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Pájaros de verano, crítica

Por Ernesto Rizo

Los últimos años se han creado muchas series de televisión y películas cuyo tema principal es el narcotráfico. Se ha criticado de muchos de esos productos audiovisuales que se presentan con discursos apologéticos de las figuras más emblemáticas del mundo del narco o que tienden a idealizar las vidas de aquellos personajes: su poder, su dinero y su derroche de abundancia, o la vida de riesgo y de múltiples momentos de éxtasis que tenían. En Pájaros de verano, afortunadamente, tenemos una película cuyo discurso se aleja de dicha convención y que además no idealiza la vida ni de los narcotraficantes ni de las supuestas víctimas.

Somos doblemente afortunados porque además no posee un discurso ambiguo sino uno muy frontal: el choque de dos mundos, de una forma de vida ancestral con una nueva forma de vida capitalista, criminal y de ruptura de un mundo espiritual, tal como lo había hecho Ciro Guerra en su película anterior, la estupenda El abrazo de la serpiente (2005), ayudado de su confiable colega Cristina Gallego.

La cinta posee valores de producción enormes que, desde ya, la sitúan, junto con El abrazo… como una de las mejores producciones de Colombia y del cine latinoamericano de los últimos años. Y además de eso, también es una gran película porque colabora a la reconstrucción histórica tan dolorosa de aquel país y del mundo.

Los pájaros del título son las metáforas de la película de aquellos seres místicos que traen mensajes funestos sobre el cambio, en un mundo de clanes en la tierra de la Guajira colombiana de los años 60’s – 80’s, el inminente y funesto cambio tras el nacimiento del narcotráfico en sus primeras formas.

Gracias a la demanda de los norteamericanos, Rapayet (José Acosta) y su mejor amigo Moisés (Jhon Narváez) se aventuran al negocio de distribución de mariguana, o marimba, como también le llaman, junto con sus primos. Rapayet además pretende casarse con Zaida (Natalia Reyes) hija de un clan de wayúus cuya matriarca Úrsula (Carmiña Martínez, estupenda) es una mujer poderosa que además interpreta la vida a través de sueños y rituales místicos. La historia es la unión de estas dos familias en una fusión con el negocio del narcotráfico y de las disputas que surgen tras una primera afrenta a una de las dos, que se cobra con una venganza y luego otra, y luego otra…

La curva narrativa es tan shakespereana (dos familias confrontadas como en Romeo y Julieta y los malos augurios en forma de sueño de Hamlet), como estupenda en su acercamiento a las épicas del cine de gánsters de Scorsese o Brian de Palma, y coquetea con el misticismo de películas sobre pueblos ancestrales y con la parquedad del western.

Toda la película está rodeada del misticismo, ya característico, de Ciro Guerra, desde sus diálogos en dialectos originales de aquellos clanes, hasta los sueños, las supersticiones y las costumbres y tradiciones de los pueblos wayúus. Las tomas y escenas son secas, como la violencia de la historia, pero también místicas y hasta poéticas.

La narrativa es una épica en cuatro cantos que titulan muy bien el sentido de lo que cuentan, desde la raíz del narco, la bonanza y la guerra, hasta el último, que es, como su nombre lo indica (Limbo), es más avasallador, pues arroja como conclusión que después de la guerra entre familias, o entre carteles como se conocen actualmente, viene un periodo inacabable de venganzas, una tras otra, y que el narcotráfico fue como una plaga de langostas anunciada por los pájaros del verano que creció como mala hierba, inundó aquellas regiones sagradas y se extendió luego por todo el mundo… En un choque violentísimo que hasta nuestros días hace correr sangre en ríos interminables. Y en ese sentido, los directores son muy puntuales, ni idealistas ni apologistas, ni condenatorios de sus personajes, a quienes sitúan como resultados de las circunstancias, pero sí buscan la manifestación poderosa de una metáfora a través del misticismo de sus imágenes.

Pájaros de verano es una cinta sobre el poder y la violencia, mística y poética en sus imágenes, repleta de sonidos hipnóticos, que contiene actuaciones muy sólidas, que se aleja de las convenciones del entretenimiento sobre el narco, inclinándose por un sentido más elegante en sus escenas (abundan aquellas en que el corte no muestra la violencia y deja que la elipsis haga su trabajo), tan redonda y bien lograda, como sórdida y desesperanzadora en su discurso que, sin duda, merece ser vista y comentada.

VER ficha técnica en IMDb.

ernesto_rizo en Instagram

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