Tres anuncios por un crimen. La cámara furiosa y azarosa

ThreebillboardsCinevive

Por Ernesto Rizo

1. Además de que el título en su inglés original es estupendo: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, encierra en sí mismo una gran metáfora y marca la importancia del tres en la historia de la película más furiosa que he visto en mucho tiempo. Tres son las vallas publicitarias que se muestran antes del título en elegantes tomas que marcan la desolación de un pueblo norteamericano, como muchos, en el que parece que el tiempo va desgastándolo todo, como esas vallas. Tres son los personajes que guían la narrativa de un guión tremendamente poderoso. Tres son las cartas que reciben los personajes y los hacen mutar.

2. A las afueras de un pueblo ficticio (creado en la mente maestra de Martin McDonagh) llamado Ebbing, Mildred (Frances McDormand) decide poner tres anuncios impactantes en letras negras y fondos rojos como la sangre, para exigir mediante ellos a las autoridades del pueblo, principalmente a Willoughby (Woody Harrelson), el comandante de la policía, que sigan con las investigaciones del asesinato, violación y calcinamiento de su hija hace un año. Dichos anuncios, que autoriza el jefe de la compañía publicitaria (que se encuentra enfrente de la estación de policía) Red Welby (Caleb Landry Jones), desatan el enojo de muchas personas del pueblo, así como del policía racista Dixon (Sam Rockwell), quien es el primero en verlos, como profecía de su destino funesto. Entonces, Mildred, una madre devastada, además de soportar la muerte de su hija y el desmantelamiento de su familia consecuencia de la violencia intrafamiliar, tiene que luchar en contra de todo Ebbing por la justicia, aunque ello ocasione más violencia.

3. El guión ideado por el también director McDonagh hace uso del azar y el humor como principales hilos conductores, en una narración muy realista (impregnada de una tensa calma) que se filma con una cámara que va mostrando la furia contenida en los personajes de un pueblo en el que prevalecen todos aquellos demonios de la Norteamérica profunda y periférica, tales como el autoritarismo, el costumbrismo, el racismo, el machismo, el crimen y la impunidad. Es una pieza que cuenta una historia de rencores y venganzas azarosas para ir desenvolviendo a personajes que sufren por las peripecias de una vida nada sencilla. Uno lucha contra el cáncer, la otra carga el peso del mundo en sus espaldas por el asesinato de su hija (y la culpa de ese momento de discusión que profetizó el destino funesto), mientras el enojo acumulado durante una vida, gracias a una infancia de maltratos, forma parte de un personaje tan odioso como torpe.

4. La triada es poderosa. Frances McDormand interpreta a una mujer fuerte, encabronada, que nada la contiene, excepto quizás también ese poder del machismo y la violencia que ejerce (aún) su exmarido (John Hawkes, odiosísimo) en su contra. Interpreta, en tiempos de feminismo, a una mujer poderosa, que tiene que reclamar a un sacerdote (excelentes líneas que arrojan una dura crítica a la iglesia católica y su podredumbre pederasta); que tiene que golpear incluso a adolescentes (un guión correcto y moralino hubiese puesto a llorar a esa mujer luego de recibir increpaciones), y que debe apagar vallas ardiendo aun con un grito furioso a su hijo.

5. Woody Harrelson, por su parte, mostrando esa impotencia de autoridad, de macho fuerte pero atado y frustrado por la imposibilidad de encontrar al culpable, haciendo ecos de su participación en True Detective, es por quien, a pesar de su pasividad supuesta, vamos sintiendo mayor compasión, un sentimiento que nos bajonea hasta el punto en el que se culmina la metáfora de esa virilidad y masculinidad atrapada como los caballos encerrados que atestiguan el destino funesto. El corte preciso, del momento más conmovedor de la cinta, a Chiquitita de ABBA es de un pulso propio de una obra maestra.

6. Azarosamente el guión, luego, pone enfrente de Mildred a Nixon, quien encarna toda esa carga racista y autoritaria marca de la Norteamérica presente. La película parte, y nos parte como espectadores, cuando el policía cruza la calle y desata su violencia mientras un espectador afroamericano mira, como ha sido siempre, la supremacía autoritaria blanca. El énfasis, entonces, en Sam Rockwell, es puntual. Encarna a un tipo ignorante que reprobó un año en la academia, odioso, racista hasta la médula. Un policía que se vale de su pistola y su placa para golpear negros. Un tipo que, sin embargo, también sufre los embates del pequeño infierno que es Ebbing, ardiendo, y mira con ¿odio? a su madre (su conciencia impotente viril) dormir.

7. Tres anuncios por un crimen, sigue todo el tiempo una línea azarosa que se acentúa gracias al humor negro del que está impregnado el guión. La figura del enano James (Peter Dinklage) nos sirve como metáfora de que, además de un infierno, Ebbing es un circo de personajes deformes y deformados, más que él: trastornados y mutados, violentos, torpes, encerrados en sí mismos.

8. Ebbing es un pueblo con tres personajes, figuras, que son a su vez la representación del mundo, de nuestro mundo pasado y presente: las instituciones pasivas e impotentes, la autoridad autoritaria y violenta, nosotros en contra de ello. Todo ello rodeado por esos temas de nuestro tiempo que McDonagh presenta no de manera esquemática como sí a través de una historia realista, pero con atmósferas westernianas y dantescas. La película, su realismo, su humor y su azar, incomodan al espectador promedio y lo hacen cuestionarse todo el tiempo. El director se divierte enormemente y suelta una carcajada porque nos sabe partícipes de su juego desprendido totalmente de maniqueísmo, que nos confunde la perspectiva del bien y el mal y nos sorprende con sus parábolas y su nihilismo. ¿Por quién debemos sentir compasión al final? ¿Quién es el bueno?

9. Estamos, aunque haya que esperar el paso del tiempo, ante una obra maestra. Una cinta que evoca el desazón azaroso de Río místico (Clint Eastwood, 2003) y la potencia narrativa y feroz de Sin lugar para los débiles (hermanos Coen, 2007). Estamos, ante una cinta furiosa que no acude a la nostalgia del tiempo pasado o al romanticismo aspiracional-esperanzador; que deja los clichés narrativos; que se desprende de la condescendencia; que no hace uso del Deus ex machina para resolver sus conflictos. Y es que tal vez la cinta no resuelve nada, pues al tenor de Animales nocturnos (Tom Ford, 2016) deja al espectador con más dudas. Cine de nuestro tiempo para hablarnos directo a la cara y partirnos el corazón.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, EUA, 2017. Director: Martin McDonagh. Guión: Martin McDonagh. Fotografía: Ben Davis. Reparto: Frances McDormand (Mildred Hayes), Woody Harrelson (Willoughby), Sam Rockwell (Dixon), Caleb Landry Jones (Red Welby). Duración: 112 mins.

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