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El infiltrado del Kkklan, crítica

El racismo sigue siendo un tema de nuestros tiempos, a pesar de las múltiples luchas sociales que se han gestado en su contra. Es un tema recurrente en Spike Lee, quien ha llegado incluso a extremos en los que ha sido más importante su activismo que su actividad creadora. En El infiltrado del Kkklan, muy afortunada y atinadamente, el director logra que su activismo y su lucha política constante formen un híbrido muy bien logrado con los valores cinematográficos; tan oportuno como indeseados son todos los discursos de odio que, cuando la humanidad cree haber olvidado, regresan, aun con más fuerza.

La cinta presenta la historia del primer agente afroamericano de Colorado Springs infiltrado que gestó una investigación en la “organización” blanca, racista, ultraderechista, esa secta llamada el Ku Klux Klan en los años setentas. Ron Stallworth (magnífico John David Washington) es una doble personalidad entre el afroamericano y el sujeto blanco y judío (siempre confiable Adam Driver) que debe hacer la infiltración en el clan y lograr desmantelar un atentado terrorista en contra de estudiantes afroamericanos activistas.

Lo absurdo de la historia permite que Spike Lee se suelte y genere líneas increíbles de humor negro punzante y corrosivo, mientras su discurso político llega a momentos muy propositivos al hacer patente la actualidad de la historia mediante frases del mismo Trump “infiltradas” en el guión. Y aunque el discurso político está presente en toda la película, e incluso en ocasiones se siente como si fuera a opacar la historia, eso no sucede y a la par tenemos una excelente narración que tiene momentos conmovedores, por una parte, como en la escena del baile afroamericano en los primeros minutos que deja ver un sentimiento de orgullo y unidad en la comunidad que lucha; y tensos, por otra parte, como en el punto climático que juega con un mal acomodo de las circunstancias de los personajes.

Lo más interesante de El infiltrado del Kkklan es que logra generar un discurso político poderoso y contemporáneo sin recurrir a la manipulación sentimental del espectador, si no a través del humor. Un humor negro que deja ver claramente lo absurdo de los discursos de odio que han dividido a la nación norteamericana, y al mundo entero, durante siglos. La escena en la que las personas del KKKlan miran El nacimiento de una nación (1915) de D. W. Griffith es además una reafirmación de la postura de Lee ante el racismo, que desde luego ha denunciado, en Hollywood.

La película se desarrolla con un excelente dinamismo, gracias a una edición precisa con el ritmo de doble juego que se va desenvolviendo en dos bandos claramente divididos. Y es acompañada de una selección musical, afroamericana desde luego, excelente.

Esas tomas cuasi-documentales también “infiltradas” hacia el final de la cinta permiten una reflexión sobre qué estamos haciendo hoy en día en verdadero combate en contra del racismo, pero también se asoma aquella sobre la condena a todo lo políticamente incorrecto, por eso lo ácido del guión no solo está justificado sino que es plausible y hasta deseable en más cintas.

Las películas con temas raciales son ya casi un género particular. Cada año las tenemos. El infiltrado del Kkklan, dentro de este subgénero, fue sin duda la mejor apuesta del año pasado.

VER ficha técnica en IMDb.

ernesto_rizo en Instagram

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