La región salvaje. Todos seguimos siendo animales

LaregiónsalvajeCinevive

Por Mauricio Hernández

Homo sapiens, término del latín que significa “hombre sabio”, es usado para denominar a la actual especie dominante en el planeta: el ser humano. Éste ser vertebrado se caracteriza por su capacidad de raciocinio (eso dicen); de este modo, es considerado un animal inteligible. Sin embargo, antes de que adquiriera conciencia de sí mismo, entrara en un esquema de vida social y demás, la única preocupación que tenía era la de satisfacer sus necesidades básicas, dictadas por el puro y mero instinto.

Quizás es difícil pensar cómo sería regresar al estado más primitivo, pero Amat Escalante hizo una aproximación con La región salvaje: una vista a la humanidad desde la barbarie.

No hablo de que se comuniquen con gruñidos y balbuceos, sino que aquí vemos una representación de los deseos primarios, tanto de vida como de muerte. Esta historia tiene como protagonistas a Alejandra (Ruth Ramos), una mujer desesperanzada y esposa abnegada; Verónica (Simone Bucio), una chica de extraño comportamiento y filias peculiares; Ángel (Jesús Meza), el clásico machote ignorante que tiene sus secretillos; y por supuesto, un extraterrestre que ha venido de un meteorito y modificado el comportamiento de una pequeña comunidad en el estado de Guanajuato.

Aunque parezca un poco viajado (de hecho, es muy viajado), las piezas de la trama embonan lo suficiente entre ellas para volverse congruente y no volverse ridícula en el intento. Un alienígena sin forma aparente más que la de tentáculos con los que satisface las necesidades carnales del homínido común… suena muy extraño; esto es sólo un motivo argumental para una interesante exploración de la cualidad humana, pues al apartar todas las convenciones y presiones sociales, ¿qué queda sino seres con exigencias fisiológicas y de placer? Así pues, no sólo se incluye lo sexual, sino que al volver a un estado primigenio involucra una mayor tendencia a la agresión. Esta muestra de violencia como una constante en el estado humano es común en el cine de Escalante, ya sea por venganza como en Heli (2013) o por una regresión a las bases de la especie.

Al mismo tiempo, este relato permite observar una perspectiva sociocultural de México; un país donde el machismo y la homofobia permanecen imperantes, donde la violencia hacia cualquiera es usual. Una óptica cruda, pero desafortunadamente real.

Esta cinta es un logro mayor en términos de realización, particularmente en los efectos especiales, los cuales pueden competirle a cualquier producción de mayor presupuesto. La apariencia de la calenturienta criatura es alucinante, como si perteneciera a un ser viviente real. La fotografía de Manuel Alberto Claro, con discretos movimientos y abundantes generales, captura toda la crueldad de nuestro nada bonito ni amable mundo: la región salvaje, pues. Quizá el único “pero” que encontraría es la mezcla de sonido que no resulta tan eficiente al introducir las voces en off para dar continuidad a los diálogos cuando un interlocutor no está en pantalla.

Otro desperfecto no catastrófico sería el desempeño actoral. Los personajes del buen Amat suelen tener un aire de inexpresión. Están desencantados con su entorno hostil, lo que Ruth Ramos consigue exteriorizar, no grandiosamente, pero sí. Al igual que su coestelar, Simone Bucio llega a la suficiencia; no obstante, el trabajo de Jesús Meza queda a deber, pues en algunas situaciones donde se necesitaba un poco más de expresión (una escena de extremo dolor, por ejemplo) no alcanza un gran tono para transmitir la emoción al espectador.

Un recorrido por La región salvaje es una experiencia diferente… Un adecuado caso de “me gusta pero me asusta” (o, por lo menos, me perturba). También, un salto importante en la filmografía de Amat Escalante y una prueba de que el cine mexicano sí puede llegar a un alto escalafón de calidad. Ahora sólo falta que las exhibidoras cooperen sin refunfuñar…

La región salvaje, México, 2016. Dirección: Amat Escalante. Guion: Gibrán Portela y Amat Escalante. Actúan: Ruth Ramos, Simone Bucio, Jesús Meza, Eden Villavicencio. Fotografía: Manuel Alberto Claro. Música: Martín Escalante, Igor Figueroa, Fernando Heftye, Lasse Marhaug, Guro Moe. Duración: 98 min.

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