lafavorita_cinevive

La favorita, crítica

Sin lugar a dudas, Yorgos Lanthimos es uno de los cineastas contemporáneos más interesantes de los últimos años. Tan interesante como intrigante. Sus películas pasadas inmediatas, La Langosta (2015) y El sacrificio del siervo sagrado (2017) lo encumbraron y pusieron en la lupa del mundo. Ahora presenta La favorita y, desde luego, es una cinta estupenda, además de diferente al resto de su filmografía.

Si bien es cierto, como dicen algunos, esta película es más accesible que las anteriores del director, tanto así que sus varias nominaciones al Óscar lo confirman, también es cierto que para nada es una cinta cómoda, o estructurada según los cánones de la Academia. Tampoco es una cinta que se procese se forma sencilla.

Lanthimos va atrás algunos siglos y se ancla en el subgénero del cine de cortesanos, que ha dado algunas joyas, como la clara referente de Kubrick, Barry Lyndon (1975), de la cual recupera varios aspectos, tales como esa visión de una humanidad – deshumanizada; la grandilocuencia muchas veces absurda de la vida en la corte y sobre todo la iluminación, con luz natural en exteriores y con luz de velas en interiores. Toma algunas de las convenciones del género y las reinventa y, como suele hacer, también dinamita otras convenciones y entrega una cinta intrigante en sus formas y en su fondo.

La historia narra la dinámica de tres mujeres que sostienen una constante lucha de poder en la corte de la Inglaterra del siglo XVIII. La reina Ana (magnífica, sensible pero inquietantemente absorta en su enfermedad y engañosamente loca y malevola, Olivia Colman) es aconsejada y atendida por la frívola, cruel, pragmática y calculadora pero honesta Lady Sarah (Rachel Weisz), quien se encuentra con obstáculos para seguir siendo la favorita de la reina cuando llega a la corte la hermosa Abigail (Emma Stone), quien se muestra ingenua, carismática y bondadosa, y luego se va convirtiendo en un personaje fascinante por su mutación hacia alguien aun más cruel y voraz que Sarah.

La interacción de las tres mujeres sucede mientras el Estado libra una guerra, y las consecuencias de esta relación tripartita impacta directamente sobre el curso del estado, más allá de las decisiones racionales de los hombres, quienes son personajes secundarios en toda la cinta.

La conjunción de las tres actrices se presenta como un reparto excepcional, en un juego en que se van descubriendo mutuamente sus aspectos escondidos en las primeras escenas. Las tres son mujeres extrañas e inquietantes, de una personalidad que traspasa la pantalla e hipnotiza con sus “encantos” que son más como de hechiceras engañosas que de una naturaleza bondadosa. Conforme la cinta avanza, las ambiciones de Sarah y Abigail van desarrollando un juego de cruel manipulación del poder que sobrepasa a todos los personajes de la corte, incluso a la reina misma, pero hacia el final el sorprendente giro en que se muestra a quien verdaderamente domina y juega con los demás, como con aquellos conejitos encerrados en la alcoba de la reina es espeluznante y hermoso, tal como esa última secuencia final de disolvencias y música abrumadora.

Lanthimos y el fotógrafo Robbie Ryan entregan una estética visual espectacular, alucinante. La cámara se mantiene en grandes angulares y contrapicados y realiza movimientos veloces – feroces. Los personajes se ven pequeños ante la captación total que hace la cámara, dejando espacios inmensos en los que se puede apreciar cada detalle (de un apabullante diseño de producción) de las habitaciones de un palacio que es, a su vez, un personaje más, un monstruo más. Si la película se trata acerca de la monstruosidad humana, sin duda, la cámara se encarga de ser el vehículo que transmite esa monstruosidad. La visión es todo el tiempo enorme, tan enorme que pretende venirse encima del espectador, como ese monstruo del que hablamos, con sus colmillos afilados.

El guión, como en las anteriores películas de Lanthimos, cuenta una historia tejida con el fino hilo del humor negro y absurdo, marca del director. Y esta vez todo es sonorizado con la sobriedad de la música barroca. Pero dicha sobriedad no es una marca permanente de la película, pues no es el estilo del director; los bailes cómicos, los anacronismos y los diálogos de profundidad intrascendente hacen que la sobriedad, una convención del género, se dinamite.

La favorita es una cinta que, gracias a todos sus aspectos, de fondo y forma, se estructura como un producto audiovisual alucinante, hipnótico, elegante, muy elegante y, en fin… bello.

VER ficha técnica en IMDb.

ernesto_rizo en Instagram

Anuncios

¿Tú qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s