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Roma, crítica

Por Ernesto Rizo

Al salir de ver Roma, la nueva película de Alfonso Cuarón, no podía terminar de procesar la magnitud de lo que acababa de ver, ni tampoco podía negar que la película me había conmovido profundamente, llevándome incluso a las lágrimas.

¿Qué tiene la cinta que me ha llegado a lo profundo del corazón? ¿Qué la hace tan magnífica para mí? Que me es muy familiar, como seguramente lo será para muchas personas. Que gracias a la estupenda técnica empleada nos arroja al momento histórico de la narración y nos traslada a los momentos íntimos de una familia de clase media del México de los setentas que es atendida por dos muchachas del servicio llamadas Cleo (Yalitza Aparicio) y Adela (Nancy García García), quienes brindan excelentes interpretaciones, y un chofer, quienes conviven con una familia conformada por el padre que es doctor, la madre que deja muy claro que es química pero nunca sintió vocación por ello y se queda en casa, cuatro hijos (excelente decisión creativa sobre el número que nos remite desde luego a esa época demográfica) y la abuela, además del perro que también es un personaje, como lo son la casa misma, los coches que parecen tener un carácter propio, la ciudad-el gran personaje…

La narración nos desentraña una historia poderosa en la cual Cleo debe transformarse del punto A al punto B, marcados magníficamente en las dos partes principales de la película; la primera que sirve como planteamiento de todo el contexto, para el desenvolvimiento de los personajes y la generación de empatía con todos excepto con el padre (Diego Cortina), pues se dibuja como una figura imponente en sus llegadas (es estupenda la escena de su aparición en la casa llegando en su coche con la expectativa de toda la familia) pero ausente normalmente. Desde luego, se nos dejan claras las condiciones de Cleo, una muchacha que huyó de su pueblo para anclarse en la vida de la ciudad y que atiende con mucho amor a todos los miembros de la casa, y que es una mujer fuerte.

Hacia el punto B, el arco narrativo de la cinta es bellísimo y poderosísimo, pues Cuarón nos presenta una sucesión intensa de situaciones inesperadas que se conectan entre sí formando parte completamente de su tiempo y, sin embargo, enviándonos mensajes muy actuales sobre el caos citadino, la supervivencia y la violencia, el machismo y su alternativa feminista, los entresijos de una perspectiva de “clases sociales”, el amor maternal y fraternal, la fragilidad de la vida (toda la película es una hermosa oda a la fragilidad de la vida), y otros tantos temas que la película toca, en un deambular de aquí para allá que no la hace perderse sino al contrario, potenciarse.

Así como narrativamente es hermosa, técnicamente lo es en correspondencia. Así como el buen ritmo narrativo nos va poniendo en situaciones cada vez más intensas emocionalmente, la sucesión de belleza visual no cesa; de una toma a la otra, la película está constituida como un poema visual, dejando ver que cada elemento dentro del cuadro está ahí por una decisión creativa. Cuarón forma composiciones que remiten a los grandes maestros del cine italiano, desde Rossellini hasta Fellini, mediante un blanco y negro que parece íntimo, que logra hipnotizar. Cada composición está conformada con cuidado y detalle, con amor, por eso esta es la gran obra del director.

Si narrativamente, Yalitza Aparicio y Marina de Tavira (quien interpreta a la madre) sostienen la película (esta última hace un papel excelso, pues su transición A-B es de un desquiciamiento conmovedor y fortalecedor), visual y sonoramente la película se sostiene entre el blanco y negro de una fotografía sublime y se potencia con las evocaciones que provocan las canciones que todos como mexicanos conocemos y ese punzante sonido de la ciudad caótica que desde entonces era el Distrito Federal.

La película está repleta de diálogos y momentos magníficos. Algunos son tan conmovedores como cuando Cleo y el niño más pequeño yacen en la azotea fingiendo estar muertos, o cuando un gringo canta rodeado en llamas o desde luego en la escena que da la imagen del póster de la película (la gran transformación de Cleo); tan secos como cuando Cleo sufre el rechazo de un hombre por completo formado en la estupidez machista o cuando se encuentra en el hospital… y otros tantos que se ven, se sufren y se presentan con toda la magnitud de una cinta que es, sin dudas… la obra maestra de Alfonso Cuarón.

Insisto, al salir de la sala no podía terminar de asimilar la enormidad de Roma. No puedo aún, no sé cuándo podré… así pasa con las obras maestras.

VER ficha técnica en IMDb.

ernesto_rizo en Instagram

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