos haga ver las inexactitudes temporales de lo que acontece. Pero sí, todos debemos verla, y no una o dos veces, sino varias más para volvernos paradójicamente más intuitivos, más conscientes de nuestros errores como artistas, creadores, investigadores o simplemente como personas. Si me lo preguntan, sí: esta película de algún modo nos hace mejores personas; pero, como dije antes, una condición para “disfrutarla” es verla estando al tanto de su trasfondo, de sus orígenes y de sus porqués y paraqués.

No puedo evitar preguntarme qué sería (o será) de aquella película que planeábamos realizar mis amigos y yo. Y con cada vez que me lo pregunto, no puedo evitar seguir cayendo en cuenta que muy posiblemente haríamos algo así: tan imperfecto, tan mediocre, tan poco verosímil… pero tan nuestro. Sería igualmente una película que nadie debería ver sin conocer los pormenores que le dieron vida, y todos nos conocerían y tal vez sentirían simpatía por nuestro esfuerzo y por el poco o nulo significado y talento que verían en ese producto. Tal como Tommy Wiseau y los amigos que forjó con ese rodaje, nosotros y muchos más cinéfilos, escritores, músicos y pintores, lo que estamos buscando es simplemente decirle algo al mundo y decírselo a nuestro modo.

El cine es tiempo y de tiempo está hecha la vida.

The room, Estados Unidos, 2003. Dirección: Tommy Wiseau. Reparto: Tommy Wiseau, Juliette Danielle, Greg Sestero, Philip Haldiman, Kyle Vogt, Carolyn Minott, Robyn Paris. Guión: Tommy Wiseau. Fotografía: Todd Barron. Duración: 99 min.

Anuncios

¿Tú qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s