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No te preocupes, no irá lejos, crítica

Por Ernesto Rizo

Sin duda, Gus Van Sant es uno de los cineastas norteamericanos contemporáneos más interesantes gracias a obras como My Own Private Idaho (1991), Elephant (2003) y Paranoid Park (2007), sin embargo tiene una carrera desigual en la que las malas películas también asoman. Con No te preocupes, no irá lejos, afortunadamente estamos del lado de las buenas cintas.

Esta película cuenta la historia de John Callahan (Joaquin Phoenix), un ácido caricaturista con una discapacidad motriz provocada por un accidente vial, ocasionado por una noche de borrachera, que tiene que lidiar y luchar contra sus propios demonios, nacidos de un interior conflictivo en el que el alcoholismo y el rencor por su incapacidad marcan la vida del personaje, rodeado de otros personajes que lo ayudan a ser una “mejor persona” a pesar de su resistencia inicial hacia la amistad o el amor.

La película de Van Sant está montada de forma caprichosa en sus saltos hacia situaciones pasadas y presentes, como si fuera una especie de recopilatorio de memorias del personaje a través del cual gira la narrativa, y frente a cuya visión se van asomando los personajes de una vida ordinaria y extraordinaria a la vez. Ordinaria porque, tal como se plantea en el grupo de alcohólicos anónimos en el que Donny (Jonah Hill) expresa su apostolado de fe, todos tenemos problemas y tratamos de justificarlos de una vez, pero todos son igual de profundos al final de cuentas; pero extraordinaria porque a pesar de su discapacidad motriz, Callahan logró convertirse en un referente de la caricatura satírica de los últimos años. Dicho montaje caprichoso es bien redondeado gracias a la fotografía de tonos matinales o soñolientos, ya acostumbrada por Van Sant en otras de sus películas.

Completan el excelente reparto de la cinta una tierna Rooney Mara y un siempre efectivo Jack Black, además de otros secundarios que se muestran como personajes complejos casi al igual que el interpretado por Phoenix, lo que sin duda enriquece la trama de una película sencilla en apariencia pero profunda en sus temas y cuyo abanico de personajes hace que se vayan desentrañando los subtemas de rica forma.

La máxima virtud de la cinta es permitir una reflexión sobre la importancia de la incorrección política, a través del humor, como potenciador de una actividad reflexiva sobre los “temas delicados”, en un tiempo en el que ello es castigado severamente en los medios masivos de comunicación, principalmente en las redes sociales. Es importante que la cinta reivindique la importancia de la libertad de expresión del artista, porque ello supone un mundo liberal en el que las ideas pueden expresarse para que las personas reflexionen y se eviten los discursos hegemónicos y totalitarios, pues no existe una única verdad.

No cabe duda que el humor puede herir susceptibilidades pero también mostrar aspectos que, en un discurso hegemónico, se encuentran ocultos. El humor negro muestra mientras la corrección política castiga… ello es indispensable para el progreso de las sociedades y su pensamiento en libertad.

Gus Van Sant nunca ha sido un autor de temas cómodos. No lo es en su nueva cinta. Acierta de nuevo.

VER ficha técnica en IMDb.

ernesto_rizo en Instagram

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